Marcel Pena
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad
Elkarrizketa
Eduardo Renobales
Historiador y escritor

«El pistolerismo fue un problema continuado para la República; nunca lo controlaron»

El historiador Eduardo Renobales (Zierbena, 1956) ha recogido en ‘El pistolerismo en Bizkaia durante la República. 1931-1936’ decenas de discusiones políticas que terminaron a tiros. Una muestra del clima de crispación política que se vivía, debido a las falsas esperanzas del nuevo sistema.

Eduardo Renobales con el libro 'El pistolerismo en Bizkaia durante la República. 1931-1936'.
Eduardo Renobales con el libro 'El pistolerismo en Bizkaia durante la República. 1931-1936'. (Raul BOGAJO | FOKU)

Autor de distintos trabajos de investigación sobre el nacionalismo vasco, especialmente sobre los batallones de ANV durante la Guerra de 1936, el historiador Eduardo Renobales ha abordado en su último libro un episodio todavía desconocido de la historia contemporánea, como es el de la violencia política armada. En ‘El pistolerismo en Bizkaia durante la República. 1931-1936’, Renobales documenta decenas de muertes instigadas por un tiempo de cambios, a la par que convulso, en los que a menudo el gatillo se apretaba con demasiada facilidad.

Cuando hablamos de pistolerismo, nos vienen a la cabeza las calles de Barcelona durante los años 20, la muerte de Salvador Seguí y matones de la patronal contra militantes anarquistas. En cambio, episodios ocurridos en Euskal Herria como los que describe en el libro han permanecido olvidados.

Es un tema que no se había tratado en el campo de la historiografía, y se trata de un elemento fundamental para entender el periodo republicano. Tenemos una imagen de la República muy idealizada, seguramente en contraposición a lo que significó su fin y los 40 años de «paz franquista». Es una idealización engañosa, en el sentido de que está distorsionada por la realidad que se vivía en la calle en ese momento.

¿Cuáles fueron los errores de la II República española que llevaron a ese clima prebélico y de crispación política?

La República significa un momento de ilusión para las clases populares. Promete a los trabajadores un cambio que necesitan fehacientemente, porque se trata de una clase obrera muy explotada. Cuando el cambio prometido no se produce, eso les genera frustración, porque no hay una base democrática en torno a temas que hoy nos parecen normales, como el consenso o el diálogo. Y como no existe esa base en la que sustentarse, la frustración acarrea no ver a tu contrario como contrincante político, sino como enemigo, lo que provocaba que saltara la chispa de la violencia.

En el libro llega a hablar de una «obcecación contra lo vasco, su cultura y el euskara» por parte de los socialistas. ¿Por qué el socialismo la toma contra los abertzales?

Aunque se suele decir que «el obrero no tiene patria», en realidad sí que la tiene. Y el socialismo, a diferencia de un comunismo o anarquismo que pretendían rebasar los límites de lo que consideraban un Estado represor hacia la clase trabajadora, defendía un estamento dentro de la República, que para ellos representaba la idea de España. En el caso de Bizkaia, este pensamiento contrasta con el del nacionalismo, lo que generó muchos choques.

¿Qué ciudades y comarcas destacan en cuanto a episodios violentos?

Las zonas calientes son Bilbao, como capital y ciudad más poblada, y la Zona Minera, márgenes del Nervión y Enkarterri. Ahí, he documentado varios enfrentamientos entre obreros por la idea de patria, porque hay gente intransigente en ambos bandos.

Ante esta situación, ¿cómo actúan los militantes abertzales?

Durante la República, el nacionalismo se dividía en tres corrientes: la jelkide, del PNV; la de ANV, de carácter más democrático y progresista; y los mendigoxales, que aunque durante unos años estuvieron unidos al PNV, tienen una estrategia propia, completamente independentista y contraria al Estatuto. Hacia el 1933, hay tantos ataques contra militantes independentistas que los principales periódicos de cabecera del nacionalismo, ‘Euzkadi’, ‘Tierra Vasca’ y ‘Jagi-Jagi’, hacen un llamamiento para que ellos también salgan de casa armados. Por tanto, el suyo es un pistolerismo de carácter defensivo.

