
«Nos enfrentamos ahora a un Medio Oriente radicalmente remodelado, en el que Israel es más fuerte, Irán es más débil, sus aliados están diezmados y se ha establecido un alto el fuego nuevo y duradero en Líbano que garantiza la seguridad de Israel a largo plazo», se felicitó el asesor de la Casa Blanca Jake Sullivan al hablar del cambio de régimen en Siria, tras reunirse con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
A su vez, el secretario de Estado, Antony Blinken, desde Jordania, garantizó el apoyo de EEUU «a una transición política en Siria que conduzca a un Gobierno sirio responsable y representativo».
Desde Jordania, donde se reunió con sus autoridades, Blinken se dirigió a Turquía, que ha impulsado a los insurgentes ahora en el poder en Siria y que ya empieza a transformar los lazos que mantenía con las milicias islamo-yihadistas en relaciones de Estado a Estado, ambos ahora regidos por islamistas.
Turquía ha nombrado ya al jefe de su misión diplomática en Damasco y varios países las han puesto también en marcha, acelerando las normalización de relaciones con el nuevo régimen. Además, Jordania acogerá una cumbre mañana sobre la situación en Siria a la que están convocados líderes regionales e internacionales, entre ellos la máxima diplomática de la Unión Europea, Kaja Kallas.
El jefe de los servicios de Inteligencia turcos, Ibrahim Kalin, afianzó esa relación y ayer viajó a la capital siria, donde se le vio en la Mezquita de los Omeya. Asimismo, Rusia, aliado de Al-Assad, y cuya ayuda fue fundamental para resistir a los insurgentes durante años, también ha entrado en contacto con HTS, en concreto, «con el comité político que trabaja ahora en uno de los hoteles de Damasco», donde se reúnen con representantes de la comunidad diplomática, según confirmó el viceministro de Exteriores Mijail Bogdanov, que aseguró que Moscú mantendrá las bases militares que tiene en Siria.
Otro actor fundamental, Israel, ha llevado su intervención aún más allá y ha ocupado unos 300 kilómetros cuadrados del territorio sirio desde la caída del régimen de Al Asad, el pasado día 8, mientras continúa bombardeando el país.
AL BASHIR PONE EN MARCHA LA ADMINISTRACIÓN
El nuevo primer ministro, Mohamed Al Bashir (aunque el hombre fuerte es Abu Mohamed Al Golani, líder de HTS), suspendió una rueda de prensa a última hora donde iba a explicar su proyecto.
En una entrevista a Al Jazeera indicó que el nuevo poder «respetará el Estado de Derecho» y que el país necesita a los profesionales para garantizar el correcto funcionamiento de las instituciones, por lo que el personal procedente del Gobierno yihadista de la provincia de Idleb trabajará con viejos funcionarios que han regresado a sus puestos, en un aparente tranquilo traspaso de funciones.
Al Bashir afirmó que extenderá la mano a «todos» excepto a aquellos que las tengan «manchadas de sangre de los sirios», aunque en los últimos días grupos armados han llevado a cabo robos, agresiones y ejecuciones extrajudiciales, sobre todo en las provincias de mayoría alauí.
Triplicar los sueldos públicos, mejorar los servicios básicos y restablecer la seguridad son las promesas de este nuevo Gobierno, que asegura que se mantendrá solo hasta marzo.
El nuevo régimen islamo-yihadista también ha llevado a cabo medidas simbólicas y de propaganda, como el reparto de pan en las calles por parte de grupos armados a una población que sufre restricciones; cambiar el fin de semana, a viernes y sábado, tal y como está establecido en la mayoría de países musulmanes, o extender el uso de la nueva bandera con tres estrellas rojas.
MÁS ATAQUES A LOS KURDOS
En un gesto de colaboración con el Gobierno de Al Bashir, la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, liderada por kurdos y que gobierna de forma autónoma Rojava y el este de Siria, anunció que ha izado «la bandera de la independencia» en todas sus instituciones para afirmar «la unidad de Siria y su identidad nacional».
Pero el grupo armado Ejército Nacional Sirio (ENS), financiado y armado por Turquía, que forma parte de la alianza que derrocó a Al-Assad, sigue atacando a las Fuerzas de Siria Democrática (FSD) cerca de la localidad de Minbej, pese a que la víspera EEUU negoció un alto el fuego.
Minbej fue, además, escenario de manifestaciones masivas después de que el ENS se hiciera con la ciudad. Los ataques, con tanques y drones, se dirigían contra la presa de Tishrin, al sureste de Minbej.
También el Gobierno de Turquía anunció que seguirá atacando a los kurdos como ha venido haciendo en los últimos días, a pesar de que Blinken aseguró que el papel de las FSD, apoyadas por Washington, ha sido «fundamental» para mantener a raya al Estado Islámico.

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