Los errores de los otros, su candidata y la «misión canosa» reaniman al Linke

A menos de dos semanas hasta las elecciones generales, el partido Die Linke (La Izquierda) cuenta con la oportunidad de volver al nuevo hemiciclo. Después de su escisión y tras una serie de debacles electorales nota un auge notable en las encuestas. 

(Sebastian GOLLNOW | DPA)

Cuando en diciembre el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, anunció elecciones anticipadas, el Linke estaba tocando fondo. Las simpatías entre el electorado habían caído a mínimos históricos, a unos dos puntos, que casi le dejaron invisibile en las encuestas. Ahora, a diez días de los comicios del 23F, casi todos los sondeos le dan entre el 5 y el 6%. El cambio se ha producido en las últimas dos semanas, desde que la líder de la oposición, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), votó por primera vez con la neofascista Alternativa para Alemania (AfD) y el Partido Liberal Democrático (FDP) su enmienda antiinmigración en el Bundestag. Pocos días después, el trío fracasó en sacar adelante una propuesta de ley de igual índole a pesar de recibir también el apoyo de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), la escisión del Linke.

En los debates de aquellos dos días, los medios alemanes destacaron los discursos de la candidata a canciller del Linke, Heidi Reichinnek, de 36 años. Junto con su socio y también copresidente del partido, Jan van Aken, de 63 años, quiere llevar el partido de nuevo al Bundestag tras una año plegado de debacles electorales.

«De repente, esta socialista se convierte en un peligro para Merz», alerta el diario sensacionalista “Bild”, buque insignia de la editorial conservadora Springer. El riesgo para el candidato de la CDU, Friedrich Merz, consiste en que si el Linke regresa al Bundestag y también lo hace la BSW, pero no el FDP, solo tendrá opción de formar Gobierno con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) del canciller en funciones, Olaf Scholz, y con los Verdes ecologistas. Quizás por eso también otros medios informan sobre Reichinnek haciendo especial hincapié en su presencia en TikTok. En esta red social muy popular entre jóvenes alemanes ha logrado millones de clicks, atacando a Merz y la AfD. Terminó su intervención exclamando: «¡A las barricadas!».

En un momento en el que la retórica política parece ser de uso exclusivo de la ultraderecha y decenas de miles de personas se movilizan constantemente contra la derechización del país, esta mujer originaria del este alemán -declarada feminista, antifascista y socialista- la ha reconquistado para la izquierda.

Pero el auge en los sondeos se debe también a que la BSW ha cometido el error de votar con la derecha contra la inmigración. Muchos en el espectro sindicalista e izquierdista que dudaban entre el partido de Sahra Wagenknecht y el Linke parecen optar, por ahora, por este último.

Habrá que ver si el atropello múltiple cometido el jueves por un inmigrante afgano contra una manifestación del sindicato Verdi en Munich se vuelve contra el Linke o no.

Antes de que Heidi Reichinnek se hiciera famosa, su partido había lanzado ya la llamada «misión canosa», para la que reactivó a tres de sus históricos y populares militantes: Gregor Gysi, Dietmar Bartsch y Bodo Ramelow. La misión del trío consiste en lograr los tres mandatos directos que servirían como «plan B» para que el Linke volviera al Bundestag aunque no superara el límite mínimo requerido del 5% de los votos.

En el transcurso de su campaña electoral, el Linke pone el foco en temas sociales como los altos alquileres, los gastos en calefacción y la inflación, mientras incide en que mientras no se incrementen las pensiones aumentan la pobreza en la tercera edad. “Los otros quieren gobernar. Nosotros queremos cambiar”, dice su eslogan principal.

Aunque el Linke vuelva a tener representación en el Bundestag, necesitaría refundarse política e ideológicamente. En política internacional, mantiene un posiciona- miento ambiguo ante la guerra entre Rusia y Ucrania, y con su silencio ante el genocidio que está cometiendo Israel contra el pueblo palestino. En la nacional, sigue evitando el debate sobre lo que, desde la izquierda, significa ser alemán dejando este tema en manos de la (ultra)derecha.