Ilargi Avila
Aktualitateko erredaktorea / Redactora de actualidad

Tocar la batería abre nuevas vías de expresión y aprendizaje en la discapacidad

Jose Landa, musicoterapeuta y baterista, ha recopilado lo aprendido durante sus últimos 15 años trabajando con personas con diversidad funcional. Su investigación demuestra que tocar la batería tiene beneficios mentales y físicos, así que plantea su inclusión en el sistema educativo.

El baterista y musicoterapeuta Jose Landa en el estudio de música de su casa.
El baterista y musicoterapeuta Jose Landa en el estudio de música de su casa. (Iñigo URIZ | FOKU)

Jose Landa ha dedicado toda su vida a la música. «He sido baterista durante 40 años y en los últimos 15 he trabajado como musicoterapeuta en diferentes centros de educación especial», explica. Ahora que se encuentra a las puertas de la jubilación, narra con cariño su experiencia con intención de transmitir lo aprendido y ayudar así a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.

Su pasión por la música comenzó a muy temprana edad, cuando tan solo tenía cinco años. En un contexto en el que su padre era trompetista en una orquesta, la casa familiar respiraba música. A los 20 dio sus primeros pasos en el mundo del rock para formar parte del grupo Kafarnaún. Poco después, se convirtió en el primer baterista del famoso grupo Barricada, donde «ensayé mucho, pero actué poco», pues tras el primer concierto tuvo que dejarlo «para ir a la mili». Sin embargo, tras su regreso, Landa prosiguió su carrera musical en varios grupos, como Malos Tratos, Txarrena y Los Dinosaurios, entre otros. 

«Siempre he creído en el poder que tiene la música para mejorar la vida de las personas»

Aunque reconoce que nunca ha ejercido de maestro, la carrera de magisterio que estudió durante su época universitaria le permitió cursar un máster en musicoterapia en 2010. «Siempre he creído en el poder que tiene la música para mejorar la vida de las personas», afirma con convicción. Fue el trabajo de fin de máster,  ‘La percusión como terapia en el síndrome de Down’, lo que le llevó a formar parte del grupo Motxila 21, en el que continúa actualmente. El grupo no necesita presentación, lleva años actuando en múltiples escenario e incluso lanzó el txupinazo sanferminero.

Pese a que va a jubilarse dentro de poco, Landa asegura que permanecerá como voluntario en Motxila 21, ya que los integrantes del grupo le «atraparon el corazón desde el primer día». El baterista sí que ha decidido dejar las sesiones de musicoterapia que realiza en los centros de educación especial, pero no sin antes recopilar lo aprendido durante los últimos 15 años. Un fino cuaderno con tapas de plástico recoge su estudio de investigación sobre los efectos positivos de tocar la batería en personas con discapacidad. 

Beneficios de la batería 

Landa explica que las primeras clases las empezó probando con el piano y la guitarra, pero que no tardó mucho en decantarse por los instrumentos de percusión, la familia de instrumentos que más domina y que mejores resultados daba. Muchos de sus alumnos, además de discapacidad intelectual, tenían a su vez discapacidad física, por lo que la percusión era más accesible y sencilla para ellos. «Con la percusión la respuesta es más rápida y enseguida se animan a tocar», asegura sonriente, recordando las reacciones de algunos de ellos al interiorizar un ritmo básico por primera vez. 

Su investigación comenzó cuando entre todos los instrumentos de percusión que tenía disponibles decidió probar con la batería. «Se puede tocar sin ayuda desde el principio. Los chavales se ven capaces y es un chute muy importante para su autoestima». Otro motivo que le llevó a elegir este instrumento fue que aporta unos beneficios mentales y físicos que mejoran la calidad de vida de las personas con discapacidad: trabaja la motricidad y la coordinación, fortalece la musculatura de brazos y piernas, entrena la memoria y la concentración, fomenta la comunicación y ayuda a tener mayor autocontrol. 

«La batería es un conjunto de instrumentos de percusión que deben sonar en un momento exacto. No puedes tocar como te dé la gana. Tienes que memorizar y coordinar los movimientos para que suene con coherencia», comenta. Para ello hay que poner en funcionamiento todo el cuerpo y ser capaz de reproducir patrones rítmicos complejos. De este modo, tocar la batería se convierte en una actividad muy completa. 

