Alessandro Ruta

Cinco razones por las que la Atalanta es especial (y parecida al Athletic)

En la antesala del partido de Champions de este miércoles, analizamos al rival del Athletic, más allá de lo deportivo.

Hinchas de la Atalanta, viviendo en Bérgamo la final de la Europa League de 2024 ante el Bayer Leverkusen (3-0 para los italianos).
Hinchas de la Atalanta, viviendo en Bérgamo la final de la Europa League de 2024 ante el Bayer Leverkusen (3-0 para los italianos). (Marco Bertorello | AFP)

Último equipo italiano en ganar una competición europea, la Atalanta va a ser este miércoles el rival del Athletic en el retorno posnavideño a Champions League. Representante de la ciudad de Bérgamo, el club tiene una identidad muy especial en el panorama del calcio, lo que incluye varias conexiones con los bilbaínos. 

Para entenderlo mejor, recogemos cinco aspectos de la realidad bergamasca, cuya joya de la corona es, sin duda, el deporte (ciclismo, esquí y alpinismo) y, de modo más específico, su equipo de fútbol.

Su nombre

«Vamos a jugar a Atalanta», se bromeaba tal vez en el pasado. ¿Atalanta? ¿Y dónde está Atalanta, que no aparece en el mapa? No es la estadounidense Atlanta, desde luego. El nombre completo del club es Atalanta Bergamasca Calcio, lo que refleja algo nada inmediato, sino muy evocador. 

Los estudiantes que fundaron esta asociación deportiva en 1907 venían de un entorno culturalmente alto y decidieron ponerle el nombre de una ninfa, una especie de diosa de la mitología, que aparece como personaje en ‘Las metamorfosis’ de Ovidio. 

Ya puestos, no una diosa cualquiera, de las que se quedan quietas esperando, la clásica sometida a los dioses-machos de la Antigüedad. No, Atalanta era una mujer muy activa, veloz, una cazadora que no se dejaba dominar por nadie. Una diosa que rechaza, e incluso mata, según los mitos, a quien se intente aprovechar de ella. 

En el museo del Prado hay una representación de la ninfa en un cuadro bastante conocido de Guido Reni, pintor barroco del siglo XVII: ‘Atalanta e Hipómenes’. En la obra se ve a la mujer intentando recoger una manzana de oro, un engaño por parte de Hipómenes para hacerse con ella, con la complicidad de Afroditas. 

El cuadro, en el Museo del Prado.

Al final Atalanta, como club, se asemeja a este cuadro: solamente el dinero, de los equipos más grandes por supuesto, puede con ella. 

Los cromos

En 65 años de recopilaciones, en la grandísima mayoría de los casos, menos cuando estaba en Segunda o incluso en Tercera División, el cromo número 1 ha sido el escudo de la Atalanta, ese perfil femenino, la larga melena. En el orden alfabético, tener un nombre que empieza por ‘A’ es determinante. 

Hablando de cromos, en el imaginario colectivo italiano el más inalcanzable de la historia ha sido un jugador de la Atalanta. Un portero cuyo nombre además resulta extremadamente llamativo: Pierluigi Pizzaballa, una especie de ‘Txopo’ Iribar bergamasco.

Alto y delgado, ágil y explosivo, séptimo de ocho hermanos, con un padre panadero y la madre ama de casa, para ‘Pizza’ al principio había una prometedora carrera como mozo en un ultramarino de la ciudad de Bérgamo, y al mismo tiempo un puesto de tercer portero en la Atalanta al inicio de la década de los 60, poco más. Pero cuando el titular y el primer reserva se lesionaron, le tocó a él, ni más ni menos que en San Siro contra el Milán. Y ya jugará con el equipo de su ciudad hasta casi los 40 años.

En la temporada 1963-64, su cromo, el número 1 porque el escudo ya estaba dibujado, resulta totalmente inalcanzable. La razón es tan simple como incomprensible a día de hoy: el día de las fotografías oficiales del equipo y de los jugadores, para luego convertirlas en cromos, Pizzaballa no estaba allí por una enfermedad. Nadie se dio cuenta de su ausencia y los cromos empezaron a comercializarse sin él, a pesar de que Pierluigi ya era el titular del Atalanta. Solamente meses después le sacarían la foto, así que su cromo tendría muchísimos menos ejemplares impresos, convirtiéndose en la más inalcanzable de la historia. 

Pizzaballa, el ‘Txopo’ Iribar de la Atalanta, coetáneo además.

Otra curiosidad: su sobrino Pierbattista, cardenal y patriarca latino en Jerusalén, fue en el último cónclave uno de los papables. Fiel a la enorme tradición católica de la zona de Bérgamo, lugar de nacimiento de un Papa decisivo como Juan XXIII e histórico feudo de la Democrazia Cristiana. Incluso un presidente del Atalanta, Daniele Turani, fue senador de la DC desde 1953 hasta su muerte, en 1964. 

