Aritz Intxusta
Redactor de actualidad

El alza imparable del precio de la vivienda mueve al elefante europeo

La Comisión Europea está desplegando su plan para fomentar la vivienda asequible, que abandera la ex ministra española Teresa Ribera. Si bien una iniciativa así en esta materia no tiene precedentes y supone el reconocimiento de un gran problema, ya ha recibido las primeras críticas por timorato.

Teresa Ribera y Stéphane Séjourné, los dos comisionados europeos que apadrinan el primer plan conjunto de la UE para tratar de reconducir el mercado de la vivienda.
Teresa Ribera y Stéphane Séjourné, los dos comisionados europeos que apadrinan el primer plan conjunto de la UE para tratar de reconducir el mercado de la vivienda. (John THYS | AFP)

Desde mediados de este mes, la Unión Europea cuenta con su primer organismo coordinado para tratar de contener los precios de la vivienda. El primer punto positivo del plan es que la Comisión asume ya que tiene un problema y le ha puesto cifras: los precios de la vivienda han aumentado en más del 60% y los alquileres en más del 20% de media en los últimos diez años.

Existe, además, otra razón que verbalizó Dan Jørgensen, el primer comisario de vivienda de la UE, quien confesó: «Si no resolvemos este problema, corremos el riesgo de dejar un vacío que ocuparán fuerzas políticas extremistas».

La nueva normativa europea consolida conceptos con los que Euskal Herria está empezando a familiarizarse, como la designación de zonas de mercado tensionado, que dan pie a un mayor grado de protección. O la consagración de que hay que regular de manera más eficiente las plataformas de alquiler turístico, que ya se han comido un 20% del espacio residencial de algunas de las ciudades europeas.

Otra resonancia que tiene el plan con políticas que ya están arrancando en Nafarroa es la idea de asequibilidad (affordability) que da nombre a la iniciativa. El concepto es singular, porque asume que hay que generar un tercer ámbito, un tercer mercado de vivienda.

Hasta ahora, había dos espacios: el libre y el protegido. Lo que la UE se plantea es que debe haber vivienda para las personas en exclusión o al borde de ella, que debe haber vivienda libre para quien pueda pagarla, pero que también debe garantizarse la vivienda a las personas que no están en exclusión, pero que debido al alza del mercado ya no pueden acceder a un lugar digno en el que vivir.

En esta idea de garantizar la vivienda en función del perfil económico se añade un matiz más, cuyo desarrollo está por ver. Porque la CE se plantea que determinadas personas, como los trabajadores esenciales, tengan un acceso preferente a estas viviendas asequibles.

Acelerar la construcción y sin el acento en la regulación

El gran problema que han manifestado los activistas por una vivienda digna tiene que ver con el cómo piensan garantizar la vivienda asequible. El núcleo de la propuesta de la Comisión Europea es construir más, mucho más.

Según sus cálculos, deben salir al mercado dos millones de viviendas cada año, lo que supone incrementar lo que se construye y rehabilita en 650.000 más. Acelerar el 50%.

Lo quieren conseguir con dinero y reducción de los trámites burocráticos. La CE espera movilizar 375.000 millones de euros en vivienda para 2028, a través de la activación de bancos públicos y regionales. Sin embargo, no han conseguido un fondo de vivienda específico que se financie con deuda común, como los fondos NextGen. Es decir, la CE va a actuar en vivienda, pero no con todos los medios económicos de los que es capaz.

La normativa, además, incluye otras innovaciones de corte más técnico, ligadas a la eficiencia energética y al empleo de nuevos materiales, como los prefabricados, para abaratar los costes de esa gigantesca nueva hornada de casas que pretenden sacar adelante.

En este sentido, la normativa fortalece el papel de la institución denominada Nueva Bauhaus Europea, que estaba asociada hasta la fecha a la sostenibilidad. Los Verdes y la izquierda europea cuestionan que, normativamente, se podía haber apretado más. Que esas nuevas zonas tensionadas no incluyen un tope al alquiler como por defecto llevan las que se han decretado en Euskal Herria.

Esto ha motivado cierto rifirrafe político entre PP y PSOE en el Estado español, porque sí que Europa se mueve en sintonía con las decisiones adoptadas por Pedro Sánchez, pero no ha ido tan lejos como el PSOE sobre los alquileres.

Independientemente de lo que digan unos y otros para respaldar sus relatos, sí que es cierto que este plan tiene un aura socialista. Es más, conseguir sacar adelante este plan de vivienda es uno de los elementos que firmaron los socialistas europeos para apoyar la candidatura de Ursula von der Leyen.

De ahí también que denote cierta falta de entusiasmo. Por otro lado, el plan contempla la creación de instituciones de observación comunes con el objeto de que, si algún estado da con una medida que funciona, esta sea exportable a otras zonas de la UE.

Paradójicamente, la apuesta de este plan por la regulación del mercado a través del aumento de la oferta (construyendo) no favorece un impacto inmediato como el que buscaba el comisario para frenar la captación del descontento por parte de la ultraderecha.