La adaptación como premisa

En los centros de educación especial, Landa ha trabajado con personas con síndrome de Down, Prader-Willi, parálisis cerebral, autismo, espina bífida, discapacidades físicas e intelectuales y deficiencias sensoriales. «No todos tienen el mismo perfil, cada uno responde diferente. En algunos el principal objetivo puede ser simplemente que te hagan caso y que tengan interés», explica. 

«La premisa es centrarte en lo que pueden hacer, no en lo que no pueden hacer»

Pasa las páginas del cuaderno con cuidado hasta llegar al apartado de ‘Experiencia Empírica”’y señala tanto los dibujos que hacía en la pizarra para facilitar la comprensión, como los complementos que inventó para mejorar la sujeción del pie al pedal de bombo o de las baquetas a las manos. «La premisa es centrarte en lo que pueden hacer, no en lo que no pueden hacer», enfatiza. De este modo, Landa adaptaba el instrumento y los ejercicios a cada persona, dependiendo de las capacidades que tuviese cada alumno. 

El baterista cuenta que una vez que se consigue afianzar un primer ritmo básico, se pueden proponer otros un poco más complicados y con tiempo y paciencia algunos de los alumnos pueden llegar incluso a acompañar con la batería canciones que les gustan. «Cuando consiguen hacer esto, es que les cambia la cara», cuenta satisfecho. 

Ciencia detrás de las baquetas

Cuando Landa habla de sus alumnos se le ilumina la mirada y se muestra orgulloso con los avances que han hecho en las sesiones. No solo él ha visto los progresos, «los mismos monitores que les trataban en los centros en los que estaban notaban que los que habían entrado en esa actividad se comunicaban más que antes y eran más abiertos». 

Además de la mejoría en la autoestima, del mismo modo, las familias también veían que tenían más facilidad para realizar actividades de la vida diaria de forma más autónoma. Personas que solían tener dificultades con movimientos para escribir, comer o lavarse los dientes empezaron a tener mayor soltura. Todas estas mejoras percibidas a raíz de las clases de musicoterapia llevaron a Landa a investigar un poco más a fondo y descubrió que sus observaciones estaban respaldadas por la ciencia. 

Estudios de las universidades de Ruhr de Bochum y Duisburg-Essen en Alemania demostraron que las personas que tocan la batería tienen conexiones más eficaces y fuertes en el cuerpo calloso del cerebro, parte que se encarga de conectar ambos hemisferios. Descubrieron que realizando esta actividad el intercambio de información entre el hemisferio derecho y el izquierdo se da más rápido, mejorando la coordinación y facilitando que las extremidades respondan ordenadamente a las instrucciones enviadas por el cerebro. 

Clem Burke, el baterista del grupo Blondie, decidió en 2008 realizar un estudio conjuntamente con las universidades de Gloucestershire y Chichester que midiese la energía que gastaba durante un concierto. Casi de casualidad se fijaron en cómo reaccionaba el cerebro cuando estaba tocando y descubrieron que al hacer dos actividades a la vez, una actividad física y una intelectual, el cerebro se transformaba y se volvía más flexible y receptivo. El estudió concluyó que tocar la batería mejora el aprendizaje y las interacciones sociales en personas con autismo. 

Una batería en cada centro

Con la nostalgia de quien ha disfrutado hasta la saciedad una etapa que ahora llega a su fin, Jose Landa cierra el cuaderno que recoge su investigación y lo desliza sobre la mesa. Desea que alguien tome el relevo de lo que él ha comenzado. «Veo que es una actividad que ha funcionado muy bien y que los alumnos disfrutan. Quiero repartir más cuadernos como este para que los centros vean que además de la experiencia que he podido tener hay cierta base que explica estas cosas», resume.

Landa en su estudio de música. (Iñigo URIZ | FOKU)

Envía un mensaje de ánimo a quiénes quieran atreverse a seguir sus pasos. «Tampoco hace falta ser un gran batería para hacer esto. Con saber un poco como funciona el instrumento es suficiente», concluye, con la esperanza de que con el tiempo pueda encontrarse una batería en cada centro de educación especial.