La paciente mujer apache
En el anterior artículo sobre el homenaje que la Academia de Hollywood iba a brindar a la actriz apache Sacheen Littlefeather, señalé que llegaba demasiado tarde, no porque supiera el desenlace de esta triste historia, sino porque no se puede pretender consolar a nadie con un acto de desagravio que acumula un retraso imperdonable de cinco décadas. Cincuenta años que hay que sumar a los tantos y tantos en que las naciones nativas fueron masacradas y desposeídas de sus tierras.
Visto con la perspectiva del tiempo, es como pensar que su acto público de 1973 en la Ceremonia de los Óscar no sirvió para nada. Fueron sesenta segundos en los que apenas pudo transmitir el mensaje de su pueblo, y las represalias fueron para ella y su trauncada carrera, y no para Marlon Brando, que se mantuvo intocable dentro del llamado star-system.
En lugar de lamentos inútiles, Sacheen prefirió pronunciarse con lasabiduría indígena que la acompañó siempre, y dijo que la paciencia la había mantenido viva. Acudió al evento en silla de ruedas, sintiendo que ya podía irse en paz de este mundo. Ya estaba preparada para el gran viaje, por lo que dedicó sus últimas días a despojarse de todas sus cosas, siguiendo la vieja tradición apache. Hizo el correspondiente reparto, a alguien le dio su coche, y así con todo. Espero que su recordado traje de piel ritual y los mocasines estén donde se merecen estar.

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