
Nigeria ha insinuado que probablemente se producirían más ataques contra grupos yihadistas tras los perpetrados por las fuerzas estadounidenses en la noche del jueves en el norte del país.
«Es un proceso continuo y estamos trabajando con Estados Unidos. También estamos cooperando con otros países», ha afirmado el ministro de Exteriores, Yusuf Tuggar.
«Fue Nigeria quien proporcionó la información» a Washington, ha declarado Tuggar, indicando que habló al menos dos veces con el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, para confirmar esta operación, forzada por la presión de Donald Trump y la ultraderecha cristiana estadounidense.
El Pentágono ha confirmado su colaboración para llevar a cabo estos ataques, autorizados por el presidente, Bola Tinubu, en los que ha asegurado haber «matado a varios terroristas del ISIS» en el estado de Sokoto, pero en un área donde no se conocía la presencia yihadista hace tiempo.
Más de una decena de misiles Tomahawk fueron disparados desde un buque de la Armada estadounidense desplegada en el golfo de Guinea.
Residentes de aldeas del estado de Sokoto, fronterizo con Níger, dijeron estar conmocionados por los ataques aéreos. «Escuchamos una fuerte explosión que sacudió toda la ciudad y todos estábamos asustados», declaró Haruna Kallah, residente de Jabo.
«Al principio, pensamos que se trataba de un ataque de Lakurawa (un grupo armado vinculado al Estado Islámico en el Sahel), lo cual nos sorprendió porque esta zona nunca ha sido un enclave de Lakurawa y no hemos sufrido ningún ataque en los últimos dos años».
Trump esgrime un «genocidio cristiano»
Trump, la ultraderecha cristiana en EEUU y Europa, y grupos separatistas nigerianos que mantienen influencia en Washington argumentan una persecución religiosa que el Gobierno nigeriano no comparte.
Así, Tuggar ha enfatizado que Nigeria «combate el terrorismo» sin tener en cuenta la religión de las víctimas.
«Previamente advertí a estos terroristas que si no detenían la masacre de cristianos, lo pagarían muy caro, y esta noche lo pagaron», declaró Donald Trump el jueves en su plataforma Truth Social.
Añadió que el Ministerio de la Guerra «ha llevado a cabo numerosos bombardeos perfectos» el día de Navidad.
Estos ataques marcan la primera intervención militar estadounidense en el país más poblado de África bajo el mandato de Trump, quien se presenta como el líder que ha acabado con ocho guerras –conflictos que no ha cerrado– pero que en realidad ha bombardeado en su primer año de mandato al menos siete países diferentes.
«Trump no habría aceptado una negativa»
Afirmando que los cristianos en Nigeria se enfrentan a una «amenaza existencial» que raya en el «genocidio», amenazó el mes pasado con recurrir a la acción militar. La amenaza surtió efecto y las autoridades nigerianas han accedido finalmente a demostrar su «cooperación» con EEUU.
«Creo que Trump no habría aceptado una negativa de Nigeria», opina Malik Samuel, analista de la ONG Good Governance Africa, a pesar de que, insiste, «las víctimas en el noroeste del país mayoritariamente musulmanes».
El gobierno de Nigeria había respondido hasta ahora a la amenaza militar de Trump diciendo que tenía la intención de trabajar con Washington contra los combatientes mientras rechazaba el lenguaje estadounidense que sugería que los cristianos estaban en particular peligro.
El opositor Partido Democrático del Pueblo (PDP) ha criticado al gobierno de Nigeria por no anunciar el ataque el noroeste del país antes de que la noticia fuera hecha pública por Trump.
Peligro de aumentar los conflictos
El director del Centro de Defensa Legislativa de la Sociedad Civil (CISLAC), Auwal Musa Rafsanjani, rechaza también la narrativa de Trump «Los musulmanes están siendo asesinados y acosados todos los días por los mismos criminales. El debate debe ser sobre la vida humana, no sobre la religión o la geografía», afirma.
Rafsanjani subraya que los nigerianos de cualquier religión son víctimas del «terrorismo» y advierte que afirmar lo contrario puede desencadenar mayores tensiones étnicas o religiosas.
Destaca que cualquier intervención, local o extranjera, debe priorizar la exactitud, la rendición de cuentas y la protección de vidas inocentes y subraya que el empeoramiento de la situación de seguridad de Nigeria debe achacarse la corrupción y la incapacidad de décadas del gobierno para tratar con decisión a los grupos armados.
Nigeria está dividida prácticamente a partes iguales entre el sur, predominantemente cristiano, y el norte, predominantemente musulmán. Potencia petrolífera, es además una de las economías emergentes más importantes del continente y del mundo.
Este país de África Occidental se enfrenta a varias crisis de seguridad interconectadas, con yihadistas (Boko Haram e ISIS) combatiendo en el noreste desde 2009 y bandas armadas saqueando aldeas y llevando a cabo secuestros en el noroeste, además de grupos secesionistas, confllctos que han provocado al menos 35.000 muertos y dos millones de desplazados.
Las víctimas son tanto cristianos como musulmanes, en ataques generalmente indiscriminados.

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