Ainara Lertxundi
GARAren edizio taldeko kidea / Miembro del equipo de edición de GARA
Elkarrizketa
Paula Gaviria
Relatora especial sobre los Derechos Humanos de los Desplazados Internos

«Si no existen en las estadísticas, los desplazados se vuelven invisibles»

En el informe que presentó el 21 de octubre ante la Asamblea General de la ONU, Paula Gaviria, Relatora Especial sobre los Derechos Humanos de los desplazados internos, hace hincapié en que «los entornos urbanos –donde vive la mayoría– pueden ofrecer más seguridad, pero también riesgos».

Paula Gaviria en el tercer foro interregional de legislación y políticas en materia de desplazamiento interno, que tuvo lugar en Sanremo (Italia), del 1 al 3 de octubre.
Paula Gaviria en el tercer foro interregional de legislación y políticas en materia de desplazamiento interno, que tuvo lugar en Sanremo (Italia), del 1 al 3 de octubre. (Nadine Walicki (ACNUR))

«El crecimiento demográfico, la migración del campo a la ciudad, el cambio climático y el desplazamiento debido a conflictos, desastres y presiones socieconómicas están impulsando la expansión de las ciudades a un ritmo sin precedentes. En 2024, el número de desplazados internos en todo el mundo alcanzó los 83,4 millones, la cifra más alta jamás registrada, lo que eleva las estimaciones de desplazados internos urbanos a 50 millones aproximadamente», afirma en el informe presentado el pasado 21 de octubre en la Asamblea General de la ONU Paula Gaviria, Relatora Especial sobre los Derechos Humanos de los Desplazados Internos.

Sostiene que «los entornos urbanos pueden ofrecer más seguridad, servicios y potencial económico a los desplazados internos, pero también exponerlos a riesgos como la explotación, la discriminación, la vivienda precaria y la inseguridad». Sobre todo ello ha conversado Gaviria con NAIZ en una videollamada.

En 2024, el número de desplazados internos en todo el mundo alcanzó los 83,4 millones, la cifra más alta registrada.

Efectivamente, es la cifra más alta de las últimas décadas. Las causas siguen siendo los conflictos, la violencia y el aceleramiento del cambio climático. La mayoría de las personas que se desplazan están viviendo en zonas urbanas y la tendencia es quedarse. El informe analiza los desafíos y riesgos que enfrentan las personas al llegar a las ciudades, pero también las oportunidades que estas les ofrecen.

¿A qué desafíos se enfrentan?

Uno de ellos es la dificultad para identificar a las personas desplazadas y cuáles son sus necesidades. Otro, la invisibilidad jurídica. Cuando las personas se desplazan lo primero que dejan atrás son sus documentos de identidad, tarjeta sanitaria, certificados académicos, laborales o bancarios; todo aquello que los habilita para acceder a los diferentes servicios que ofrecen las ciudades.

Otro fenómeno común al que se enfrentan es la falta de tenencia formal de vivienda. Se exponen a posibles derrumbes porque muchas veces viven en asentamientos informales o en infraestructuras que no son sólidas, y deben hacer frente a la amenaza constante de desalojos forzosos y explotación, lo que puede dar lugar a un desplazamiento adicional, que a su vez profundiza el trauma y la inestabilidad que viven.

El cuarto desafío son la marginalidad económica y las barreras para acceder a un empleo o tener algún tipo de ingreso. Quienes trabajan lo hacen habitualmente en el mercado informal, siendo expuestos a ser explotados.

Esto se cruza con el informe anterior que presenté sobre el crimen organizado, porque debido a la vulnerabilidad con la que llegan, estas personas son las primeras expuestas a ser utilizadas por grupos criminales.

Otro factor que hemos identificado es la discriminación y estigmatización por la creciente criminalidad en las ciudades. Las personas desplazadas son vistas por la comunidad de acogida como sospechosas. Además, la competencia por los recursos y la distribución de las ayudas puede generar tensiones. Debido a los contextos tan polarizados que se dan en muchos países del mundo, es difícil integrar a las personas desplazadas como ciudadanas de pleno derecho.

