Periodista

La era de Narendra Modi o la consolidación del panhinduismo en India

Su auge no puede entenderse sin el hartazgo de la sociedad con el hoy opositor Congreso Nacional Indio, que dirigió el país de forma casi ininterrumpida hasta 1999. Una vez consolidado su poder, Narendra Modi promueve una política excluyente y autoritaria.

(Miguel FERNÁNDEZ IBÁÑEZ)

Narendra Modi es el líder político más importante de India desde Indira Gandhi, la conocida como «dama de hierro asiática». Cuatro veces ministro en jefe del estado de Gujarat, el líder panhindú transita por su tercer mandato como primer ministro y está consiguiendo transformar la identidad de India: de un país secular inclusivo con las minorías a uno marcadamente panhindú que abiertamente reprime a las identidades periféricas.

Para entender el auge y la consolidación del Bharatiya Janata Party (BJP) de Modi hay que mirar en primer lugar al Congreso Nacional Indio (CNI), el partido de la saga familiar de los Gandhi-Nehru que gobernó India de forma ininterrumpida entre la independencia de 1947 y 1977.

El CNI era el sistema, el Estado, y por eso, más tarde, ninguna de las alianzas gubernamentales de derecha pudo terminar su mandato hasta el Ejecutivo del BJP de 1999. Tras dos legislaturas más de la Alianza Progresista Unida liderada por el CNI, la corrupción, el desempleo y el auge del panhinduismo en el propio CNI abrieron la puerta a un BJP que en 2014 consiguió una victoria aplastante y la mayoría en el Parlamento. Desde entonces, la derecha panhindú gobierna en India.

ANTECEDENTE

El BJP tiene su embrión en el Bharatiya Jana Sangh (BJS), establecido en 1951 como formación política ligada a la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), la fuerza paramilitar panhindú de la cual salió el activista que mató a Mahatma Gandhi y que pretende reconfigurar la identidad india en base al credo hindú.

Aplacada por el carisma de la saga Gandhi-Nehru, la mayoría hindú del país no se trasladó a la política parlamentaria y el BJS fue una fuerza residual hasta la década de 1970. Fue en las elecciones de 1977 cuando consiguió aunar a varios grupos derechistas para derrocar al CNI, lastrado por el autoritarismo creciente reflejado en el estado de emergencia declarado en 1975 por Indira Gandhi.

Sin embargo, el BJS no consiguió mantener la unidad en la derecha y la alianza se resquebrajó en 1979. Tras un proceso de división y reorganización, en 1980 nació el BJP, cuyo primer presidente fue Atal Bihari Vajpayee.

En la década de 1980, la derecha pasó por un proceso de transformación interna, sobre todo tras el derrumbe electoral de 1984, marcado por el magnicidio de Indira Gandhi, en el que solo obtuvo dos diputados. Fue el punto de inflexión, la fecha en la que la formación decidió dejar a un lado la agenda liberal de Vajpayee y, una vez que Lal Krishna Advani se convirtió en presidente del BJP en 1986, pasó a apoyar la ideología más radical de la RSS. Según explica Satish Misra en el informe “Understanding the rise of the Bharatiya Janata Party”, el BJP abandonó el «secularismo positivo y el socialismo gandhiano» y, «a finales de la década de 1980 y en la década de 1990, regresó al panhinduismo de su predecesor, el BJS».

Azuzado por el conflicto armado en Cachemira, el panhinduismo empezó a corroer al propio CNI. La partida comenzó a centrarse en aspectos identitarios, y el BJP supo sacar rédito de la convulsión intercomunitaria para movilizar a la sociedad contra los musulmanes, el 14% de la población de India, y dirigió la campaña en la que se pedía la demolición de la mezquita de Babri, en Ayodhya, para edificar un templo hindú.

La década de 1990, marcada por las frágiles alianzas de gobierno, las elecciones anticipadas y el conflicto en Cachemira, certificó que el giro panhindú del BJP era acertado electoralmente y, alejándose del elitismo que le caracterizó durante décadas, poco a poco fue convirtiéndose en el principal partido de masas indio: 85 diputados en 1989; 120 en 1991; 161 en 1996, la fuerza más votada y gobernando solo 13 días; 182 escaños en las elecciones de 1998 que le permitieron gobernar en alianza durante trece meses; y, de nuevo, 182 diputados en 1999, aunque esta vez pudo terminar el mandato de cinco años.

