Fundadoras de Ausolan, pioneras en el trabajo femenino y cooperativo
Eran 17 mujeres valientes y emprendedoras que no se conformaban con los roles que la sociedad de entonces reservaba para las mujeres casadas. Convencidas de que el trabajo enriquece a la persona y la dignifica, decidieron unirse y crear una cooperativa, marcando un precedente hace ya cinco décadas.

El de Auzo Lagun (Grupo Ausolan desde 2011) es uno de los casos que debería enseñarse en colegios y universidades. Constituido por un grupo de mujeres que decidieron luchar por su propio desarrollo personal e independencia económica, echó a andar con un comedor en el que servían 40 comidas diarias. Hoy, medio siglo después, se ha convertido en una de las cooperativas más grandes de Mondragon, con una plantilla de 11.000 personas y 19 cocinas desde las que sirven diariamente más de 260.000 menús a empresas, colegios, hospitales o residencias.
Pero en la década de los 60, la situación era completamente diferente a la actual. Las mujeres, cuando se casaban, abandonaban el mundo laboral para dedicarse a las labores domésticas, lo que suponía dejar de lado su valía profesional e independencia económica para pasar a depender de sus maridos.
Sin embargo, muchas mujeres no se resignaron a aceptarlo. Habían trabajado de solteras y su deseo era seguir activas. Así, un grupo de 17 mujeres del Alto Deba se unieron para crear, el 6 de marzo de 1969, la cooperativa Auzo Lagun, dedicada en un primer momento a la restauración colectiva y más tarde a la limpieza y los servicios.
Mertxe Mogilincki, María Dolores Albisua e Isabel Boix son tres de las mujeres firmantes del acta de constitución de Auzo Lagun, y este diario ha tenido la ocasión de recabar el testimonio de las dos primeras para conocer el contexto en el que decidieron dar el paso. «Yo, en mi caso, había trabajado de soltera y ya casada, con hijos pequeños, veía que la vida exclusivamente familiar aísla a la persona, mientras el trabajo enriquece a la persona y la dignifica», explica María Dolores Albisua, nacida en Bergara.
Mientras, Mertxe Mogilincki había llegado a Arrasate procedente de Bera, y tenía el privilegio de ser la única mujer casada que trabajaba, pues era matrona. Asegura que el cambio cultural y social se le hizo muy fuerte. «En Bera, por la influencia francesa, vivíamos en una sociedad de mayor progreso. Pero aquí, las costumbres eran muy restrictivas para las mujeres», recuerda con tristeza.
Por su profesión, tuvo la oportunidad de conocer desde dentro la vida de muchos matrimonios. «Me di cuenta de que a la mujer se le respetaba muy poco. Entonces yo era muy joven pero me di cuenta de que la mujer tenía que salir a trabajar. No entendía que la mujer tuviera que dejar su trabajo por el mero hecho de casarse».
Pero esta aventura no hubiera sido posible sin el impulso de José María Arizmendiarrieta, ideólogo del movimiento cooperativo vasco y fundador de Mondragón Corporación Cooperativa, una persona que, tal y como coinciden en señalar Albisua y Mogilincki, «estaba preocupado por la situación de la mujer. Creía que la dedicación exclusiva a la familia reducía su visión del mundo y sus expectativas de realización profesional, y por ello nos reunió en torno a una mesa para animarnos a hacer algo que hiciera compatible la vida familiar con el trabajo», explica María Dolores Albisua, quien recuerda «como si fuera hoy» el día que les llamó para la reunión.
Mertxe Mogilincki destaca la visión de futuro y adelantada a su época de Arizmendiarrieta. «Era un visionario», asegura, mientras Albisua añade que, una vez echaban a andar los proyectos, «él se retiraba» y dejaba que se desarrollaran por sí solos, sobre todo si estaban dirigidos por mujeres. «Él estaba convencido de que las mujeres valemos mucho».
Este grupo de mujeres comenzó montando una cantina en las fiestas de San Juan, y pronto abrió su primer comedor, ubicado en los bajos de la casa cural, donde servían alrededor de 40 o 50 comidas diarias, principalmente a trabajadores de las cooperativas de Arrasate. Poco después se hicieron con el servicio de comedor de Fagor Electrónica y con la cantina de la Escuela Profesional Politécnica, y antes de que pasara demasiado tiempo comenzaron a diversificar su actividad, con actividades como la limpieza de edificios y oficinas de la comarca. «Es curioso, pero enseguida empezó a funcionar y a abrir nuevas sedes», recuerda Mogilncki.
«UN ANTES Y UN DESPUÉS»
La decisión de seguir trabajando después de casadas supuso todo un desafío a la forma de pensar de aquella época. «Había gente que no entendía que fuéramos a trabajar. Por ello, el paso que dimos supuso una ruptura con la costumbre de la época y posibilitó el desarrollo profesional de la mujer. Cambió el panorama social mediante la aportación económica de la mujer en el hogar y marcó un antes y un después», aseguran las fundadoras.
Asimismo, el hecho de que estas mujeres fuesen capaces de crear empresas, sólidas y potentes, supuso un fuerte choque cultural. «Las fuerzas económicas y sociales de la época, también las del mundo cooperativo, desconfiaban de la capacidad de las mujeres y, poco a poco, sin ayudas paternalistas, fuimos abriendo caminos por nosotros mismas», asegura María Dolores Albisua, quien recuerda que en una ocasión llegaron a pedirles perdón por no haber confiado en ellas.
El paso dado por este grupo de mujeres abrió el camino a diversas conquistas sociales en la década de los 70, ya que hizo posible que las cooperativas readmitiesen a las mujeres que habían dejado sus trabajos al casarse, que se otorgase a la mujer el derecho a tener seguro propio o que se suprimiera la necesidad de autorización marital para trabajar.
PRIMERA GUARDERÍA
El regreso a la actividad laboral de estas mujeres, sin embargo, no les liberaba del cuidado de los hijos, ya que los maridos continuaban con sus quehaceres habituales, algo que solventaron con medias jornadas y, sobre todo, gracias a la guardería que abrió sus puertas en Arrasate, una de las primeras reconocidas por el estado. Precisamente, María Dolores Albisua fue una de las primeras trabajadoras de este servicio, hasta que contrataron profesionales titulados.
Y es que las socias de Auzo Lagun no solo trabajaban en esta cooperativa, sino que muchas de ellas lo hacían en empresas del entorno como subcontratadas. Una modalidad que se conocía como «trabajo a terceros» y que generó recursos económicos a Auzo Lagun para poder desarrollar sus propias actividades.
Así, Albisua trabajó durante trece años subcontratada en Lagun Aro pero como socia de Auzo Lagun, hasta que finalmente entró en plantilla de la aseguradora a jornada completa, hasta su jubilación. «En mi vida he podido trabajar a media jornada, cuando los niños eran pequeños, y pasar a jornada completa cuando se hicieron mayores. Auzo Lagun ha hecho posible que muchas mujeres hayan podido hacer lo mismo», sostiene.
El caso de Mertxe Mogilincki es diferente, ya que ella trabajaba de soltera como matrona, y después de casarse pudo seguir ejerciendo la profesión. «Aunque fui una excepción, me sentí parte de la lucha colectiva por romper con las barreras que enfrentábamos todas las mujeres. Tenía claro que había que montar una cooperativa para que trabajaran las mujeres casadas». Más tarde, y a pesar de tener siete hijos, se incorporó como enfermera a Fagor Electrónica, donde trabajó durante 25 años, hasta jubilarse.
Preguntadas por lo que piensan cuando ven lo que es ahora el grupo Ausolan, ambas coinciden en señalar que les llena de orgullo, ya que refleja «la grandeza de las mujeres que han trabajado y se han sacrificado a lo largo de estos la cooperativa. Yo cuando paso por aquí y veo este edificio, me emociono. Parece mentira que la semilla que pusimos haya llegado a esto», señala Mogilincki.
María Dolores Albisua concluye señalando que «la mujer organizada ha demostrado su gran capacidad en un mundo que se consideraba exclusivo de los hombres y en el que se ha ubicado con total legitimidad, sin necesidad de paternalismos».

