Del horror de las cárceles israelíes al de la ocupación y el exilio
Los presos palestinos liberados en los canjes acordados en el alto el fuego de Gaza han dejado atrás el horror de meses y hasta años de constantes torturas, hambre y humillaciones. La alegría se mezcla con la angustia por la suerte de sus compañeros.

Hasta el pasado sábado, 1.134 presos palestinos han salido de prisión, de los 1.904 previstos en la primera fase del acuerdo de alto el fuego en Gaza. Han dejado atrás un horror descrito y denunciado por sus testimonios y por las propias imágenes de sus cuerpos demacrados. La alegría por la excarcelación se mezclaba con la preocupación por el destino de sus compañeros, pero también por la angustia por lo que encuentran ante sí: el exilio de por vida, el horror de la ocupación, la devastación de Gaza y el asedio a sus hogares en Cisjordania.
«Dejamos atrás a nuestros hermanos en cautiverio, sometidos a torturas, hambre, intimidación y abuso», denunciaron.
La Comisión Palestina de Asuntos de los Detenidos y la Sociedad Palestina de Prisioneros calculan que, sin contar los capturados en Gaza, hay unos 10.400 palestinos en las prisiones israelíes, de ellos 365 son menores de edad; 600 cumplen cadena perpetua o penas de prisión de duración indeterminada y más de 3.000 se encuentran en detención administrativa, una figura que permite la detención indefinida sin cargos formales ni juicio.
VUELTA A UN HOGAR QUE NO EXISTE
En los cinco canjes que se han llevado a cabo hasta la fecha, varias decenas de prisioneros han sido trasladados a Gaza. Allí encontraron un territorio irreconocible tras 15 meses de devastación.
Sus hogares, en muchos casos, ya no existen y tampoco tienen la certeza de que sus familias hayan sobrevivido. «¿Cómo está mi familia? ¿Siguen vivos?, preguntaba angustiado uno de ellos en Jan Yunis ya antes de bajar del autobús que lo trasladaba, junto a otros 131 presos, el 8 de febrero.
Una voz desde la multitud que los recibía le confirmó que todos estaban bien. Algunos han conocido la muerte de sus familiares al salir de la prisión.
Otros 103 presos han sido trasladados a Egipto para ser deportados a otros países. En un hotel en El Cairo esperan que varios estados árabes los acojan en un exilio de por vida. Pero 23 más que supuestamente también van a ser deportados todavía esperan su destino en Gaza.
Hasta el momento, Turquía ha acogido a 15 de ellos y se esperaba que Qatar, Argelia o Túnez también lo hicieran. Las autoridades qataríes señalaron que aceptarán acoger a algunos sin concretar un número, «según su propia decisión».
Mientras tanto, en El Cairo esperan alguna reacción de estos países sin poder salir del hotel y describen esta espera «como moverse de una prisión israelí a una prisión egipcia». Denuncian también que las fuerzas egipcias no los trataron correctamente al ser entregados y que tuvieron que permanecer mucho tiempo con las ropas con las que salieron de la cárcel.
El resto de los prisioneros liberados han sido trasladados a Jerusalén y Cisjordania, donde además de la pesadilla de la ocupación, se encuentran con una operación militar masiva con métodos de guerra que Israel lleva a cabo desde hace semanas y que ha desplazado a decenas de miles de personas y ha matado a una treintena de palestinos. A la vez que se producen las liberaciones, las fuerzas israelíes vuelven a llenar las prisiones con al menos 230 arrestados en estas operaciones.
El aspecto de los presos revela el infierno vivido en las cárceles israelíes. Cuerpos macilentos, heridas en muñecas y piernas, cicatrices, un envejecimiento acelerado... Muchos han subrayado el contraste con el que presenta la mayor parte de los prisioneros israelíes liberados, a pesar de que el cautiverio de estos tuvo lugar en medio de una ofensiva militar sin precedentes y de un asedio que extendió la hambruna por Gaza.
Tras el primer canje de prisioneros, el 20 de enero, la política palestina Hanan Ashrawi denunció que todos los liberados habían sufrido graves malos tratos, incluida violencia verbal y física, privaciones y aislamiento. Según el Club de Prisioneros, algunos de ellos tenían costillas rotas, tras haber sufrido palizas durante días.
Agencias de las Naciones Unidas, organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación han documentado los tratos inhumanos y degradantes y las torturas en las prisiones israelíes que han hecho que muchos de ellos salgan exhaustos, desnutridos o irreconocibles incluso para sus propios familiares.
56 MUERTOS
Otros no han llegado a salir. La organización de apoyo a los presos Addamer señala que 56 palestinos han muerto en el interior de las cárceles israelíes desde el 7 de octubre de 2023, el mayor número de la historia en un periodo de tiempo similar. Además, denuncia que las autoridades tienen secuestrados los cadáveres de 65 prisioneros muertos bajo su custodia y todavía se desconoce cuántos cuerpos de presos retienen entre los muertos que se han llevado de la Franja de Gaza durante los últimos 15 meses.
El maltrato incluye la inanición y deshidratación, así como la negligencia médica durante años.
Algunos de los liberados relataron brutales palizas y humillaciones hasta los últimos momentos antes de su salida. Y el terror se extiende a futuro. La mayoría de los presos denunció haber recibido amenazas de ser detenidos de nuevo o directamente ejecutados por parte de los servicios de Inteligencia israelíes.
