Arnaitz Gorriti

La sombra de Magnus Carlsen, o ¿por qué hay tan pocas tablas en el Mundial de Ajedrez?

Finalizada la primera mitad del Campeonato del Mundo, Ian Nepomniachtchi aventaja por 4-3 al chino Ding Liren, que seguirá rumiando su derrota de la séptima partida con las piezas negras al quedarse sin tiempo cuando tenía posición de ventaja. No se daban cinco victorias en siete duelos desde 1958.

Magnus Carlsen no anda por Astaná, pero su espíritu sobrevuela el Mundial de Ajedrez.
Magnus Carlsen no anda por Astaná, pero su espíritu sobrevuela el Mundial de Ajedrez. (Juan Pablo RICO | AFP PHOTO)

Magnus Carlsen es el gran ausente del Mundial de Ajedrez en Astaná. Ya ha quedado escrito hasta la saciedad que el genio noruego, campeón mundial desde 2013 y número uno del rankig de la Federación Internacional de Ajedrez, FIDE, renunció el verano pasado a defender su corona luego de que Ian Nepomniachtchi ganara el Torneo de Candidatos que se disputó en Madrid.

Carlsen considera que ya demostró su superioridad sobre Nepomniachtchi al pulverizar la resistencia del ajedrecista ruso en Dubái en 2021 –se impuso por un marcador de 7,5 a 3,5, sin ceder una sola partida– y dijo que solo defendería su título en caso de que el joven prodigio franco-iraní Allireza Firouzja se llevara el Candidatos. Pero Firouzja falló estrepitosamente, metiéndose además en un bache de resultados y juego del que aún no ha salido, ni los intentos de la FIDE de proponer cambios en el formato competitivo del Mundial disuadieron a Carlsen, cuyo pánico a perder es, con el paso de los años, cada vez más intenso, al punto de volverse un ser cada vez más caprichoso, con el ejemplo más exagerado al acusar sin pruebas al estadounidense Hans Niemann de hacer trampas después de que el joven Gran Maestro derrotase con las piezas negras a Carlsen en la Copa Sinquefield el pasado mes de septiembre.

Asimismo, la ausencia del campeón noruego le ha dado una inesperada vida al Mundial de Ajedrez de Astaná. Cuando se esperaba un duelo «descafeinado» entre jugadores brillantes, pero que no eran «verdaderos campeones» a juicio de no pocos aficionados que sostienen, y no sin argumentos, que Magnus Carlsen es, junto con Bobby Fischer, Gary Kasparov y alguno más –sea Capablanca, sea Mikhail Tal...– uno de los cuatro o cinco mejores ajedrecistas de la Historia; cuando se esperaba un «mundial descafeinado», lo cierto es que la combatividad de Ian Nepomniachtchi y Ding Liren le está dando mucha vida a un evento que, llegado a su ecuador, tiene al ruso en cabeza por 4-3, luego de una última derrota del ajedrecista chino que todavía trae cola por cómo se produjo.

«Lo cierto es que puede ser que nuestra preparación no sea tan refinada como la de Magnus –Carlsen–», relató un abatido Ding Liren pocos minutos después de caer de forma dolorosa ante Nepo. El ajedrecista chino se aventuró con una «Defensa Francesa», una opción que no se estilaba en un Campeonato del Mundo desde el primer duelo entre Karpov y Victor Korchnoi, allá por 1978. Ding Liren ha sorprendido a propios y extraños al incluir al ajedrecista balear Paco Vallejo como una de sus principales influencias, y es precisamente una variante muy concreta utilizada por el propio Vallejo en la Defensa Francesa la que utilizó Ding Liren frente a su oponente.

Y la verdad es que llevó ventaja según los módulos artificiales que valoran las posiciones del tablero al momento, una ventaja que, de haber podido salvar el control de la jugada 40, posiblemente le hubiera dado la victoria al jugador asiático, pese a no disponer de la iniciativa de las piezas blancas. Nepomniachtchi no eludió el riesgo y jugó a ganar, pero después de 26 movimientos su situación estaba claramente en desventaja respecto del ajedrecista chino.

Sin embargo, Ding Liren descuidó por completo su control del tiempo y esa fue su cruz. Tanto es así, que se encontró con 45 segundos en su reloj para realizar ocho movimientos antes de llegar al control. Esas urgencias le jugaron una mala pasada al jugador de Wenzhou que con un par de movimientos que quisieran amenazar mate por la vía rápida, terminó por condenarse a sí mismo, al punto de que, después de que el propio Ding Liren realizara su jugada número 36, con menos de 25 segundos en su reloj, recidió abandonar antes incluso de esperar la respuesta de su contrincante. Nepomniachtchi y el propio Ding analizaron sobre el tablero, sin mover las piezas, una serie de variantes, para después acabar firmando la derrota del jugador chino que tiene hasta este jueves para reponerse de este golpe y reaccionar, ya que a este Campeonato del Mundo le restan todavía siete partidas y, visto lo visto, no hay nada decidido.

Jugando siempre a ganar

Para encontrarnos con un Campeonato del Mundo en el que, después de siete partidas, haya cinco resultados con victoria para un lado u otro hay que acudir a 1958, el tercer duelo consecutivo que disputaron Mikhail Botvinnik y el entonces campeón Vasily Smyslov.

Botvinnik, destronado por Smylov en 1957, apabulló a su adversario en el primer tramo del campeonato, sumando un total de cuatro victorias, dos empates y solo una derrota en aquellos siete primeros lances: 5-2. En los siguientes 16 duelos la reacción de Smyslov no fue suficiente para retener su título.

¿Por qué hay, pues, tan pocas tablas entre Ian Nepomniachtchi y Ding Liren? El ajedrecista chino apuntaba a, por un lado, la mencionada preparación exageradamente minuciosa de un Magnus Carlsen por su pánico a la derrota, al punto de que cuando perdió una (1) partida en su duelo frente al ruso Serguéi Kariakin en 2016, Carlsen y sus equipo de analistas no encontraron otro método para evitar el colapso total que emborracharse juntos. Lo cual debió ser mano de santo, ya que dos partidas después el noruego volvía a establecer una igualada que no se rompería sino en un desempate de partidas semirrápidas que se llevaría Carlsen.

El campeonato frente al italo-estadounidense Fabiano Caruana en 2018 fue aún más agobiante para los espectadores de nivel medio, aburridos y asfixiados con el nivel de minuciosidad de una serie de partidas lentas que no trajeron sino tablas y más tablas, hasta que el desempate volvió a favorecer a Carlsen.

Los dos contendientes de este duelo de Astaná han cometido errores que les han costado derrotas, siempre tomando en cuenta el tremendo nivel de los dos participantes y que para aprovechar esos errores hay que hilar a un nivel extremadamente fino y alto. Asimismo, según el propio Ding Liren, y haber escogido la Defensa Francesa por primera vez desde 1978 en un Mundial así lo atestigua, tanto él como Nepomniachtchi huyen «de la réplica de las partidas más analizadas». En ese sentido, que el húngaro nacionalizado rumano Richard Rapport forme parte del equipo de analistas del ajedrecista chino –con la tendencia exagerada a las complicaciones y al riesgo que tiene Rapport–, parece ayudar a huir de los caminos más trillados y las partidas soporíferas con dos estrategas talentosos pero con pánico a perder.

Estos y otros factores han empujado al 4-3 en este Mundial de Astaná, que se retomará el jueves con las piezas blancas para Ding Liren y la gran pregunta de cómo habrá encajado su particularmente dolorosa derrota del jueves.