«Los valores cooperativos siguen estando vigentes y nos marcan el camino»
El pasado mes de noviembre, Arrasate rindió homenaje a las fundadoras de Ausolan con la inauguración de una calle en su nombre, un acto que coincidió con el estreno de Maialen Larrea como presidenta del Consejo Rector de la cooperativa.
A pesar de haber transcurrido 56 años y del enorme desarrollo experimentado, ¿se puede decir que los valores fundacionales de la cooperativa siguen vigentes?
Sin ninguna duda. Este grupo de mujeres puso en marcha un proyecto basado en valores como la igualdad, la solidaridad y la sostenibilidad, que para nosotras hoy día siguen estando vigentes y nos marcan el camino hacia el futuro. Ellas nos dejaron un legado que nosotras pretendemos mejorar para transmitirlo a las futuras generaciones. Cada vez que tenemos ocasión nos gusta recordar cómo se inició Auzo Lagun. Es un orgullo para nosotras.
¿Hasta qué punto fue decisivo para el éxito de aquella iniciativa el ecosistema cooperativo que existía en la comarca?
Arrasate siempre ha sido una localidad muy industrial y, a partir de los años 50, el movimiento cooperativo provocó un cambio muy importante. Como ellas mismas han indicado, José María Arizmendiarrieta fue una persona que jugó un papel decisivo, les ayudó a dar forma a una cooperativa que ha llegado hasta nuestros días.
En estos 56 años, la actividad de Ausolan no solo ha crecido, sino que se ha diversificado de forma considerable.
La restauración y limpieza integral a colectividades son las actividades principales desde el inicio. A lo largo de los años hemos ido ampliando estos negocios hacia diferentes segmentos como el escolar, sociosanitario, social, sanitario y empresarial. En los últimos veinte años, nuestra forma de crecer ha sido mediante la adquisición de sociedades y la incorporación de esas personas a nuestro modelo. Hemos sabido integrar diferentes proyectos locales, preservando la cercanía del cliente y el respeto a las costumbres de cada lugar.
Ausolan cuenta hoy día con su propia Fundación. ¿Qué razones propiciaron su creación y cuáles son sus principales lineas de actuación?
Uno de los principios cooperativos del grupo Mondragon es la transformación social. Por ello, desde nuestros inicios, parte de los beneficios ha revertido en la sociedad. Hasta 2018-19, nuestra manera de aportar ha sido participando en proyectos ya existentes, pero al año siguiente nació la idea de crear nuestra propia fundación, cuyas lineas de actuación se centrarán este año en los proyectos “Stop hambre” y “Oportunidades”.

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