Cúmulo de sensaciones entre la parroquia rojilla en su regreso al templo de El Sadar
Nervios, ansiedad, expectación... Todo un cúmulo de sensaciones que se palparon entre los casi 8.000 privilegiados que pudieron volver a ocupar las gradas de un remodelado Sadar, nada menos después de 17 meses de no hacerlo.

Casi año y medio es demasiado tiempo como para que los correligionarios rojillos no puedan acudir a su templo, acostumbrados como estaban a hacerlo al menos una vez cada dos semanas. Volver a notar la adrenalina deportiva en sus venas ha sido una necesidad imperiosa que ayer dejaron correr en el remodelado Sadar.
Y es que al deseo de ver in situ a su equipo se sumó el aliciente añadido de disfrutar de las nuevas comodidades que ofrece el estadio iruindarra, con un cambio de cara profundo que vaticina tardes de gloria y felicidad en el escenario osasunista.
Aunque sin poder paladear el sabor final de la victoria, los 7.700 socios agraciados con la posibilidad de ocupar sus asientos ya se llevaron para casa una primera experiencia gratificante y la impresión de que esta se puede ver notablemente multiplicada cuando el campo se llene en su totalidad.
Incluso la climatología veraniega se alió para que la extraordinaria vivencia fuese todavía más completa, con la masa rojilla ocupando tiempo antes del inicio del encuentro los aledaños del recinto, mucha de ella aprovechando la tregua nocturna para refrescarse y alimentarse antes de animar a los suyos.
Mientras tanto, la renovada megafonía de El Sadar dejaba patente su atronadora acústica, mejorando todavía más la siempre magnífica selección musical con la que nos obsequia el speaker Eduardo Díaz Lasa en cada prolegómeno de partido.
Poco a poco, la menor marabunta osasunista fue franqueando las puertas del estadio, con un común denominador en todos los aficionados: la manifiesta cara de felicidad en cada uno de ellos por volver a encontrarse en su hábitat natural.
Ubicar su localidad o compartir con los más allegados las mejoras realizadas en el recinto rojillo ocuparon su tiempo hasta que el equipo saltó a calentar, momento que fue acompañado con un estruendoso griterío que hizo retumbar por primera vez los nuevos cimientos de la infraestructura deportiva.
Quizás por la añoranza de volver a vivirlo, quizás por la nueva sonoridad de El Sadar, lo cierto es que el recibimiento no retumbó como el de un solo tercio de hinchas, la sensación fue bastante más estrepitosa, de ahí que el comentario generalizado fuese el de «imagínate cómo será cuando el estadio esté lleno».
Y los decibelios aún se pusieron más por las nubes cuando el once rojillo saltó al césped, envuelto en un inédito juego de luces que hizo las delicias y tocó la fibra de los presentes. Ahora ya solo falta que puedan volver a revivir una victoria en propia casa.

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