
En la primera bola de partido, apenas superadas las tres horas de juego, el Rod Laver Arena de Melbourne ha visto al español Carlos Alcaraz arrojarse al suelo de alegría, porque el derechazo final de Novak Djokovic se ha ido demasiado largo. Fin de la película y victoria para el joven tenista murciano, que este domingo se ha hecho con su primer Open de Australia, el último Grand Slam que le quedaba por ganar en su carrera y que, con 22 años y 272 días, ya atesora, convirtiéndose en el tenista más joven de la historia en completar los cuatro grandes torneos de tenis.
A este Open de Australia de 2026 hay que sumarles los US Open de 2022 y 2025, los Roland Garros de 2024 y 2025 y los Wimbledon de 2023 y 2024. Alcaraz se ha situado con otros nombres propios como Andre Agassi, Don Budge, Roy Emerson, Roger Federer, Rod Laver, Rafael Nadal, Fred Perry y el propio Novak Djokovic, como los únicos nueve tenistas en completar el Grand Slam. Hasta ahora le faltaba lucirse en Melbourne, donde nunca había superado los cuartos de final, y a la primera que ha traspasado ese umbral, ha tomado carrera para llegar a la final e imponerse.
Sufrió en semifinales ante Zverev, pero supo ganar al alemán en cinco sets. Novak Djokovic también ha empezado mejor, buscando ser el tenista más longevo de la historia en ganar una prueba del Grand Slam, amén de sumar su título número 25 de los cuatro grandes, estableciendo el récord absoluto, así en hombres y mujeres. El serbio pudo en semifinales con Yannik Sinner, el ganador de las dos últimas ediciones de Melbourne, y ha empezado la final a toda velocidad, superando a Alcaraz por la vía rápida en el primer set, un 2-6 que parecía premonitorio. «Nole» ha superado al murciano en todas las facetas, pero no ha sido capaz de seguir al mismo ritmo y por esa rendija se ha colado el tenista murciano.
Porque la clase no se pierde nunca, pero la capacidad física sí. Y a partir del segundo set se han empezado a notar los achaques en el tenista de Belgrado. Alcaraz lo ha superado por una cuestión de capacidad atlética, obligando a su rival a golpear un raquetazo más y hacerlo un poco más tarde de lo debido. Ahí han llegado los errores de Djokovic y el 6-2 de vuelta.
Ánimos sin suerte
Conocedor del «show business» como nadie, Novak Djokovic sabe cómo y cuándo conectar con la gente. Haber ganado ya una decena de veces en el Rod Laver Arena es lo que tiene: si Djokovic pide, el público responde, y más una nutrida presencia de aficionados serbios, algunos de ellos con los rostros pintados en una escenografía que más hiciera recordar al fútbol o un partido entre el Partizan y el Estrella Roja en el Hala Pionir.
Pero la realidad se ha ido imponiendo. El tercer set ha mostrado a un Alcaraz quejoso porque se ha cerrado el techado del Rod Laver Arena por amenazantes nubes, pero sin avisar antes al señorito. Podría haber sido un signo de tensión excesiva, pero lo cierto es que el murciano ha sabido canalizar su malestar a un Djokovic demasiado centrado en jugársela a pocos golpes en vez de madurar los puntos. Ante las ansias del belgradense, Alcaraz ha impuesto su mayor percha física para romperle el saque en dos ocasiones y ganar por 6-3 y comenzar la cuarta manga con su servicio.
Poco ha faltado para que se haya adelantado 2-0 el propio Alcaraz en ese cuarto set, aunque Djokovic ha aguantado la presión, fruto de la precisión de su saque. Varios juegos más tarde ha sido el propio Djokovic quien ha puesto al español contra las cuerdas, momentos en los que más ha insistido ser jaleado por el graderío. Ya por esos momentos el serbio y el murciano han intercambiado varias dejadas para romper el ritmo del rival, con peor resultado en el balcánico, ya que las piernas de Alcaraz iban más rápidas y ha conseguido componerse sobre la pista con mayor rapidez y eficiencia que su rival.
Pero Alcaraz ha sabido sostener esta presión y se ha plantado con el 6-5 a su favor y la muerte súbita ya garantizada cuando Djokovic le ha puesto en bandeja su acceso al título. Varios errores por precipitación y cansancio han puesto un 15-40 a favor del joven tenista, quien a base de sostener los primeros zambombazos de su rival ha tenido de sobra para imponerse –fácil de decir pero difícil de conseguir– por un 7-5 que lo inscribe no solo en el palmarés del Open de Australia, sino también en la historia del por su precocidad y porque lo iguala a grandes nombres propios de la raqueta.

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