
El último trimestre ha cruzado los límites hasta ahora conocidos en lo que hace a la crispación política y la agresividad en la conversación pública de la órbita estatal. De las menciones de Feijóo a los presuntos prostíbulos de los que se benefició Sánchez por un familiar político a las llamaradas de fuego xenófobo de Abascal sobre los migrantes. El discurso está incendiado, especialmente en la burbuja del Madrid-sistema, y las encuestas demuestran las consecuencias.
Según un reciente trabajo elaborado por la consultora Ipsos, se ha instalado la sensación que vivimos en una sociedad «rota» (55%) y en «decadencia» (57%), un pesimismo que escala en los votantes de derecha española (llega al 88% en el segmento de Vox).
El informe, llamado ‘Populismo en España 2025’, señala que el 45% opina que la dirigencia política es el principal problema, seguido por la vivienda (15%) y la economía (12%). La desafección política se hace evidente con algunas respuestas: el 72% cree que los dirigentes «no se preocupan» por la gente común, y el 68% responde que «los expertos no entienden la vida de la gente común». Un porcentaje similar expresa «desconfianza» en los medios de comunicación tradicionales.




Más preocupante aún es que uno de cada tres encuestados creen que es necesaria la llegada de un «líder fuerte que rompa normas». El director de Opinión Pública de Ipsos, Paco Camas, señala a NAIZ que esa es «la pregunta importante» del estudio y que muestra cómo el Estado español tiene «síntomas de que ese tipo de percepciones está calando cada vez más, aunque todavía no goza de mucha trascendencia».
La añoranza por un líder autoritario al estilo Milei o Bukele «está circunscrita a un tipo de ciudadano concreto, no se sabe si eso irá en aumento o no, pero sí se ve la tendencia con respecto al pasado: hay un incremento de esos indicadores». Igualmente, recalca que todavía se está lejos de los casos de Hungría, Argentina o Estados Unidos, pero sí se ven «síntomas de que se puede derivar en ello».
El llamado por Ipsos ‘Índice de Sociedad Rota’ llega en el Estado español a 60 puntos, bastante alto aunque por debajo de lo s68 del Reino Unido, los 64 de Argentina o los 63 del Estado francés
Ipsos elabora un Indice de Sociedad Rota en el cual se tienen en cuenta varias respuestas de los encuestados relativas a la brecha entre élites y ciudadanía y la confianza en las instituciones. En el caso del Estado español, ese índice registra 60 puntos (en Reino Unido es 68, en Argentina 64 y en Francia 63). «Es bastante alto y muestra que la sociedad española tiene de las confianzas más bajas en las instituciones de toda Europa. Es algo estructural en la cultura política. Que vean a la política como principal problema es un fenómeno más reciente, del último lustro, hay saturación».
Hace tiempo ya que el bipartidismo ha dejado de existir y el sistema ha derivado en un juego de dos bloques con algunas líneas rojas entre ambos y poca, casi imposible, transferencia de votantes de un lado al otro. Eso también repercute en las opiniones de forma contundente: «En estos momentos ese bibloquismo está muy presente, aunque hay cierta apertura de electores que van de izquierda a derecha, algunos votantes del PSOE que ahora votarían al PP. Es una fuga poco significativa, aunque sería decisiva en el reparto de escaños. Pero sí, todos los posicionamientos respecto de cualquier temática están atravesados por el descontento frente al gobierno o su defensa».
Sin embargo, al ser preguntado por dónde hay puntos en común, Camas responde que «hay convergencia [entre los dos bloques} en que se debe gastar más en servicios fundamentales y sanidad, y en la regulación de las nuevas tecnologías, y en que la vivienda es un problema».
El 65% cree que las cuestiones más importantes de la política deberían decidirse a través de referendos y no por los cargos electos. Del tercio que responde que anhela un líder autoritario, casi la mitad está en el segmento de nivel de formación académica más bajo y es el 54% de los votantes de Vox y 40% de los del PP.
Los ciudadanos del Estado español no entran de lleno, al menos por ahora, en la ola reaccionaria contra los migrantes. Y las posiciones xenófobas permanecen minoritarias: solo el 33% cree que la sociedad sería mejor si se frenara la inmigración (tesis apoyada por el 71% de los votantes de Vox y por el 48% del segmento más longevo).
En el inicio del nuevo curso político, la pregunta podría ser si el debate bronco y el alto voltaje de agresividad persistirá. «Yo veo claramente una continuidad, acentuando más la conflictividad política. Lo estamos viendo porque la oposición está tratando de presionar lo máximo posible, para contribuir a un estado de situación claramente de intento de hacer caer el gobierno y que se convoquen elecciones generales lo antes posible. El Gobierno y los partidos que lo conforman están a la defensiva, tratando de navegarlo, rearmándose para salir al contraataque. Mi previsión es una conflictividad acentuada», dice Camas.
Un punto de esperanza: «Las personas de más de 50 años mantienen el recuerdo, aunque sea heredado, de la dictadura y por lo tanto hay una enorme cultura de protección de la democracia», dice Camas
Además, advierte que tras la crisis por la DANA y del apagón de abril, «se observa el crecimiento de Vox, que capitaliza estos momentos de desgaste y de cuestionamiento técnico, de desencanto». Sobre la irrupción de un liderazgo autoritario, considera que «es posible que así suceda, y que crezca la percepción social de esa necesidad, aunque hay capas sociales vacunadas: la sociedad está envejecida y las personas de más de 50 años mantienen el recuerdo, aunque sea heredado, de la dictadura y por lo tanto hay una enorme cultura de protección de la democracia. La pulsión autoritaria está creciendo y particularmente más en la gente joven, pero no llega a ser tan transversal y general».
En los encuestados hay un hecho diferencial, que se desancla del resto de las regiones del Estado. «En el País Vasco notamos que el clima social y político es muy diferente, actualmente es mucho más tranquilo y el descontento con las instituciones es significativamente inferior. De hecho, la evaluación de los líderes de los partidos y de la situación económica allí es mucho mejor comparada con el resto» explica.
Tras un agosto marcado por los peores incendios en tres décadas al oeste de la península, y la reacción acusatoria del PP para con el Gobierno central sin margen de colaboración, pocos esperan que la segunda semana de septiembre, cuando el Congreso retome su plena actividad, exhiba un cambio de tono sosegado y reflexivo. Lo alarmante es que, según las encuestas, buena parte de los votantes de las derechas ya han comprado y bendicen la confrontación total.

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