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Un estudio apoyado por Emakunde pone en valor la independencia de las mujeres mayores

El estudio de Emakunde sobre mujeres mayores que viven solas revela una realidad marcada por la autonomía y el empoderamiento. La investigación cuestiona prejuicios arraigados y propone cambios sociales y políticos para reconocer sus decisiones vitales y su papel activo en la comunidad.

Presentación del trabajo 'Mujeres mayores que viven solas en la Comunidad Autónoma Vasca: ¿permiso social concedido?'
Presentación del trabajo 'Mujeres mayores que viven solas en la Comunidad Autónoma Vasca: ¿permiso social concedido?' ( Endika Portillo | FOKU)

«Me siento mal por sentirme bien». Transmitida en su momento por una de las mujeres parte del estudio a uno de los investigadores, Carlos Díaz de Argandoña, la frase sintetiza con nitidez el informe «Mujeres mayores que viven solas en la Comunidad Autónoma de Euskadi: ¿permiso social concedido?». Resultado de una de las tres becas que Emakunde concede a trabajos de investigación en Igualdad de Mujeres y Hombres, el centro de BIZAN-INFO de Gasteiz ha sido testigo de la presentación de un nuevo instrumento dirigido a «desestereotipar la soledad de las mujeres mayores».

El estudio dirigido por Iratxe Herrero y Carlos Díaz de Argandoña trata de «abordar la narrativa de la vejez desde una perspectiva empoderante». Con el claro objetivo de «dignificar la vejez», el trabajo expone cómo los estereotipos, tanto de las mujeres como de las personas mayores, generalizados en la sociedad niegan a estas mismas «el permiso de disfrutar de esa etapa en soledad».

Reconociendo la heterogeneidad de las realidades que experimentan las mujeres mayores de 65 años que viven solas —tipo de trabajo que han desempeñado durante su vida; entorno urbano a rural; o situaciones familiares—, los investigadores han expuesto algunas de las preconcepciones que la sociedad asocia a dicha situación: víctimas de una situación que no han elegido, incapaces de vivir por sí mismas y dependientes de ayuda externa, o incluso, fracaso social por no haber constituido una familia.

Desde un punto de vista totalmente antagónico, el informe demuestra desde una metodología cualitativa que «generalmente la situación de estas mujeres es claramente positiva». Volviendo al concepto de «permiso social», tanto los investigadores como la directora de Emakunde, Miren Elgarresta, han reiterado que es la propia sociedad la que con asiduidad no permite a las mujeres mayores disfrutar de su soledad, y han puntualizado «que no es lo mismo que estar sola».

Confluencia de factores

Desde la propia experiencia de mujeres mayores de 65 años que viven en soledad, los investigadores han concluido que tanto la condición de mujeres como la de personas mayores provocan en la mayoría de los casos que su situación sea concebida desde el edadismo y la falta de perspectiva de género.

Aunque representan el 32,5% del conjunto de personas que viven solas, «el permiso social es más restrictivo con las mujeres mayores que con los hombres mayores o con las personas jóvenes», según los investigadores. Por el mero hecho de ser tanto mujeres como personas mayores, «se les atribuye un sentimiento de soledad no deseada», algo muy alejado de la realidad según el estudio. Reivindicando las aportaciones y aprendizajes que brinda la experiencia de vivir solas, y dejando claro que «es un proceso tanto de aprendizaje como de desaprendizaje», tanto los investigadores como Elgarresta han tratado de poner en valor el papel que juegan estas mujeres a la hora de ejemplificar la autonomía, autosuficiencia y riqueza que la experiencia de vivir solas les brinda a diario.

Pasos adelante

Más allá de exponer las conclusiones, los investigadores han presentado también propuestas de posibles medidas políticas que tanto instituciones como el tejido social en su totalidad pueden incorporar para contrarrestar la imagen errónea que la sociedad tiene de estas mujeres, y reconocerlas como sujetos autónomos.

Así, Díaz de Argandoña ha indicado que medidas concernientes a la sensibilización para romper estereotipos; la adaptación de recursos a sus necesidades; la incorporación de perspectiva de género y edad en políticas públicas; y por último la dotación de herramientas que empoderen a dichas mujeres para reclamar su «permiso social», son fundamentales para dar continuidad al informe presentado.