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Muere a los 88 años el excampeón mundial de ajedrez Boris Spassky

Su derrota en «La Partida del Siglo» contra Bobby Fischer marcó su vida, luego de haber alcanzado la gloria en 1969 ante una leyenda como Tigran Petrosian. Tras su derrota ante Fischer emigró a París, antes de orquestar su «rapto» para regresar a Moscú, donde ha fallecido este jueves.

El recién fallecido Boris Spassky, a la derecha, charla amigablemente con otro excampeón mundial, el armenio Tigran Petrosian, a quien destronó el propio Spassky en 1969.
El recién fallecido Boris Spassky, a la derecha, charla amigablemente con otro excampeón mundial, el armenio Tigran Petrosian, a quien destronó el propio Spassky en 1969. (Roger VIOLLET | AFP PHOTO)

El excampeón mundial soviético de ajedrez Boris Spassky, famoso por su duelo con el estadounidense Bobby Fischer en 1972, en plena Guerra Fría, ha fallecido este jueves en Moscú, a la edad de 88 años, según ha informado la Federación Rusa de Ajedrez.

«Se ha ido una gran personalidad. Generaciones de ajedrecistas han estudiado y están estudiando sus partidas y su trabajo. Es una gran pérdida para el país», ha afirmado el presidente de la Federación Rusa de Ajedrez, Andrei Filatov, citado por la agencia rusa TASS.

Particularmente talentoso y precoz, Boris Spassky, nacido en 1937 en Leningrado, hoy San Petersburgo, se proclamó campeón del mundo en 1969, derrotando al armenio Tigran Petrosian en el segundo intento, luego de que en el primero Petrosian, considerado uno de los mejores defensores de la historia del ajedrez, superase a Spassky.

Pero Spassky solo mantuvo su título durante tres años. En 1972 disputó el partido que marcaría su vida, en la capital de Islandia, Reikiavik contra el prodigio estadounidense Bobby Fischer, un partido con tintes de confrontación geopolítica Este-Oeste que quedó en la memoria como «La Partida del Siglo».

Todo el mundo recuerda la victoria de Bobby Fischer como una suerte de golpe en la línea de flotación asestado por el bloque capitalista al bloque socialista, aunque pocos se acuerdan que Fischer perdió sus dos primeras partidas, la segunda de ellas por incomparecencia, por sus discrepancias con las condiciones de aquel campeonato. La insistencia del legendario y tétrico Henry Kissinger –en aquel momento Consejero de Seguridad Nacional de la administración Nixon y más tarde Secretario de Estado–, en el que contactó en persona con Fischer por teléfono para venderle el «deber patrio» que suponía enfrentarse contra «los comunistas» –aunque Spassky no tuviera carné del PCUS–, el inflamado editorial al respecto emitido por el New York Times y la bolsa de premios convencieron al norteamericano, que hizo ceder a Spassky en que se jugase sin cámaras.

De hecho, esa caballerosidad y las excentricidades de Fischer, más allá del talento de este,  llevaron a Spassky a la derrota. «Spassky es un caballero, y los caballeros se suelen ir con las damas, pero pierden al ajedrez», declararía a este respecto Victor ‘El Terrible’ Korchnoi, otro jugador de élite mundial nacido en Leningrado y escapado pocos años después a Suiza.

El pacto del «traidor»

Después de esta derrota, Boris Spassky cayó en desgracia, al ser recibido por las autoridades soviéticas casi como un traidor. Se mudó al Estado francés en 1976 tras casarse con una francesa de origen ruso. Obtuvo la nacionalidad francesa dos años después. No obstante, su marcha a París estuvo pactada: Spassky podría vivir tranquilamente lejos de la presión de una sociedad soviética dolida por su derrota –y que encontró en Anatoli Karpov su nuevo héroe nacional– a condición de que jamás hiciera declaraciones contra las autoridades de la URSS y que se prestase, tal y como hizo, a jugar con la selección soviética en las Olimpiadas de Ajedrez.

Boris Spassky, aunque fuese como «vedette» recuperó la atención del público en 1992 en Yugoslavia, durante una revancha no oficial contra Bobby Fischer, que también perdió, aunque se llevó un buen pellizco de los cinco millones de dólares que el mecenas Jezdimir Vasiljević puso sobre la mesa.

Aunque el resultado de aquella revancha 20 años más tarde fuese favorable a Bobby Fischer, el estadounidense, ya con un serio desequilibrio mental, salió perdiendo, al ser emitida una orden de busca y captura por el gobierno de los Estados Unidos por romper el bloqueo impuesto a la Serbia que dirigía Slobodan Milosevic. Años más tarde, en un transbordo aeroportuario, Fischer fue detenido en Japón y murió exiliado en Islandia, quien le ofreció asilo.

Los últimos años de la vida de Boris Spassky estuvieron marcados por un misterioso conflicto familiar y un regreso a Rusia en condiciones difíciles. Se cuenta que el propio Spassky organizó su propio «rapto». Se hizo con un pasaporte de un solo uso y voló de París a Moscú, donde ha vivido hasta su fallecimiento.

Víctima de dos derrames cerebrales en 2006 y luego en 2010, en su última aparición en la televisión rusa, se le veía viejo y debilitado, con el pelo blanco y los rasgos demacrados, aunque con una envidiable lucidez mental casi hasta sus últimos días.