Mariona Borrull
Periodista, especialista en crítica de cine / Kazetaria, zinema kritikan berezitua

Tilda Swinton y Timothée Chalamet, polos irreconciliables en el Festival de Berlín

Vicky Krieps y Emma Mackey se embarcan en un aturdido romance en Almería, Jessica Chastain vuelve a trabajar con Michel Franco y las dos grandes estrellas de la jornada evidencian el imposible margen de grises en el posicionamiento político del certamen.

Tilda Swinton muestra el codiciado León de Oro.
Tilda Swinton muestra el codiciado León de Oro. (Joerg CARSTENSEN | AFP)

En ‘Hot Milk’, Vicky Krieps (‘La emperatriz rebelde’) y Emma Mackey (‘Sex Education’) mantienen un romance tortuoso en las playas de Almería, adonde el personaje de Mackey ha acompañado a su madre (Fiona Shaw, ‘Killing Eve’), quien vive postrada en una silla de ruedas y con dolores crónicos. A partir de la novela de Deborah Levy ‘Agua salada’, Rebecca Lenkiewicz (‘Disobedience’, ‘Al descubierto’) construye un doble cruce de carriles melodramático y de tono siniestro, que recuerda a ‘La hija oscura’ por su acercamiento oscurantista a la vida en las fronteras de la civilización, y a ‘La habitación de al lado’ –sin el filtro de color– por el tonteo desaguisado entre lo cómico y lo mortalmente serio, ya sea por vía de aquel acordeón insistente que conforma la banda sonora o por lo hiperbólico de algunas de sus imágenes e interpretaciones (una infantil Krieps arrojando sus botas al mar y chillando: ‘¡Son zapatos!’). No es habitual encontrarse esperando, con media sonrisa, a que una parapléjica crónica se levante de su silla y ande.

Jessica Chastain y Michel Franco unen fuerzas contra Donald Trump

Ante el segundo zarandeo artístico de su colaborador (con quien ya filmó ‘Memory’), la actriz oscarizada por ‘Los ojos de Tammy Faye’ ha olvidado su tozuda raigambre izquierdista para enfundarse en las botas de una filántropa adinerada –ese trabajo que solo existe en las películas– que vive en San Francisco y que debe lidiar con el fastidioso novio mexicano (Isaac Hernández) que ha arriesgado su vida cruzando la frontera y que ahora empieza a dañar su reputación. La película funciona como un doble espejo amplificador, encadenando secuencias en las que uno de los dos personajes se verá ligeramente violentado por un gesto del otro y habrá consecuencias crecientes. Hasta cierto punto, esta parábola sobre los límites de la ecuanimidad privilegiada estadounidense en tiempos de deportaciones inhumanas puede leerse a la vez como radiografía esencial de lo rasposo en la convivencia en pareja.

Tilda Swinton y Timothée Chalamet, extremos opuestos

La actriz recibía el Oso de Oro honorífico con un discurso de quince minutos alrededor de las responsabilidades políticas de la industria cinematográfica con respecto a la política global y, en la rueda de prensa posterior, contestaba sin dudar a una pregunta sobre su presencia en el festival, a pesar de los boicots activos: «Se están perpetrando actos inhumanos bajo nuestra vigilancia. Estoy aquí para denunciarlos sin vacilaciones ni dudas y para brindar mi solidaridad inquebrantable a todos aquellos que reconocen la inaceptable complacencia de nuestros gobiernos adictos a la codicia que se llevan bien con los destructores del planeta y los criminales de guerra, vengan de donde vengan».

Mientras tanto, Timothée Chalamet ha esquivado todas las preguntas que resultaran mínimamente ‘académicas’ o ‘pretenciosas’, en sus palabras. «Tened cuidado con cualquiera que diga que tiene una solución. Mucho cuidado con las figuras mesiánicas, sean quienes sean», esbozaba, matizando: «La gran presión de Hollywood y del mundo del espectáculo es que la gente quiere saber dónde estás». Es lo natural, teniendo en cuenta que el actor es la figura más rentable del panorama industrial contemporáneo, habiendo roto en 2024 el récord histórico de los 200 millones de recaudación mundial entre ‘Dune’ y ‘Un completo desconocido’. Con tal exposición, la neutralidad se convierte prácticamente en animal mitológico. Eso sí, el actor se ha definido bajo la fórmula de la meritocracia: «No puedo decir si soy el más hábil, pero sé que tengo el corazón más grande y sé que estoy trabajando más duro». Nada que añadir, señoría.