El caos político beneficia a la neofascista AfD, líder en sondeos

La situación política en Berlín parece estar hecha a medida de la visión apocalíptica que mueve a la Alternativa para Alemania (AfD). Ante el caos pretende ser la fuerza estabilizadora a pesar de no haber gobernado nunca. La accidentada elección del canciller le ayuda.

(Kay NIETFELD | DPA)

La neofascista AfD lidera la oposición en el Bundestag, donde es la segunda fuerza política, y también las recientes encuestas sobre la intención de voto tras adelantar a la CDU. Justo cuando esta tendencia empezaba a consolidarse y se acercaba la votación para designar canciller a Friedrich Merz (CDU), el servicio secreto interior clasificó oficialmente al partido como de ultraderecha.

La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), adscrita al Ministerio de Interior, publicó su clasificación pocos días antes de que su titular en funciones, Nancy Faeser (SPD), entregara la cartera al socialcristiano Alexander Dobrindt (CSU). El bávaro ha perforado el «cordón sanitario» contra los ultras al anunciar que la clasificación no trae consecuencias generalizadas para los agentes de policía. Su correligionario, el jefe del grupo parlamentario de la CDU, Jens Spahn, quiere hablar con la AfD «como con cualquier otro partido».

Mientras tanto, la AfD ha demandado a la BfV para que retire la clasificación. Algunas voces piden ahora la ilegalización del partido ultra. Sin embargo, esa competencia es solo del Gobierno y de las dos Cámaras del Parlamento. La Corte Constitucional Federal ha elevado el listón para la ilegalización de una formación. Dado que la BfV mantiene clasificado su informe de 1.100 páginas sobre la AfD, no se puede valorar la solidez jurídica de sus pruebas y argumentos.

Que la formación reconoce ideas neofascistas lo han manifestado sus integrantes en múltiples ocasiones. «Después podemos fusilarlos [a los migrantes]. Eso no es un problema en absoluto. O gasearlos, o lo que quieras», señaló su portavoz parlamentario, Christian Lüth, en una conversación grabada en secreto en 2020. El político no provenía del neonazismo alemán, sino del Partido Liberal Democrático (FDP). Siendo su representante en Honduras respaldó el golpe militar contra Manuel Zelaya en 2009.

Hoy, la AfD prepara ideológicamente la «remigración» de millones de alemanes de origen extranjero. «La concepción étnica y basada en la ascendencia que prevalece en el partido no es compatible con el orden básico democrático libre», sentencia la BfV en relación a la Carta Magna. De todas formas, la estrategia de los ultras es desestabilizar el país. Ya en su día Lüth constató: «Cuanto peor le va a Alemania, mejor le va a la AfD».

Debido a las circunstancias, su copresidenta, Alice Weidel, se mostró ayer un tanto estatista al aceptar adelantar la segunda vuelta de la elección del canciller «por responsabilidad política nacional». La debacle de Merz confirmó lo que ella había profetizado: «Puedo prometerles que esta coalición no durará mucho». Dice estar preparada para colaborar con la CDU si Merz tira la toalla y se adelantan las elecciones.

La AfD espera ahora ese momento, protegida por el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, quien señaló sobre su clasificación: «Esto no es democracia, es una tiranía disfrazada».