
En un debate específico sobre este asunto organizado en el Consejo de Seguridad de la ONU, la representante especial contra la violencia sexual, Pramila Patten, ha clamado este martes contra la política de recortes en partidas humanitarias emprendida por la ONU y por numerosos estados, y su impacto en el combate contra la violencia sexual.
«¿Cuáles son los costes humanitarios de los recortes a las ayudas? ¿Cómo se miden? ¿En líneas sobre un presupuesto, o en vidas, dignidad y confianza en este Consejo? ¿Podemos permitirnos recortar la cooperación multilateral en un momento de militarismo rampante y cuando el reloj corre contra los derechos de las mujeres?», ha preguntado.
Patten ha puesto cifras a este problema: a lo largo de 2024 se reportaron 4.600 casos de agresiones sexuales –a veces «como táctica de guerra, tortura, terror y represión política»}, lo que representó un 25 % más que en 2023, que a su vez fue un 50 % mayor que el año previo.
Los conflictos en África –Sudán, Mali, República Democrática del Congo, Etiopía– suponen la mayoría de los casos registrados, pero la violencia sexual tiene alcance global y también está presente en los conflictos de Ucrania, Gaza, Birmania, Siria, Yemen, Haití o Afganistán.
La representante especial reconoce que en las pasadas décadas se ha avanzado en términos legislativos y trabajo de campo -clínicas móviles proporcionadas por la ONU, por ejemplo-, pero en lo referente a rendición de cuentas el avance es casi nulo: «Debemos garantizar que las políticas de cero tolerancia no se traducen en cero consecuencias», ha expresado.
Además, ha puesto varios ejemplos de cómo la justicia tiene «un ritmo dolorosamente lento» cuando se trata de dar reparación a las víctimas, y así, en Bosnia-Herzegovina, de entre los miles de mujeres que sufrieron violencia sexual en los años ochenta (entre 20.000 y 50.000), solo se han reconocido 1.000 nombres, y esto ha tardado tres décadas.
Patten ha citado a la premio Nobel Nadia Murad, yazidi de Irak víctima del Estado Islámico, quien ha expresado que quería ser «la última niña con una historia similar», y ha dicho: «¿Cuántas más 'últimas niñas' van a ser arrancadas de sus familias, entregadas al tráfico sexual y aterrorizadas por la brutalidad de la guerra antes de que nos decidamos a actuar?».

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