
Se dice de los navarros que son cabezones. Quizá de ahí viene el fervor por los cabezudos. Hace falta ser cabezón para aguantar nueve días de fiesta. Hace falta ser gigante, kiliki o cabezudo para aguantar nueve días en las calles iruindarras.
La locura del 6 y 7 de julio, los miles de personas que toman Iruñea durante los primeros días o el fin de semana, se va disipando a partir de la segunda semana. Esa es la sensación en la capital navarra desde el lunes. Sin embargo, hay un evento que sigue aglomerando a las masas. La comparsa de gigantes, kilikis y cabezudos.
Bajo el sol y los 35 grados que golpean Iruñea estos días, cientos de txikis corren delante de Caravinagre o de Patata. Otros, más temerosos, se acercan a dar la mano a los japoneses, el alcalde o el concejal. Y, los más precavidos, se limitan a disfrutar de los gigantes a hombros de ama o aita. Perdón, a hombros de amatxi o aitatxi, que aita y ama se han tomado fiesta mientras Joshepamunda, Braulia y compañía siguen dando el callo.
Esos verdaderos héroes de la fiesta navarra se pasean impolutos, a pesar del paso de los días, no como el resto de iruindarras, cuya ropa y rostro muestra el duro avance del calendario. Pero para estar en perfectas condiciones, uno debe prepararse. Y en la galería que encontramos sobre estas líneas podemos ver a alguno de ellos entre bambalinas.

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