Soledad GALIANA

Visto para sentencia el juicio a un soldado por el Bloody Sunday

El miércoles 24 de septiembre, un juez de Derry decidirá si la evidencia histórica contra el Soldado F, acusado de la muerte de dos civiles durante el Bloody Sunday, es suficiente para la apertura de un juicio que pondría fin a la impunidad del Estado británico durante el conflicto norirlandés.

Un veterano del Ejército británico en los exteriores del tribunal.
Un veterano del Ejército británico en los exteriores del tribunal. (PAUL FAITH | AFP)

El pasado lunes arrancó el esperado juicio contra uno de los ejecutores de las masacre del Domingo Sangriento en Derry. El denominado soldado F está acusado de dos asesinatos y cinco intentos de asesinato el 30 de enero de 1972, cuando el Regimiento de Paracaidistas abatió a tiros a 13 manifestantes por los derechos civiles en Derry, un suceso decisivo en el conflicto en el norte de Irlanda. Otra persona que murió cuatro meses después es considerada ampliamente la decimocuarta víctima.

El Soldado F, presente en el juicio y con su anonimato protegido por una serie de cortinas que le separaban del resto de la sala, se declaró inocente de las muertes de James Wray y William McKinney y del intento de matar a otras cinco personas -Joseph Friel, Michael Quinn, Joe Mahon, Patrick O'Donnell y una persona desconocida-durante su comparecencia ante el juez Patrick Lynch.

La fiscalía inició el juicio denunciando el ataque de los soldados contra civiles desarmados en un uso «injustificado y gratuito» de la fuerza durante el Domingo Sangriento. El fiscal, Louis Mably, afirmó que la fiscalía se centraría exclusivamente en los tiroteos ocurridos en un patio en el área denominada Glenfada Park North.

Tiroteados cuando huían

Durante la apertura del juicio, Mably describió que el acusado formaba parte de un pequeño grupo de soldados que se desplazaron hacia el oeste desde la calle Rossville hacia ese patio. «Al final del camino, los civiles, temerosos de la aproximación de los soldados, comenzaron a correr por el patio hacia un hueco en una de las esquinas para escapar». El fiscal aseguró que los soldados, actuando como una unidad y, por tanto, con responsabilidad conjunta, abrieron fuego con sus rifles semiautomáticos contra los civiles cuando estos huían.

La fiscalía afirma que el tiroteo fue injustificado, ya que los civiles en el patio no representaban una amenaza para los soldados y estos eran conscientes de ello. Los civiles estaban desarmados y sufrieron el ataque de los soldados mientras buscaban refugio o intentaban escapar. Según Mably, el uso de armas semiautomáticas demuestra «la intención de matar, o al menos de causar heridas realmente graves», y recordó que los soldados habían querido revictimizar a los civiles afirmado falsamente que las personas a las que dispararon estaban armadas con bombas caseras y escopetas. Un intento de justificar una masacre que fue aceptado por un tribunal presidido por John Widgery, que en 1973 absolvió a los soldados de toda culpa bajo los auspicios del estado británico.

La masacre, y el intento de ocultamiento de la verdad por parte del Estado británico, fueron el inicio de una campaña por parte de las familias de las víctimas y heridos, y la población nacionalista de Derry, que adquirió un carácter internacional y que en 1998, a consecuencia del proceso de paz, consiguió la apertura de un nuevo tribunal de investigación, a cargo de Mark Saville, quien, tras siete años de testimonios, publicó un informe que concluía que las muertes fueron “injustificadas e injustificables». El gobierno británico del conservador David Cameron se disculpó por la masacre.

Ocaso trascendental

El caso contra el soldado F ha sido descrito como trascendental por los familiares de los masacrados durante el Domingo Sangriento, pero también para acabar con la impunidad de las Fuerzas Armadas británicas en Irlanda. Familiares de las víctimas y simpatizantes marcharon hacia el tribunal tras una pancarta que rezaba «Hacia la justicia». John McKinney, hermano de William McKinney, declaró a a las afueras del tribunal que «nos ha llevado 53 años llegar a este punto, y hemos luchado contra todo pronóstico. Todo lo que hemos logrado hasta ahora ha sido gracias a un compromiso incansable y a nuestra negativa a rendirnos».

McKinney afirmó que, independientemente del resultado del caso, los familiares y víctimas están en el lado correcto de la historia. «Hoy depositamos nuestra confianza en la Fiscalía para que concluya su labor. Esperamos que no nos defraude», aseguró..

El primer paso en este caso es que el juez acepte la inclusión de las declaraciones de otros dos soldados, denominados G y H, que sitúan al soldado F en el lugar donde tuvieron lugar los asesinatos de Jim Wray, de 22 años, y William McKinney, de 26, en Glenfada Park North, y que afirmaron le vieron disparar contra los civiles.

