
Era evidente que la Supercopa no motivaba ni a aficionados ni a plantilla rojiblanca. De hecho, Iñaki Williams la catalogó como «mierda». Lo cierto es que la ilusión era tan mínima, que el Athletic ni ha comparecido. El Barça ha pasado encima sin desmelenarse ante unos leones muertos anímicamente y físicamente. Para el descanso, con 4-0 en el electrónico, ya estaba todo el pescado vendido en lo que ha sido un paseo para los de Hansi Flick y una imagen indigna e incompetente de los leones.
El conjunto rojiblanco se sumergía en la cuarta competición que van a disputar esta temporada, una Supercopa que ha pasado desapercibida y apenas ha levantado interés durante la semana. El desigual reparto económico, llevar el torneo a 6.378,85 kilómetros y jugarla en un país que terminó 2025 batiendo su propio récord anual de ejecuciones, no invita a uno a ilusionarse. Pues bien, en cierto modo, los leones decidieron no competir en Arabia Saudí.
Flick y Valverde escondían sus respectivas cartas mágicas en los banquillos; Lamine Yamal y Nico Williams eran suplentes. No obstante, catalanes y vascos salían con onces muy reconocibles. La titularidad de Simón despejaba todas las incógnitas, Adama y Paredes ocupaban la posición de los lesionados Yuri y Laporte, Rego acompañaba a Jauregizar en la sala de máquinas y arriba empezaba Iñaki Williams.
Dos minutos después del pitido inicial, el conjunto vasco dispuso de tres saques de esquina. Estaba siendo una puesta de escena de los leones, con presencia en campo rival e intentando robar el balón arriba. Todo un espejismo.
Sin embargo, la primera jugada manifiesta de gol fue para los catalanes en el minuto 15. Tras un balón abierto a Roony, ocupando la zona de Lamine, dejaba un envio en el balcón del área y Pedri llegando desde atrás, disparaba centrado para que Simón atrapara sin problemas.
A la tercera llega la vencida
Otra gran ocasión desperdiciaba en el minuto 20 el conjunto culé. Una triangulación entre Pedri, Ferrán y Fermín, terminaba con un mano a mano del andaluz contra el portero alavés, paraba Simón con una buena salida.
A la tercera llegaba el gol, fruto de la insistencia. Roony la centraba desde la derecha y encontraba a Fermín. Parecía que iba a rematar, pero el intento se iba desviado y acababa convirtiéndose en un pase para Ferrán. El delantero de los catalanes estaba más atento que Areso y con un golpeo mordido y defectuoso ponía el primero. Por si fuera poco, el lateral navarro rompía el fuera de juego.
Se crecía el Barça con el gol y se desvanecía el Athletic. Volvían las cabalgadas y los acercamientos de los de Flick. Un balón que llegaba a Ferrán de espaldas, era cedido a Raphinha que venía en carrera. Llegaba a línea de fondo el brasileño, levantaba la mirada y Fermin desde atrás firmaba el segundo.
Humillación sin piedad
El Athletic borrado totalmente del mapa, llegaba tarde a todas las acciones y el Barça jugaba a placer. Es por eso que Roony quería sumarse a la fiesta blaugrana y en una acción individual dejaba en el suelo a Adama y el disparo se colaba entre los brazos de Simón. Error de manual del portero rojiblanco, el segundo en menos de una semana.
Cuando parecía que la cosa no podía ir a peor, Raphinha sacaba el látigo y castigaba a los leones con un golazo. Sin piedad. Abierto a la banda izquierda, buscaba la acción personal, dejaba atrás sin despeinarse ante la pasividad de Areso y colocaba el balón en la escuadra.
Antes del descanso, en una acción aislada Sancet estuvo a punto de recortar distancias. Berenguer colgaba un balón al área y el mediapunta rojiblanco dispara de primeras al palo. Descanso en Yedah y todo el pescado vendido. Un paseo para el Barça ante un Athletic sin orgullo ni garra que juega dos velocidades menos.
Noche para el olvido
Sin cambios al descanso, los leones salían con la misma pasividad en la segunda parte y llegaba el quinto de un Barça que seguía con hambre. Los leones, en cambio, estaban firmando una de las noches más duras en la historia reciente de la entidad, con cinco goles recibidos en cincuenta minutos.
En un centro de Fermín, y tras varios rebotes, los defensores rojiblancos no conseguían despejar el esférico y Raphinha reventaba un balón muerto que se quedaba en el área. Era el quinto. La cara de Simón era de desesperación total, la de Valverde era todo un poema.
Para el minuto 60, con un monólogo de los culés, la posesión era de un 81% para el Barça. El partido terminaba con posesiones largas de los blaugranas, ya que los cambios no surgían efecto entre los leones. Unai Gómez tuvo un mano a mano, pero todo salía cruz para los rojiblancos.
Díaz de Mera decidió no dar el descuento, la humillación ya había sido suficiente durante 90 minutos y al Barça le sobraron 45 de ellos. Todo un paseo para los catalanes, mientras el Athletic y un muy cuestionado Valverde se ahogan en un mar de dudas.

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