En esa época Narendra Modi destacaba como un líder férreo en el estado conservador de Gujarat. Como Gujarat y Bombay fueron un solo estado hasta 1960, en las calles de India se dice que todos los líderes indios provienen de allí. Cuatro veces ministro en jefe de esta región, fueron los pogromos contra musulmanes de 2002 que dejaron más de 1.000 muertos los que cincelaron su figura más allá de Gujarat y los que le convirtieron en una referencia para el ala más radical del panhinduismo.

En 2014, tras dos legislaturas de alianzas inoperantes y corruptas dirigidas por el CNI, Modi fue elegido primer ministro y comenzó a apuntalar su poder hasta convertirse en el líder más importante desde Indira Gandhi. Decía ser un líder diferente que acabaría con la corrupción y el desempleo, y que pondría orden el caos que caracteriza a India.

FIGURA DE CULTO

Una vez fue elegido primer ministro, lo primero que hizo Modi fue asegurarse el poder dentro del propio BJP: apartó de la presidencia del partido a Rajnath Singh y situó a su aliado gujaratí Amit Shah; purgó a los políticos con mayor bagaje, aquellos que podían hacerle sombra, para dar paso a fieles, muchos de ellos jóvenes sin experiencia política; y fichó a prominentes políticos regionales del CNI. Además, el BJP, que se había caracterizado por un estilo de decisión horizontal, pasó a ser gestionado de forma vertical: solo importaba lo que decidían Modi y su círculo más cercano.

«La RSS fue fundada por K. B. Hedgewar bajo el principio de ek chalak anuvartitva (seguir a un líder), idea que fue mantenida por su sucesor M. S. Golwalkar. Posteriormente, el tercer jefe de la RSS, Balasaheb Deoras, introdujo los conceptos de sah chalak anuvartitva (seguir a muchos líderes) y sarv samaveshak (liderazgo inclusivo). Al parecer, el dúo Modi-Shah prefiere el modelo de liderazgo y toma de decisiones de Hedgewar-Golwalkar», sostiene Satish Misra en el informe sobre el auge del BJP publicado en 2018 en “Observer Research Foundation”.

En el presente, en India, solo o acompañado de figuras regionales, la imagen de Modi aparece constantemente en calles y transporte público y preside cada uno de los eventos destacados que se celebran en el país. Líder de talante weberiano, Modi controla los principales medios de comunicación de masas y filtra la información en las redes sociales para destacar sus virtudes y ocultar sus errores, mientras azuza la figura del líder omnipresente e incontestable que pretende convertir India en potencia mundial.

Más allá de la retórica, y pese al crecimiento sostenido y los buenos dígitos macroeconómicos, India sigue siendo una potencia emergente que no consigue despegar. Las desigualdades son manifiestas, y las políticas neoliberales iniciadas en la década de 1990 no han hecho más que extremarse y abrir más si cabe la brecha social.

Así, son los acólitos del poder quienes se aprovechan del sistema clientelar, mientras que los beneficios sociales para ayudar a los más desfavorecidos siguen un marcado patrón de rédito electoral: las ingentes ayudas sociales de la era Modi han permitido aumentar la base electoral del BJP, que cuenta con el apoyo de castas inferiores olvidadas y, pese a los discursos de odio, de musulmanes sin recursos que priorizan llenar el estómago a la identidad religiosa.

PARALELISMOS CON ERDOGAN

Con más de una década de diferencia en su primer triunfo electoral, y salvando las distancias identitarias y religiosas entre Turquía e India, el auge del BJP guarda similitudes con el AKP del líder turco Recep Tayyip Erdogan. Los años noventa estuvieron marcados por milicias armadas y Gobiernos inestables tanto en India como en Turquía.

Ambas formaciones llegaron al poder por acumulación de hartazgo con el sistema y prometiendo cambios democráticos. Sin embargo, olvidaron sus promesas tras la primera legislatura y, a través de una Justicia connivente, viraron hacia el autoritarismo: sobre todo desde 2019, en India hay decenas de activistas, académicos y estudiantes encarcelados sin pruebas a la espera de juicio, y en 2020, Amnistía Internacional tuvo que abandonar sus operaciones en el país. Muchas personas ya no se atreven a salir a protestar y la oposición política sufre campañas de persecución y desprestigio. Por eso, hay quienes cuestionan si India sigue siendo la mayor democracia del mundo o camina hacia la autocracia.

Ante esta situación, la oposición ha decidido dejar a un lado sus diferencias para formar alianzas antinaturales a las que solo les une el rechazo profundo a Narendra Modi. Y, aunque insuficiente, parece funcionar: en 2024, el BJP obtuvo la mayoría en el Parlamento debido a una alianza de fuerzas de derecha y políticos oportunistas, pero perdió 63 diputados hasta quedarse en los 240, lo que certificó el peor el resultado de la era Modi.