 

«No se debería exigir a la persona que tenga todos su papeles al día porque no tiene cómo hacerlo y la carga debería de estar en los Estados»

 

Otro tema clave es el impacto en la salud mental, sobre todo en las comunidades con identidades culturales o religiosas específicas, o que antes del desplazamiento mantenían una vida más comunitaria.

Debemos incidir también en la falta de recursos que tienen las alcaldías, las municipalidades y las autoridades locales para enfrentar todos estos desafíos. Los recursos provienen principalmente de donantes internacionales, no de presupuestos públicos. Con la crisis de falta de financiación que afronta el mundo, es probable que haya menos ayudas.

¿Qué consecuencias acarrea la invisibilidad jurídica?

La documentación es la puerta a la ciudadanía y a ser sujetos políticos, porque sin identificación personal no puedes ni votar. Si no existen en las estadísticas, los desplazados se vuelven invisibles.

Muchos Estados están tratando de reducir la necesidad de documentación legal. Cuando en Colombia dirigía la política de víctimas lo primero que hicimos fue tratar de disminuir la carga que supone tener que demostrar que eres quien dices ser, la veracidad de los hechos relatados...

En Mozambique, el Gobierno diseñó una campaña móvil de registro civil para que los desplazados pudieran registrarse de manera rápida a través de una aplicación. Eso permitió un rápido acceso a la educación, a ser sujetos de créditos bancarios.

No se debería exigir a la persona que tenga todos su papeles al día porque no tiene cómo hacerlo y la carga debería de recaer en los Estados.

¿Qué impactos emocionales sufre un desplazado interno?

Las personas desplazadas llegan con lo que alcanzan a llevarse cuando huyen. En esa maleta no solo llevan lo poco que pueden rescatar, sino también muchas pérdidas –familiares, materiales, identitarias–. Pero también llevan la esperanza de poder ofrecerle un futuro mejor a la familia. Expectativas que chocan con el aislamiento, discriminación, exclusión, invisibilidad, vulnerabilidad, desprotección y estigmatización que encuentran cuando llegan.

Algunos presentan traumas que necesitan una respuesta médica, pero muchas veces los servicios de salud mental no están disponibles para las personas desplazadas por ese ciclo de invisibilidad del que hablábamos, la falta de recursos etc. La mayoría de las veces, lo que necesitan es sentir que son parte de algo y que su dignidad y diversidad es respetada y reconocida.

No hay que ver la salud mental como algo exclusivo del ámbito sanitario. Las intervenciones en sectores como la vivienda, los medios de subsistencia y la educación pueden mejorar considerablemente el bienestar psicosocial.

 

«Uno de los desafíos es la dificultad para identificar a las personas desplazadas y cuáles son sus necesidades»

Hablamos de bienestar emocional, de cómo rehacer la vida de una manera digna y tranquila, de cómo integrarse en todos los ámbitos de la sociedad, no solo cómo atender las necesidades médicas. La inclusión e integración es mucho más alta y permanente cuando las personas han recibido o sentido que hay un cuidado por su salud emocional y bienestar general.

Las autoridades locales no siempre son conscientes de ello y ven la inversión en salud emocional como algo adicional que cuesta mucho dinero y para lo cual no hay recursos. No ven que se trata de una inversión en ese ser humano, que va a ser mucho más productivo, autónomo y capaz de afrontar y de aportar a la ciudad si está bien consigo mismo.

¿Cómo ve la cohesión social en estos tiempos en los que proliferan los discursos de extrema derecha?

Desafortunadamente, estamos en un momento en que nos hemos deshumanizado y nos cuesta ver al otro como alguien que es parte de uno mismo y de la humanidad, y creamos barreras, límites y distancias por las cuales, sobre todo en contextos de empobrecimiento, de falta de recursos o de violencia, las personas desplazadas son vistas como un extraño que viene a competir con nosotros por el acceso a los escasos servicios del Estado. Se mira al otro como sospechoso.

La responsabilidad frente a las personas desplazadas es de los gobiernos, que deben de desarrollar políticas no discriminatorias, marcos legales con enfoques comunitarios… Hay que generar respuestas más incluyentes e integrales, no tanto sistemas paralelos, y tener una visión de ciudades donde todas las personas caben, sin discriminación.

