Aunque las autoridades esperan a tener más datos para ofrecer la versión exacta, los testimonios de los supervivientes dejan claro el cóctel explosivo que desencadenó la tragedia del bar de los Alpes.
Se han confirmado ya 47 víctimas mortales, pero se temen más en las próximas horas o días, puesto que muchos de los heridos sufren gravísimas quemaduras. De hecho, habrá problemas también para las identificaciones, dado que varios de los cadáveres han quedado calcinados.
La magnitud del drama se acentuó por una escalera -la única salida del subsuelo donde se desarrollaba la fiesta- en forma de reloj de arena, ancha en los extremos, pero bastante angosta en el medio.
La Nochevieja es el momento más festivo del año y en estaciones de esquí como Crans Montana se volvió habitual utilizar botellas de champagne con luces de bengala como símbolo de alegría y prosperidad.
Para hacer el momento más especial una camarera sube en los hombros de uno de sus colegas llevando en las manos una de esas botellas con bengalas, cuyas chispas llegaron al techo, donde el fuego empieza y desde donde el local se envuelve en llamas en cuestión de minutos y alcanzando, por la configuración del lugar, temperaturas que puede haber llegado a entre 500 y 700 grados.
Dicha tesis ha sido corroborada por la fiscal general, Béatrice Pilloud. «Al parecer, la bengala estaba sujeta a una botella de champán, que estaba demasiado cerca del techo. Fue entonces cuando se declaró el incendio», ha informado en una comparecencia de prensa.
La fiscal ha confirmado que varias personas han sido ya interrogadas, entre ellas la pareja que regenta el bar, antes de determinar si es necesaria una investigación penal por homicidio involuntario.
Se salvó por media hora
Alain, de 23 años y empleado del municipio de Crans Montana se ha acercado esta mañana al lugar de la tragedia, en la que murieron dos amigos, una de las camareras que había entrado recientemente a trabajar en el bar y un miembro de la seguridad.
El joven había salido del bar Le Constellation media hora antes de declararse el incendio (01.30 hora local) porque tenía que trabajar el primer día del año, según ha contado a Efe.
Ha confirmado que para esa hora ya se habían encendido varias botellas con bengalas y que la parte central del único acceso era muy estrecha: «Podían pasar a la vez dos niños, pero no dos adultos».
Por el momento, las autoridades han dicho que no se sabe cuántas personas se encontraban dentro del local nocturno, pero sin duda estaba lleno, ya que varios testigos han señalado que había una larga cola para entrar.
119 heridos que comienzan a ser identificados
Además de los fallecidos, las autoridades han confirmado que hubo 119 heridos, la mayoría graves, con casos extremos de quemaduras en hasta el 60 % de la superficie corporal. 113 de ellos ya han sido identificados. Entre ellos, 71 son suizos, 14 franceses, 11 italianos y cuatro serbios, un bosnio, un portugués, un polaco y un luxemburgués, según ha informado la policía local el viernes.
El director general del Hospital del Valais, Eric Bonvin, ha confirmado que 55 personas tuvieron que ser hospitalizadas por el incendio. De ellas, once permanecen en el hospital de Sion, mientras que «alrededor de cincuenta heridos han sido trasladados o serán trasladados muy pronto a centros especializados en quemados en otros países europeos», ha declarado Mathias Reynard, presidente del gobierno del Valais.
De las once personas que permanecen en el hospital de Sion, cuatro se encuentran en cuidados intensivos en estado crítico, tres están siendo operadas. Otras cuatro están siendo intervenidas en el cercano Hospital de Sierre.
«Estaba con algunas amigas en el bar del costado, queríamos cambiar de local y pasamos delante, pero había una cola tan larga que nos dijimos, mala suerte, no vamos a hacer esta cola tan larga, y decidimos ir a otro sitio», declaró a Efe Emma, universitaria de 18 años, muy consciente de que esta última decisión les salvó la vida.
Charlotte, madre de un joven que se encontraba en una fiesta en la misma calle del incendio, recuerda los momentos de angustia que vivió hasta que vio a su hijo volver sano y salvo, pero no sin antes haber intentado ayudar a heridos que salían de Le Constellation aportando agua y cubriendo a algunos que lograron escapar con mantas antiincendios que habían llevado los bomberos.

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