Para reforzar este miedo, no son pocos los que han recibido citaciones par ser interrogados después de su liberación, un mecanismo que extiende la prisión más allá de sus muros.
En el canje del pasado 15 de febrero, volvieron a repetirse las escenas de los presos en pésimas condiciones de salud y las denuncias de deliberada negligencia médica y de tortura continua durante más de 16 meses. Presentaban lesiones, sarna e incluso amputaciones por la falta de cuidados y por los abusos.
Es el caso de Adel Sobeih, de 22 años, detenido en el asalto al hospital Al-Shifa. «Me amputaron la pierna a pesar de que estaba sana, según informes médicos de Gaza, pero me dieron la opción entre firmar por amputación o morir», denunció al salir. El joven palestino relata que fue torturado incluso dentro del hospital, encadenado a la cama durante 50 días, obligado a gatear y con descargas eléctricas y quemaduras de un mechero y de cigarrillos. Recibió golpes, humillaciones, gas, bombas de sonido, spray pimienta...
Este canje añadió otra muestra de crueldad. El Servicio de Prisiones de Israel vistió a los prisioneros palestinos con camisetas con una estrella de David azul y la frase en árabe: “No olvidaremos ni perdonaremos”. A su llegada a Jan Yunis, en el sur de Gaza, los palestinos se las quitaron y las apilaron en el suelo para hacer una hoguera con ellas.
Entre los relatos más terribles se encuentran los de las prisiones de Naqab y Sde Teiman, ambas en el desierto del Neguev. El Club de Prisioneros Palestinos y la Comisión de Asuntos de los Detenidos recogieron testimonios de 18 prisioneros que han pasado por ellas, de sus abogados y de organizaciones que los han visitado.
S.L., cautivo en Sde Teiman, fue sometido a largos interrogatorios mientras reproducían música a un volumen muy alto, un método que suele ir acompañado de posiciones estresantes y privación de alimentos. En esta prisión, los únicos cinco minutos permitidos fuera de las celdas eran una oportunidad para que los guardias los humillaran aún más. En general, solo se les permite cambiarse de ropa una vez al mes y cada preso comparte una pastilla de jabón con otros nueve compañeros. Estas asociaciones constataron sarna en quince de los 18 presos visitados.
Las imágenes de algunos de los prisioneros difundidas en redes sociales reflejan los cambios que este maltrato ha dejado en sus cuerpos. Es el caso de Ibrahim al-Shaweesh, detenido en Gaza el 10 de diciembre de 2023 y liberado sin ser llegar a ser condenado. Su rostro cadavérico, con los ojos hundidos en las cuencas no guarda ningún parecido con su imagen antes del arresto. Relata torturas que califica como «indescriptibles»: lo mantuvieron arrodillado durante 45 días, le aplicaron descargas eléctricas y lo acosaron con perros.
Sufian Abu Salah bajó del autobús en el que fue liberado con una sola pierna. Fue detenido sano, pero el Ejército israelí rechazó tratar una infección hasta que se extendió a toda la pierna y se la amputaron.
Mohammed Sabah era un niño de 14 años cuando fue encarcelado hace seis. Ha salido con apenas huesos y una piel llena de sarna.
Farouq Jatib fue liberado sin cargos ni juicio después de tres meses que lo han convertido en un cuerpo esquelético de 40 kilos -27 menos- que apenas lo sostiene. Su mirada perdida es otro testimonio del horror.
Tras la liberación, la amenaza persiste. El Ejército israelí irrumpió en la vivienda del preso Zakaria al-Zubaidi en Jenin, y detuvo a su esposa e hijos. También fueron asaltadas las casas de sus dos hermanos, Yahya y Yibril al-Zubaidi, y las de los presos Ayman Muhammad Ali, cerca de Belén, y Ashraf al-Zagheer, en Kafr Aqab, donde detuvieron a su hermano Amir.
Hamas entrega los cadáveres de cuatro cautivos israelíes
Milicianos de Hamas, acompañados de combatientes de la Yihad Islámica y de las Brigadas Muyahidines, entregaron ayer a Israel, con la mediación del Comité Internacional de la Cruz Roja, los cuerpos de cuatro israelíes muertos en la Gaza tras ser capturados en los ataques del 7 de octubre de 2023.
Los cadáveres de Shiri Bibas, de 32 años, sus hijos Ariel y Kfir, de 4 años y 9 meses, y Oded Lifshitz, de 83, fueron entregados en una ceremonia celebrada en la explanada de Bani Suhaila, al este de Jan Yunis.
Los cuatro ataúdes con sus respectivas fotografías fueron expuestos en un escenario con una gran pancarta con el mensaje “El criminal de guerra Netanyahu y su Ejército nazi los mataron con misiles desde aviones sionistas”, junto a una imagen alterada del primer ministro israelí con colmillos y manchas de sangre sobre los rostros de los cuatro fallecidos, así como municiones estadounidenses supuestamente usadas en los ataques israelíes que habrían causado estas muertes. Hamas insistió en que su brazo armado «hizo todo lo que pudo para proteger a los prisioneros» e Israel calificó a sus combatientes de «monstruos» por exponer los féretros.

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