Ana Isabel Cordobés (Efe)

Terapia para agresores sexuales en la cárcel de Iruñea, sistema de prevención para víctimas

Josean Etxauri, sicólogo que trabaja en la intervención con agresores sexuales en la cárcel de Iruñea destaca que este proceso «va a la raíz del problema» y subraya que esta terapia logra convertirse en «un sistema preventivo para las propias víctimas».

Interior de la cárcel de Iruñea. (Iñigo URIZ | FOKU)
Interior de la cárcel de Iruñea. (Iñigo URIZ/FOKU)

La intervención con agresores sexuales que cumplen condena en el Centro Penitenciario de Iruñea «va a la raíz del problema», sostiene el sicólogo del servicio Psimae, Instituto de Psicología Jurídica y Forense, Josean Etxauri, quien subraya que la terapia orientada a agresores sexuales acaba siendo «un sistema preventivo para las propias víctimas».

La importancia de «intervenir desde la prevención» es subrayada por Etxauri en una entrevista con Efe, en la que aboga por la intervención en agresores y no solo en víctimas «porque si no se hace puede haber un alto porcentaje de reincidencia». Aunque sí hace una precisión: en el caso de violencia sexual no «no hay una tendencia a repetir con la misma víctima».

El experto explica el programa que ahora se realizará en la cárcel de Iruñea con agresores sexuales que se encuentran en prisión, y cuyo proceso será voluntario. Psimae realiza estas intervenciones psicológicas con agresores y víctimas desde 2011 en el tratamiento ambulatorio: en el caso de agresores, se realiza cuando su condena es inferior a los dos año y no hay entrada en prisión.

Lo primero que señala Etxauri es que «no existe un perfil concreto» de agresor sexual. «Ojalá pudiéramos tener un perfil muy definido, pero la realidad es que el perfil o características son variadísimas», asevera.

Desmitificar

Sin embargo, sí que desliza algunas realidades en violencia sexual y en el caso hacia menores, pedofilias y pederastias «encontramos perfiles, en contra de lo que pudiéramos imaginar, con estatus socioeconómico alto, con muchas oportunidades en la vida, muchos casados, con familia, hijos y buenos trabajos».

Además, señala que en el caso de violencia sexual hacia la infancia «el 80% de las agresiones corresponden al entorno más cercano» y señala a padres, hermanos, abuelos o vecinos, «con lo cual paradójicamente podríamos concluir que un menor está más en riesgo en casa que fuera, pero en el imaginario tenemos más miedo al desconocido».

Una realidad que se extiende en el caso de violencia sexual hacia mujeres adultas: «El agresor asaltante es relativamente raro, siempre se dan en entornos de confianza» y abunda en que «es muy raro encontrar y que vayas por la calle y alguien te asalte con carácter sexual», siendo más habitual en este caso que se produzca un robo.

Sin embargo, en el imaginario popular «sí está ese miedo que nos han transmitido, pero los datos dicen que los delitos sexuales se hacen en otros ámbitos». Pide desmitificar el perfil porque «debemos poner atención en que no estamos libres, aunque no debe significar que debamos desconfiar hasta de nuestra familia».

También pide desmitificar a la hora de «poner en ciertas clases sociales la violencia sexual o violencia de género cuando los datos dicen que el perfil agresor es mucho más amplio».

Al no haber un perfil único, la intervención que se realizará en el centro penitenciario de Iruñea también atenderá a la realidad de cada agresor.

«Es una intervención propia, ya que cuando hablamos de violencia sexual el abanico es muy amplio con delitos leves como los de tocamientos o exhibicionismo a delitos muchísimo más graves como serían las violaciones grupales».

Por ello, explica que la intervención «dependerá mucho de la tipología del delito, así como del tipo de agresor». En unos casos, señala, se centrarán más en ideas e ideologías, en otras en conductas, temas emocionales, cognitivos como podrían ser la distorsiones cognitivas, «la implicación del impulso, o las conductas». Sin embargo, recalca que «dependiendo de cada persona se va a intervenir de una manera».

Pornografía

Etxauri alerta de una realidad creciente sobre los jóvenes «entre los que el gran educador sexual está siendo internet y la pornografía». «Tenemos chicos y chicas con 9 o 10 años cuyo regalo estrella es el móvil o la tablet y con esto tienen acceso a dos clics a toda la pornografía que desee».

Añade que se encuentra «pornografía extremadamente violenta y denigrante hacia la mujer», y asevera que «hay auténticas barbaridades que se ven y se normalizan: lo toman como modelos».

Este referente en educación sexual genera que «los chicos creen que eso es lo que les gusta a las chicas y en el caso de las chicas es ese tipo de sexo el que le gusta a los chicos».

«No hay madurez para entender estos aspectos de la sexualidad cuando tienes 10 u 11 años» y eso lleva a situaciones de necesitar cada vez más. «Cada vez necesitan más estímulos y más intensos para excitarse» y de ahí, advierte, «te encuentras pequeñas manadas de jóvenes que abusan de sus compañeras, con conductas de riesgo porque necesitan excitación y, como no tienen edad madurativa para comprenderlo, encontramos mucha violencia».

Por último, señala que tras una década de intervención ambulatoria «el éxito del programa es que no haya reincidencia». Señala como ejemplo el trabajo con pedófilos, en el que «si el impulso sexual o desviado queda solo en el imaginario pero no lo lleva a práctica, ni tan mal».

Asimismo, comenta que en violencia sexual se da la tasa de reincidencia más baja. Mientras que en otros delitos comunes esta tasa de reincidencia se sitúa entre el 40% y el 60% dependiendo del delito, en el caso de violencia sexual, la cifra se queda en el 15% o 20%.

Además, diversos estudios realizados con personas que han participado en intervención, señalan que ese porcentaje «puede reducirse a la mitad».

«Es muy interesante conocer los casos estrella cuando hay reincidencia y se pone en cuestión todo el sistema, pero no se habla tanto de que nueve de cada diez agresores no reinciden», añade. «Ojalá tuviéramos ese dato en el resto de delitos».