
Desde que hace una semana EEUU anunciara el lanzamiento de la segunda fase del plan de Donald Trump para la Franja de Gaza que incluye un «alto el fuego» entre Israel y Hamas, la situación sobre el terreno apenas ha variado. El invierno ha añadido una nueva carga al día a día de los gazatíes: el frío, las inundaciones y las deficientes condiciones sanitarias intensifican una crisis que régimen sionista ha contribuido a agudizar con años de bloqueo y destrucción.
Lejos de Gaza, la nueva administración encargada de gestionar la Franja –un grupo de tecnócratas palestinos supervisados por la denominada «Junta de paz» impulsada por el presidente estadounidense, Donald Trump,– acapara titulares y despierta expectativas. Sin embargo, entre los discursos diplomáticos y la realidad cotidiana media un abismo difícil de disimular.
Desde la Franja, el periodista de Al-Jazeera Hani Mahmoud informa de que «muchos palestinos aquí tienen dificultades para comprender cómo una Junta destinada a reconstruir Gaza puede incluir a personas que han apoyado abiertamente a Israel, especialmente cuando la destrucción sigue presente por todas partes y nadie ha rendido cuentas por ello». Resulta paradójico que la «Junta» concentre tanta atención internacional mientras las exigencias del presidente de la AP, Mohamad Mustafa, en el Foro de Davos pidiendo el cese de la ofensiva en Cisjordania no suscitan reacción alguna en la comunidad internacional.
Mahmoud recalca la «desconexión de la realidad» que muchos refugiados perciben en los discursos de líderes que, a pesar de proclamarse preocupados por Palestina, permanecen distantes de lo que se vive sobre el terreno.
Que nadie lo vea
Mientras, el conflicto que más vidas de periodistas se ha cobrado en la historia reciente sigue acumulando cifras trágicas. Al menos once palestinos murieron ayer por disparos y bombardeos del Ejército israelí en distintas zonas de la Franja. Entre ellos, los periodistas Muhamad Salah Qashta, Abdul Rauf Samir Shaat y Anas Ghneim, vinculados al Comité Egipcio para la Reconstrucción de Gaza, cuyo vehículo fue alcanzado por drones israelíes cuando circulaba por el corredor de Netzarim, cerca del Hospital Turco. Estas muertes se suman a las 249 de profesionales de la comunicación por las que Israel aún no ha rendido cuentas.
A ello se suma la presión internacional para silenciar las denuncias por el genocidio. El Departamento del Tesoro de EEUU ha sancionado a la Conferencia Popular para los Palestinos en el Extranjero, a la que acusa de ser la «principal organizadora» de las flotillas y de «actuar clandestinamente en nombre de Hamas».
Sobre el terreno, Mahmoud concluye que «la verdadera paz crece en esos pequeños momentos cotidianos: caminar por la calle sin prepararse para lo peor o dormir toda la noche sin planear cómo huir si las cosas salen mal. Hasta que eso no llegue, la segunda fase no será más que mero simbolismo».
A una semana del inicio de la segunda fase, la Franja sigue inmersa en la devastación. Una «ONU paralela» se abre camino entre la ruinas gazatíes.
Israel persiste en su ofensiva y rechaza irse de Cisjordania
El Ejército israelí sigue desplegado en los campos de refugiados de Jenin, Tulkarem y Nur Shams desde enero de 2025, tras expulsar a unos 32.000 palestinos. La ONU califica la operación como la más prolongada en dos décadas. Los soldados han matado a al menos 74 civiles, incluidos niños, un 30% de ellos en ataques de drones. Israel alega combatir «nidos de terroristas» financiados por Irán.
Human Rights Watch documentó la destrucción de 850 viviendas. Por ello, las ONG están alertando del colapso humanitario y del bloqueo al retorno de los desplazados impuesto por Israel. Un año después, no hay planes de retirada ni retorno.
Incomprensión
«Muchos palestinos aquí tienen dificultades para comprender cómo una junta destinada a reconstruir Gaza puede incluir a personas que han apoyado abiertamente a Israel», asegura el periodista de Al-Jazeera Hani Mahmoud.
Sanciones
La Administración Trump también ha impuesto sanciones a seis organizaciones benéficas con sede en la Franja de Gaza, alegando que forman parte del ala militar de Hamas.

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