
Algo más de medio centenar de profesionales del Departamento de Educación del Gobierno de Lakua asisten a unos 500 alumnos con problemas de ceguera o baja visión. Son los profesores y técnicos de los Centros de Recursos para la Inclusión Educativa (CRI) que llevan funcionando 45 años en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Profesionales itinerantes que trabajan día a día para tratar de garantizar la inclusión y el bienestar del alumnado con ceguera o discapacidad visual.
Este sistema, en el que colabora la ONCE, pretende garantizar el éxito académico del alumnado que se escolariza en los centros ordinarios y siguen el mismo currículum que los demás alumnos, pero también su participación y desarrollo pleno como personas y miembros de la sociedad.
Este es el caso de Leidy Aldana. Leidy, acompañada de su perra guía Ébora, explica a EFE en el CRI de Gasteiz cómo ha transitado una larga y exitosa trayectoria educativa.
Actualmente estudia el máster de formación de profesorado en Logroño y perfecciona su conocimiento de idiomas (habla inglés, francés y gallego, y está trabajando el euskara) en las escuelas oficiales de la capital riojana y Gasteiz
Colombiana y ciega de nacimiento, se trasladó con tres años a Galicia, donde comenzó sus estudios apoyada por la Fundación ONCE. De allí fue a la capital alavesa para estudiar segundo de Bachillerato y entonces conoció el CRI. Después se licenció en Traducción e Interpretación en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
Leidy reconoce que si en su vida no hubiera aparecido el CRI el resultado de la ecuación no habría sido el mismo. Recuerda que sufrió bullying porque le quitaban el bastón donde lo dejaba y luego no lo encontraba para desenvolverse.
La sobreformación de las personas con discapacidad
Explica que gracias a su esfuerzo y al apoyo de estos profesionales las personas con discapacidad tienen una «sobreformación» y ha considerado que la sociedad debería dejar a un lado sus prejuicios para darles una oportunidad.
Ana Roncero, profesora y directora del CRI de Araba, explica que los profesionales del centro, además de ofrecer los «recursos educativos y personales» para que los alumnos ciegos o con baja visión sean «autónomos en el ámbito escolar y familiar», también apoyan al profesorado.
Los profesionales de los CRI trabajan áreas como la orientación y la movilidad, la estimulación visual y las habilidades de la vida diaria de los alumnos con discapacidad con el fin de que puedan lograr los mismos objetivos académicos que el resto de alumnos.

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