
Emulando a José Mujica, el actual intendente de Canelones (sur de Uruguay), Yamandú Orsi, publicó una foto en su cuenta de Facebook saliendo de un Fiat 600 color marfil y saludando a los vecinos de un barrio uruguayo. La imagen recorrió las redes sociales y ya es identificado como un sucesor del expresidente, con quien saldrá de gira por varios países de Latinoamérica con la idea de articular un «nuevo ciclo progresista» y reunirse con los presidentes de Chile y Colombia, Gabriel Boric y Gustavo Petro, y con el candidato y favorito en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Docente de formación y dedicado a la política por «la posibilidad de transformar la realidad», el político concede una entrevista a la agencia Efe en un tranquilo bar de La Paz, uno de esos rincones «de gallegos» típicos en Uruguay, en el que conviven platos del día con masitas (pasteles), y el tiempo parece detenerse entre sus vidrios, una bandera del país, fotos de Galiza y hasta un reloj del Deportivo de La Coruña.

En ese punto limítrofe entre su departamento (provincia) y el de Montevideo, Orsi observa con «cautela» una reciente encuesta que lo sitúa, entre un mar de indecisos (un 30%), como «el próximo presidente» de Uruguay, con un 18% de apoyo, 8 puntos más que el actual secretario de Presidencia, el centroderechista Álvaro Delgado, y 9 sobre la intendenta de Montevideo, la izquierdista Carolina Cosse. Confiesa que «a veces imagina» ser el político que devuelva a la izquierda a la Presidencia del país, lo que consideraría «un orgullo».
Pero Orsi aún no ha oficializado su candidatura a las elecciones de 2024, aunque a nadie escapa que es uno de los nombres más destacados dentro del Frente Amplio (FA), coalición de izquierda que gobernó el país entre 2005 y 2020, con dos mandatos de Tabaré Vázquez y uno de Mujica, precisamente el hombre que lo tiene como ahijado político.
La mención de Pepe
Pese a su retirada del Senado en 2020, al tiempo que su oponente político y también expresidente Julio María Sanguinetti, Mujica sigue muy presente en la vida política del FA, hoy principal fuerza de oposición nacional, y ha llegado a bendecir públicamente a Orsi como su candidato para las elecciones de 2024.
«A Orsi lo conozco desde que era un pibe. Estuve en el primer casamiento de él, lo conozco de hace años y le tengo mucha confianza», señalaba ya en el año 2018. Ya en 2022, el exmandatario afirmaba, respecto a la posibilidad de Cosse a una eventual candidatura, que «los dos son buenos candidatos, pero yo lo veo a Yamandú en ese sentido».
Con un perfil más duro que el de Orsi, Cosse pertenece al Partido Comunista y, desde el mujiquismo, temen que estar al frente de la capital del país le da una visibilidad mayor que la que tiene Orsi hoy.
En una entrevista concedida a la agencia UYPRESS, Orsi remarcó que se considera «de izquierda, pero con un fuerte contenido nacionalista, por mi origen, pero también incorporé de un tiempo a esta parte algunos temas de agenda que no estaban, como los ambientales». Además, el intentedete procura presentar un perfil más conciliador, que pueda seducir incluso a los votantes más moderados del Frente Amplio.
Respecto a las palabras de Mujica, Orsi las toma «como un privilegio, como un orgullo que alguien como Pepe me identifique, no más que eso ni menos que eso, por favor; es un honor», aunque reconoce que eso no asegura un triunfo, pues «la ciudadanía piensa con cabeza propia y decide en base a convicción».
El político, que pertenece al mismo sector que Mujica, el Movimiento de Participación Popular (MPP), el más votado dentro del FA, valora como «única» la figura del exguerrillero que llegó a presidir Uruguay entre 2010 y 2015. «Alguien que haya trascendido fronteras (desde Uruguay) como Pepe no conozco. Tiene que ver con algunas posturas y con una actitud ante la vida que lo ubica en un lugar muy diferente a la clase política normal», explica.
Orsi afronta su segundo mandato en Canelones, segundo departamento más poblado de Uruguay, por detrás de Montevideo (1,3 millones), con casi 600.000 habitantes, de los 3,3 millones del país, una región de alta producción agrícola y que en los últimos tiempos recibió fuertes inversiones de empresas tecnológicas y farmacéuticas, entre otras.
En su opinión, un aspecto relevante de Mujica es que «fue el que más entendió el rol de lo productivo y del interior del país y permitió conectar al Frente Amplio urbano, capitalino, con ese Uruguay profundo», algo en lo que, opinó, deberá abundar la formación para captar votos perdidos en 2019, cuando el centroderechista Luis Lacalle Pou se impuso a Daniel Martínez.
«Cuando un partido, fundamentalmente desde la gestión, se instala en una especie de entelequia decisoria y pierde contacto con la realidad, le pasa lo que nos pasó», comenta sobre la derrota tras 15 años de gobierno. Hace un año, Orsi ya señalaba a Efe que al FA le hacía falta una lavada de cara para «despabilarse» y así, de a poco, «ir lamiéndose las heridas en la derrota». «Me considero un referente de la nueva generación, no porque sea joven, estoy arriba de los 50, pero soy uno de los referentes que estamos llamados a asumir responsabilidades a futuro, que veremos cuáles son», dice.
La gestión de Lacalle Pou
Sobre el actual gobierno de coalición liderado por Lacalle Pou, opina que «hay una excesiva centralidad en la figura del presidente» y que eso lleva a que «se desdibuja el resto». «Creo que hay una dosis muy vertical de ordeno y mando y eso es un análisis que hago hacia la interna del gobierno y a los partidos del gobierno», señala Orsi, quien defiende que la gestión de la pandemia no la llevó «tan mal». Sin embargo, critica la política económica y social y los pasos dados en relaciones internacionales por el Ejecutivo.
Respecto a la primera, asevera que «hay una especie de obsesión por el achicamiento o el retroceso (del Estado)» y, sobre el segundo aspecto, ve que «los mensajes para la política exterior están demasiado condicionados por claves de la política interior».
En concreto, la intención del Ejecutivo de flexibilizar las reglas del Mercado Común del Sur (Mercosur) e, incluso, negociar acuerdos fuera del bloque es un «acto de poca humildad», según Orsi.
¿Sueño o realidad?
Además de valorar como «positivo» que Lacalle le considerase meses atrás un «contendiente», Orsi confiesa que «no ha soñado» con llevar la banda presidencial, aunque «a veces» lo ha imaginado. «Desde la responsabilidad en un colectivo como mi partido, ahí sí me lo he imaginado. Lo que implicaría. Y como tengo mucha vocación de equipo, esa es una marca mía, no esa imagen de la banda y lo simbólico, sí desde asumir nuevas responsabilidades e ir por más», reconoce.
Amante de la lectura y el cine y de jugar con sus mellizos cuando tiene tiempo libre, Orsi confiesa la herencia de Mujica en su «vocación» por el diálogo con rivales políticos, aunque establece líneas rojas como «los derechos humanos o el estado benefactor».
Y, al ser consultado sobre si querría ser el político que devuelva la izquierda al poder en Uruguay, sostiene: «Si alguien te dice que no y es político de izquierda, desconfía. Sí, claro, es divino (...) Sería un orgullo, un honor».

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