Las declaraciones de los soldados G y H ante la Real Policía Militar (RMP) en 1972, así como las declaraciones y el testimonio oral presentados ante la Investigación Widgery ese mismo año, son cruciales para la acusación. Pero la defensa del soldado F apunta que las declaraciones ante la RMP se ordenaron bajo coacción, sin que los soldados tuvieran acceso a asesoramiento legal, y que el testimonio ante Widgery fue «igualmente obligado».

Durante el juicio se ha confirmado la muerte del soldado G y el soldado H ha indicado que no declarará en el caso, invocando su derecho de no autoincriminarse, lo cual haría imposible la confirmación de sus declaraciones de hace 53 años. El fiscal afirmó que según las declaraciones del soldado G y H en 1972, los tres soldados estaban presentes en el Glenfada Park North, y en su declaración, el soldado G afirmó haber visto a dos hombres de pie a unos 25 metros de él, armados con lo que creía que eran rifles pequeños. El soldado G, ya fallecido, declaró haber disparado tres tiros dirigidos a uno de los hombres, a quien vio caer al suelo, y que el soldado F disparó al mismo tiempo y que vio caer a otro supuesto «pistolero».

Cuando se le preguntó si el soldado F disparó al mismo tiempo que él, el soldado G dijo: «Sé que F había disparado; estaba a mi lado. Me di cuenta de que estaba disparando. Era consciente de que estaba disparando».

En cuanto a la declaración del soldado H, Mably afirmó que el soldado también admitió haber disparado en Glenfada Park North y declaró: «Vi a F disparar a un hombre cerca de la abertura en la esquina suroeste de la plaza». El soldado H también afirmó haber disparado a un joven que tenía una bomba de clavos en la mano. Aunque el Soldado H sigue con vida, el tribunal tuvo conocimiento de que se le ha solicitado que declare en el juicio, pero su abogado ha indicado que, si se le obliga a comparecer, ejercerá su derecho a no autoincriminarse.

«Declaración falsa»

Durante la apertura del juicio, a principios de esta semana, Mably afirmó que estos dos soldados dieron una «declaración falsa» de que los civiles entre la multitud estaban armados, con el fin de intentar justificar lo sucedido. Añadió que, si bien las declaraciones eran «veraces en algunos aspectos, pero falsas en otros», ambas afirmaban que el Soldado F abrió fuego y que no habría "ninguna razón importante para mentir al respecto”. El fiscal principal sostuvo que estas declaraciones, en conjunto, constituían una «prueba decisiva» y que podían «demostrar» que el Soldado F disparó contra civiles.

El argumento de la defensa es que, dado que se les negaba la oportunidad de comprobar la veracidad y exactitud de las declaraciones proporcionadas, estas no debían presentarse como prueba. Mark Mulholland, abogado defensor, afirmó que el relato del Soldado H sobre lo ocurrido en Glenfada Park North el Domingo Sangriento había sido objeto de una serie de defectos, inconsistencias y mentiras a lo largo de los años, y su intención era crear un relato para justificar sus propias acciones ese día, afirmando que el soldado H había disparado 22 balas, más que cualquier otro soldado ese día. »En este caso, no tenemos la capacidad de comprobar y evaluar adecuadamente la fiabilidad del material», declaró Mulholland.

La falta de evidencias históricas como excusa

En ocasiones anteriores, la no admisión de pruebas de carácter histórico han llevado al abandono de casos contra soldados involucrados en muertes de civiles en el norte de Irlanda. La decisión de acusar al Soldado F fue tomada por el Servicio de Fiscalía Pública (SFP) en 2019. Sin embargo, los intentos de llevar a los tribunales a los miembros de las fuerzas armadas británicas han sido infructuosos. En 2021, se desestimó el caso en el juicio de otros dos veteranos acusados de un asesinato en Belfast en 1972, al desestimarse evidencia histórica sobre el suceso.

Seguidores del Soldado F y otros veterano se congregaron frente al tribunal durante la apertura del juicio. David Johnstone, comisionado de veteranos de Irlanda del Norte, afirmó que el proceso de legado —un intento de abordar las muertes no resueltas de la época de las Troubles— había expuesto a los ex-soldados a una «demonización generalizada» y los había dejado con un sentimiento de ira y traición.

Se esperaba para ayer la publicación de el borrados de acuerdo entre los gobiernos irlandés y británico, que están debatiendo maneras de derogar la Ley de Legado, un intento del anterior gobierno conservador de Boris Johnson que pretendía eliminar los procesamientos por crímenes cometidos durante el conflicto irlandés, y que el gobierno de Dublín llevó a la corte internacional.