El entorno

¿Puede una peli en un idioma casi incomprensible ganar la Palma de Oro en Cannes? Sí. Exactamente ocurrió en 1978, cuando el director de cine Ermanno Olmi (bergamasco) propuso al público francés, y luego al italiano y al mundo entero, una de sus obras maestras: ‘L'albero degli zoccoli’, ‘El árbol de los zuecos’. 

La peli cuenta historias de algunas familias de la provincia profunda bergamasca, casi todas de campesinos y agricultores, de manera íntima y conmovedora. Los días se suceden a un ritmo tan lento como inmutable, en estos grandes caseríos colindantes unos con otros (en italiano se llaman ‘corti’ y son típicos de la región de Lombardía). Allí todos se reúnen para trabajar y rezar, hablando poco y siempre en su dialecto, las mujeres cosiendo, los hombres en los campos o con los animales. Puede ser estereotipada como representación, pero resulta muy coherente con la realidad. 

Durante décadas, Bérgamo ha sido una especie de oveja negra en la acelerada Lombardía. En la segunda posguerra, se la tachaba casi de ‘tercer mundo’ porque se veía a sus habitantes un poco lentos, nada modernos. Poco a poco, aprovechando quizá la cercanía con la poderosa Milán, que está a media hora de coche, algo ha cambiado y hoy día, según varios rankings de calidad, Bérgamo es la provincia donde se vive mejor en Italia. 

Bastante mérito lo tiene la propia Atalanta, un equipo en el que muchos jóvenes, italianos y foráneos, quieren recalar. Y donde futbolistas que han pasado por su vestuario quieren quedarse a vivir, como el sueco Glenn Stromberg, quizás el extranjero más querido en la historia del club. 

Cantera 

Para los jóvenes, siempre ha sido como ‘hacer la mili’ futbolística: una temporada o dos en la Atalanta y luego la venta (riquísima) a los grandes clubes después de demostrar la suficiente calidad. En la historia del calcio italiano ningún club como el bergamasco se ha identificado tanto con la labor de desarrollo de los jóvenes talentos. A veces han llegado a la élite, en otros casos se han quedado como ídolos locales. 

Si repasamos los grandes éxitos de la selección azzurra, vemos varios jugadores decisivos cuyas raíces han estado en Bérgamo. Así, en la Eurocopa ganada en 1968, una de las estrellas fue Angelo Domenghini, incansable extremo derecho o izquierdo. Y aún más grande sería la presencia de exatalantinos en la plantilla del equipo ganador del Mundial de 1982: en defensa jugaban Gaetano Scirea y Antonio Cabrini, universalmente conocidos como campeones en la Juventus, pero cuyos inicios fueron en Bérgamo, pese a que ninguno de los dos había nacido allí.

Sobre todo Scirea fue la quinta esencia de lo que era el calcio de antaño en el contexto bergamasco: familia obrera, fe católica, el fútbol aprendido en las tardes entre una y otra clase de catequesis en los enormes patios de los oratori, donde los chavales jugaban partidos con pocas reglas y porterías creadas con las chaquetas. 

En 2006 Italia se proclamaría otra vez campeona del mundo gracias a otros ‘ex’ de la Atalanta: Pippo Inzaghi en la delantera y el seleccionador Marcello Lippi, con Christian Vieri, que fue descarte de última hora en la convocatoria.

Otro gran nombre surgido de la inmensa cantera bergamasca es Roberto Donadoni, estrella del gran Milán de los 80 y 90. A día de hoy destacan Alessandro Bastoni, del Inter, y Matteo Ruggeri, del Atlético de Madrid, mientras en la plantilla actual sobresalen el portero Marco Carnesecchi y los defensas Giorgio Scalvini, Raoul Bellanova y Lorenzo Bernasconi. 

Identidad

¿Cuál es el equipo italiano que más se acerca a la filosofía del Athletic? Pues la respuesta sería muy difícil, casi imposible, pero la verdad es que como la Atalanta, nadie. Hubo un tiempo, también en época reciente, en el que el once titular del equipo de Bérgamo estaba compuesto casi por completo por ‘aldeanos’, más dos o tres extranjeros, o incluso sin gente de fuera en ocasiones. 

Era una época en que el club necesitaba reiniciar desde cero, partiendo de Segunda División, y tiró no solamente de su cantera, sino de los jóvenes crecidos en los ‘clubes-satélite’ que estaban en otras regiones italianas: en Toscana, por ejemplo, o en el lejano Friuli. 

En esos años sería como el Athletic, sí, aunque compuesto únicamente por vizcainos de nacimiento. Nombres que no solo están en los libros de historia del club, sino que también dibujan un mapa de esta provincia que cuenta con 243 localidades y poco más de un millón de habitantes. Además de cumbres de 3.000 metros, puertos mitificados por el ciclismo (Presolana, San Marco, Valcava), y llanuras y parajes tan escondidos como maravillosos, donde nacieron futbolistas míticos de la Atalanta. Entre otros, el Lago de Iseo (de allí es el histórico capitán Gianpaolo Bellini), Caravaggio (el centrocampista Riccardo Montolivo) o Clusone (el propietario Antonio Percassi, antiguo lateral derecho del equipo).