
El inquilino de Kremlin, Vladimir Putin, aseguró que el rearme de la OTAN no representa una «amenaza» para Rusia porque ésta cuenta con la «capacidad defensiva» necesaria para hacerle frente, tras más de tres años de conflicto en Ucrania que ha militarizado al Estado ruso. Al mismo tiempo, celebró que su Ejército avance «cada día» en el frente, enfrentándose a un Ejército ucraniano más reducido y con dificultades.
En una comparecencia que concedió en la madrugada de ayer a las principales agencias internacionales con motivo del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Putin insistió en que «somos autosuficientes en materia de seguridad (...y) mejoramos constantemente nuestras fuerzas armadas y nuestra capacidad defensiva».
El presidente ruso reconoció que un aumento del gasto de los países europeos miembros de la OTAN al 5% de su PIB -en la agenda en la cumbre aliada del 24-25 de junio en La Haya- crearía desafíos «específicos» para Rusia, pero advirtió de que sería «irracional» y un «sinsentido», ya que, aseguró, «no existe una amenaza rusa», y recordó que «el presupuesto militar de la OTAN es de 1,3 billones de dólares, mayor que el todo el resto del mundo junto, incluida Rusia».
«Si quieren aumentar aún más su presupuesto, es asunto suyo, pero no beneficiará a nadie» y creará «riesgos adicionales (...) Nosotros enfrentaremos todas las amenazas», dijo.
Avances en el frente
«Ustedes lo saben», señaló a los responsables y representantes de las agencias: «Nuestras tropas avanzan en todas las direcciones y en todos los puntos de la línea de contacto».
Lanzó también un mensaje para los aliados occidentales desde la antigua capital imperial rusa: «Dejen de animar al liderazgo de Ucrania a combatir hasta el último ucraniano».
El jefe de Estado ruso reiteró su justificación de la ofensiva rusa a gran escala lanzada en Ucrania en 2022 como parte de un conflicto más amplio entre Rusia y la OTAN, que considera una amenaza «existencial» para las fronteras de su país y reiteró su versión de que «fue Ucrania la que empezó la guerra cuando reprimió en el Donbass a la población rusohablante por su negativa a aceptar el golpe de Estado» que, según su interpretación del Euromaidán, se produjo en 2014 contra el entonces presidente, el prorruso Viktor Yanukuvich. Putin no hizo mención alguna a la anexión de Crimea y al apoyo militar ruso a la revuelta en las provincias de Donetsk y Lugansk (Donbass).
Putin aseguró que quiere departir con Donald Trump sobre la arquitectura de seguridad en Europa y las garantías de seguridad para Rusia para poner fin a los combates, y relegó a la «última etapa» de las negociaciones un encuentro con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, «si el Estado ucraniano, Dios mío, decide que sea él», le ninguneó.

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