
La fecha no fue elegida al azar: el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz; y el primer ministro polaco, Donald Tusk, líderes del «Triángulo de Weimar», participaron en el 34º aniversario de la independencia de Moldavia, en vísperas, además, de unas cruciales elecciones legislativas.
«Por nuestros padres y nuestros hijos estamos obligados a conservar la independencia y la libertad, y convertirla en una mayor seguridad y bienestar», señaló la presidenta moldava, Maia Sandu, quien añadió que «esta visita es una confirmación de que Moldavia es importante, respetada y que no está sola».
Moldavia, que acusa al Kremlin de injerencia política y amenazar la seguridad nacional, afrontará a finales de septiembre unas elecciones en la que los candidatos prorrusos se han aliado para desbancar al Gobierno pro-UE.
Maia, reelegida por un escaso margen en noviembre de 2024, acusa a Rusia de una injerencia «sin precedentes» para «controlar» su país, fronterizo con la UE, y que afronta el desafío de Transnistria, enclave prorruso al este del país en manos de Moscú. Todo mediante mecanismos de compra de votos y financiación con «criptomonedas» con «100 millones de euros» destinados a este fin, y la utilización de la plataforma Telegram.
DECENAS DE DETENIDOS
El analista político Valeriu Pasha, del centro de estudios Watchdog en Chisinau, augura que el Partido de Acción y Solidaridad (PAS) de Sandu ganará las elecciones legislativas, pero el resultado es difícil de predecir.
La oposición prorrusa es muy crítica con la visita, que considera un apoyo no al país, sino al partido gobernante, y la Policía informó de la detención de más de una veintena de activistas acusados de bloquear el paso de los coches oficiales de los dirigentes europeos.
Chisinau acogió el 4 de julio la primera cumbre UE-Moldavia, en la que Bruselas impulsó las negociaciones de ingreso de la pequeña república que tiene estrechos lazos étnicos y culturales con la vecina Rumanía.
La visita se produce dos semanas después de la cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin, y el repentino impulso hacia una tregua en Ucrania, frenado por Moscú.
Aumenta el pulso energético entre Ucrania y Hungría
La disputa diplomática entre Ucrania y Hungría se intensifica después de que los recientes ataques con aviones no tripulados contra un oleoducto que suministra petróleo ruso a Budapest señalaran la intención de Kiev de ejercer más presión contra Viktor Orban para que deje de bloquear el proceso de integración de Ucrania en la UE.
La semana pasada, dirigidos por el comandante de origen húngaro Robert “Magyar” Brovdi, jefe de las fuerzas de drones de Ucrania, estos aparatos atacaron en territorio ruso dos instalaciones clave para el funcionamiento del oleoducto Druzhba, que abastece a Hungría, lo que provocó interrupciones temporales.
Orban se quejó directamente a su amigo Donald Trump. Hungría, que importa el 70% de su petróleo a través del oleoducto a pesar de los llamamientos de la UE, amenaza con cortar el suministro eléctrico a Ucrania, del que depende en un 30-40%.

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