Hay que tener en cuenta que la religión católica tenía gran arraigo en el nacionalismo, por lo que eran contrarios a usar la violencia por diferencias políticas. Sin embargo, vista la situación existente, acaban adoptando una táctica defensiva que a veces les lleva a atacar primero.

¿Qué hay de los elementos de derechas, como Falange?

A pesar de la imagen que nos han generado los 40 años de franquismo, durante la República el pistolerismo de derechas fue bastante residual, en parte porque Falange no tiene prácticamente presencia en Bizkaia. Tanto durante el bienio progresista como en el bienio negro, los Gobiernos tienen a la extrema derecha, representada por Falange, en su punto de mira, por lo que, quitando algún caso puntual, su presencia en actos de violencia es bastante escasa. Curiosamente, sí que he registrado varios muertos de extrema derecha en enfrentamientos con izquierdistas.

¿Era habitual portar la pistola en el cinto?

Como curiosidad, en el libro he incluido algunos anuncios de armas cortas que se publicaban en los periódicos de la época. Existía gran facilidad para conseguir armas ligeras, y mucha gente salía a la calle con la pistola en el bolsillo. Esto, sumado a la falta de una base de cultura democrática, implicaba que cuando había una discusión y la cosa se ponía caliente, que era lo habitual, alguien acabara apretando el gatillo. Fue un problema continuado para las autoridades republicanas, nunca llegaron a controlarlo.

Respecto a la ejecución de estos actos, ¿ha observado algún hilo conductor?

Hay algunos patrones que se repiten, como la nocturnidad, los ambientes festivos, el alcohol… Todo esto es un caldo de cultivo para la discusión ideológica, que desemboca en el enfrentamiento armado. Generalmente, los tiroteos surgen de forma espontánea, cuando se encuentran por casualidad y de la discusión política pasan a la violencia. Acostumbra a ser gente que se conoce del ámbito local, pero que militan en organizaciones contrapuestas.

¿Existían profesionales que se dedicaran a acabar con los contrincantes políticos?

Cada partido tenía un grupo de pistoleros dedicado a labores de protección y vigilancia, y a veces eran usados para organizar ataques. Pero claro, ningún partido reconoce oficialmente tener grupos paramilitares de este pelo.

¿Destacaría algún episodio que le haya llamado especialmente la atención?

Hay cualquier caso de violencia política que puedas imaginar. Incluso hay un suicidio en Sopuerta, cuando un comunista se tira al tren creyendo que ha matado a otro joven con un cuchillo. En Sestao, dos amigos tradicionalistas quedan para atentar contra alguien, pero no se atreven, discuten y terminan disparándose entre ellos. Es un caso muy llamativo porque el resto de muertes se producen entre grupos diferentes, por causas políticas.

¿Cómo funcionaba la Justicia a la hora de esclarecer estos casos?

Muchos quedaban impunes al no poder probarse quiénes son los autores. No existían los medios suficientes para contrastar los hechos, en los juicios se narraba lo sucedido de forma aleatoria, y eso implicaba que al final algunos acusados, incluso los que parecían bastante culpables, quedaran absueltos.

En otras ocasiones, el que sufre el atentado queda con vida el tiempo suficiente como para declarar, pero no puede reconocer a los agresores porque los atentados solían ser de noche y en sitios apartados, lo que les permite desaparecer rápidamente.

Hace un repaso biográfico a los gobernadores civiles de Bizkaia. ¿Qué importancia tenía este cargo en el periodo republicano?

El gobernador civil era el representante del Estado en el herrialde. Es una figura importante porque es el que autoriza o no las manifestaciones, el encargado de controlar las armas en la calle (algo que no consigue en ningún momento), el que prohíbe las huelgas, el que impone la censura en los periódicos… Tiene un poder muy grande dentro de la vida social y política del herrialde. En el periodo investigado, del 31 al 36, hay 12 gobernadores civiles diferentes, entre ellos Gerardo Queipo de Llano, hermano del general golpista Gonzalo Queipo de Llano.