Hace tres años, la documentalista Alba Satorra Clua estrenó ‘Comandante Arian’, un documental en el que abordó la historia de Arian y Bohar, dos mujeres sirias de 30 años que han pasado, literalmente, la mitad de su vida en una guerra que parece inacabable.
Ambas ejercen de comandante en las Unidades de Protección de las Mujeres, también conocidas por sus siglas en kurdo YPJ, uno de los ejércitos más activos en la lucha contra Estado Islámico.
Tras este documental que se desarrolló entre el año 2015 y 2017 en la región de Rojava, al norte de Siria, Sotorra ha fijado de nuevo su interés en el conflicto en Siria, a sus consecuencias y su gente, sobre todo a las mujeres.
Fruto de todo ello ha sido su nuevo largometraje documental, ‘The Return, life after Isis’. Para llevarlo a cabo se desplazó a Roj Camp, uno de los seis campos en el noreste de Siria que aloja 1.775 personas de 52 países, familias extranjeras que se unieron a Estado Islámico. Entre estas familias se encuentran más de 400 mujeres occidentales con sus hijos.
Algo difícil de comprender
Según explica la propia cineasta, «la idea de mujeres occidentales uniéndose al ISIS me parece inquietante y muy difícil de entender. ¿Cómo puede una mujer criada en Europa decidir unirse a un grupo que la reduce a convertirse en propiedad de un hombre? ¿Qué puede empujar a dejar atrás su vida para aventurarse en un camino –quizá sin retorno… hacia un territorio en guerra? ¿Qué pasa por su mente cuando se ofrece como esposa a un combatiente que participa en lapidaciones de mujeres y que viola niñas? ¿Cómo se puede casar con alguien que defiende el asesinato de homosexuales, infieles, adúlteros, etc. decapitando, crucificando o quemando vivo a quien piense de manera diferente?».
En relación a cómo inició esta odisea, Sotorra revela que «en octubre de 2017 tuve la oportunidad de visitar un campo en Mosul y pude hablar con algunas viudas y madres de combatientes de Estado Islámico. Sus historias me conmovieron, pero a la vez me horrorizaron. ¿Cómo podían haber visto aquellas barbaridades y no haber escapado? ¿Cómo podían algunas de ellas justificar algunos de los actos que presenciaron?. Algunas de ellas decían: ‘Si una mujer hacía lo que tenía que hacer, era respetada’. Y otras afirmaban: ‘Solo castigaban a aquellas que no obedecían la ley’. Hice una investigación más profunda, recogiendo varias entrevistas realizadas a mujeres de diferentes orígenes y antecedentes».
También añade sus impresiones en torno a la propia violencia que padecían estas mujeres: «Me di cuenta de que todas eran víctimas de una violencia sicológica y física terrible que las aturdía y las eclipsaba, y aún lo hace. Las han atemorizado y convencido de que el deber de las mujeres es obedecer a los hombres y los postulados de una forma de islam retrógrada, violenta y totalitaria. Las amenazaban diciendo que les sacarían sus hijos si mostraban actitudes rebeldes o críticas. Ahora, un sentimiento profundo de culpa las atormenta».
En su investigación también detectó mucho odio: «Muchas de estas mujeres, una vez se sentían en un entorno de confianza, confesaban que habían sido víctimas de la violencia occidental que bombardeó sus casas destruyéndolo todo. Algunas, aparte de sus maridos, perdieron a sus hijos y amigos en aquellos bombardeos. ‘Eran aviones europeos’, decían. Estas mujeres habían sido víctimas de una doble injusticia: primero el ISIS les retiró sus derechos, las sometió y las convenció de obedecer. Entonces, la coalición internacional ha bombardeado sus casas y las ha convencido de que son criminales. Todas ellas tomaron una decisión equivocada y lo están pagando caro. El objetivo de este documental es preguntarnos como individuos y como sociedad si somos capaces de darles una segunda oportunidad».
Doble desarraigo
‘The return. Life after Isis’ toma como referencia a Sevinaz, una mujer siria de 27 años que da un taller de escritura creativa a mujeres del ISIS en un campo de detención, con la esperanza de que confrontarlas con sus decisiones de vida traumáticas propicie un cambio en ellas. Pero Sevinaz ha perdido a mucha gente querida en la guerra y tiene miedo de ser rechazada por los supervivientes por sororizar con el enemigo.
Sotorra incluye fragmentos de vídeos del ISIS y revela los mecanismos de captación del mismo. Incluso añade una escena de subasta de esclavas sexuales.
En su conjunto, refleja un doble desarraigo. Primero, el que empujó a esas mujeres a abandonar sus países tras aceptar casarse vía internet con un hombre que combate en Siria y al que nunca han visto en persona.
El segundo desarraigo proviene del limbo legal derivado de su estatus de refugiadas tras la caída del Califato, con la suerte de estar en una zona bajo control kurdo pero también sin ser reconocidas como ciudadanas de sus antiguos países.

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