 

«Las ciudades tienen la obligación de facilitar que puedan construir ese futuro en esa ciudad»

 

También es importante la articulación y el trabajo con los medios de comunicación, los organismos de derechos humanos, las universidades... porque muchas veces se parte de la ignorancia. Hay estudios e investigaciones que corroboran que las personas migrantes, refugiadas y desplazadas han mejorado los indicadores de desarrollo; no necesariamente aumentan los indicadores de violencia y criminalidad, es decir, no hay una correlación. Todo eso hay que hacerlo visible, porque muchas veces lo único que se ve son los casos negativos.

En el informe hago hincapié en la necesidad de trabajar los componentes intangibles –reintegración, salud mental, identidad, confianza, pertenencia y cohesión social– para generar bienestar y mitigar posibles tensiones.

Esto no se puede hacer si no se fortalece el trabajo de las autoridades locales. Se necesita una cooperación internacional que rodee a estas autoridades con asistencia técnica, financiación flexible y un sector privado y una sociedad involucrada para fomentar el bienestar de todas las personas que habitan un lugar específico.

¿Cómo la valora la acogida de este informe por parte de los Estados?

En el encuentro y diálogo que mantuvimos en la Asamblea General, todos reconocieron la importancia de mirar el desplazamiento en las ciudades como un fenómeno de largo plazo.

Empecé la presentación del informe con una frase de una madre desplazada. Ella decía que llegaron desplazados a la ciudad, pero que aún estaba buscando su hogar.

Esa es la apuesta del informe. ¿Cómo ayudamos a las personas que llegan a que encuentren su hogar, entendiendo por hogar todo aquello que hace que una persona quiera y sienta que puede construir en ese lugar un futuro con dignidad?

Muchos países, por no querer asumir los desafíos que implica atender a la población que llega, fomentan que retornen. Lo que defiendo en el informe es que la integración local es también una solución para las personas desplazadas. Las ciudades tienen la obligación de facilitar que puedan construir ese futuro en esa ciudad.

 

«Las personas desplazadas son vistas como un extraño que viene a competir con nosotros»

Cuanto antes aceptemos que las personas desplazadas están mayoritariamente escogiendo quedarse en los entornos urbanos, más rápidamente vamos a poder responder a los desafíos que esto implica.

Hubo una muy buena respuesta frente a esto y frente a que la vía para que esas personas se sientan parte de los entornos urbanos no siempre es un ladrillo o una casa física. Lo material requiere de esos componentes intangibles para que pueda ser sostenible, duradero en el tiempo y tener sentido para las personas. Dicho esto, debemos de aclarar que las personas siempre mantienen su derecho a retornar al lugar que dejaron atrás.

Me siento esperanzada porque creo que hay con quién trabajar. Este informe me ha llevado a lo concreto, a las realidades de las personas desplazadas y de quienes tienen obligaciones con ellas. Cuando las autoridades locales son empoderadas y tienen la asistencia técnica adecuada han hecho cosas maravillosas. Tenemos las herramientas, el conocimiento, las evidencias y ahora lo que toca es hacer la tarea.

Siento que hay una mirada distinta frente a la inclusión. O vemos el desarrollo como algo que es para todos los habitantes de una ciudad o no lo es para nadie. No podemos tapar el sol con las manos y dejar para después el problema.

Usted dirigió la Unidad de Víctimas de Colombia, que durante décadas ha sido el segundo país del mundo con más desplazados internos. ¿Qué lecciones positivas y negativas deja?

En positivo, Colombia tiene una experiencia de más de 28 años trabajando por la integración de las personas desplazadas por lo que cuenta con marcos normativos, políticos, sistemas de información; tenemos el registro de víctimas más sólido y grande del mundo.

Sumado a ello tenemos un proceso de paz que ofreció a las víctimas respuestas adicionales con la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda.

Sin embargo, actualmente, Colombia enfrenta grandes desafíos para materializar esa reparación por la persistencia de la violencia. Si bien no es la misma realidad de hace unos años, hay repuntes de violencia y desplazamiento en varias zonas del país, lo que hace que las personas vuelvan a tener miedo e incertidumbre y no se cumpla la garantía de no repetición del acuerdo de paz.

No obstante, lo logrado hasta ahora se mantiene, la institucionalidad como la sociedad colombiana son fuertes, las víctimas están organizadas y pese a esta realidad seguimos siendo vistos como un referente.