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La decepción de Camacho y el mérito de Lotina, contados por Patxi Puñal

Siendo el jugador rojillo que más partidos oficiales ha disputado, una marca difícil de superar, Patxi Puñal tiene muchas cosas interesantes que contar de su trayectoria futbolística y algunas de ellas las ha desgranado en el podcast «Los fulanos», en especial sobre algunos de sus entrenadores. 

Puñal, que las ha visto de todos los colores, como describe en el podcast, ejerce ahora como director de cantera en Osasuna.
Puñal, que las ha visto de todos los colores, como describe en el podcast, ejerce ahora como director de cantera en Osasuna. (Idoia ZABALETA | FOKU)

Presentado como patrimonio cultural por ser el jugador rojillo con más partidos en la historia de Osasuna, Patxi Puñal, ahora director de la cantera del club navarro, ha desgranado para el podcast 'Los fulanos' gran parte de su vida deportiva y personal.

Con un amplio bagaje de vivencias futbolísticas en sus 16 temporadas con el primer equipo –su debut fue a mediados de junio de 1997–, el uhartearra se ha explayado sobre algunos de los entrenadores que le marcaron hasta que se retiró en 2014.

Y algunas de esas experiencias no fueron del todo halagüeñas. Como el paso de José Antonio Camacho por el banquillo osasunista. «Fue una etapa complicada. En octubre me llama el presidente (Pachi Izco) y me dice que se iba Ziganda y venía Camacho. A mí me parecía pronto para que echaran a Ziganda», relata.

Pero, por otro lado, la llegada del de Cieza «era un aliciente, un reto, había entrenado a la selección española y al Real Madrid..., pero luego, para nosotros, fue una decepción. No encajó con el equipo, ni el equipo con él, ni su método de trabajo, ni sus formas, ni incluso la forma de bromear», recuerda.

Resultaba difícil cuestionar al técnico murciano porque «salvamos la categoría y se había cumplido el objetivo», pero al año siguiente regresaron las apreturas «y la situación empezó a ser más límite». «Para mí, fueron quizás los peores momentos que he vivido, de tensión y de ser complicado de gestionar», asegura.

Rememora que Izco «bebía los vientos por Camacho y nosotros no lo veíamos así, habíamos perdido totalmente la fe en él y, a final de temporada, se lo hicimos saber al presidente. Incluso los que jugaban manifestaron su malestar y creímos que estábamos en la obligación de transmitírselo».

Lotina y Aguirre

En ese punto, aflora otro nombre ligado a la reciente historia rojilla: Miguel Ángel Lotina, un preparador que administraba los malos momentos con otro talante diametralmente opuesto. Rememora Puñal que en una fase de la temporada en la que las cosas no funcionaban «nos juntó a todos en el centro del campo y nos dijo que creía que era el elegido para sacar adelante al equipo, pero que, si nosotros no lo veíamos, teníamos la obligación de ir a decírselo al presidente».

Con el de Meñaka vivió todas las experiencias posibles, malas y buenas. Fue él quien le invitó a marcharse a otro club, lo que le obligó a hacer las maletas en dirección al Leganés, lugar donde repuntó su trayectoria futbolística, y fue también el míster vizcaino el que le repescó para jugar en Primera.

«Lotina es de los entrenadores que más mérito han tenido. Con todo el respeto y cariño del mundo, mantuvo al equipo con Sabino, Armentano, Ángel Luis... Cuando regresé, los defensas tenían conceptos de fútbol y yo era, después de Barcelona y Real Madrid, el pivote que más balones tocaba», destaca.

Una faceta que también tenía sus contras. Aunque ahora suene a extraño, hubo partidos en los que a Puñal se le recriminaba –incluso con pitos– que jugase el balón hacia atrás. Frente a ello, se sentía muy respaldado por Lotina. «Era el primero que salía ante los medios y decía aquello de Patxi Puñal y diez más», argumenta.

Con el paso del tiempo y ya una experiencia adquirida, el uhartearra prefería que sus entrenadores no le diesen explicaciones, tanto si jugaba, como si no lo hacía. Y ahí apareció otra figura que marcó época, llevando a la escuadra navarra a cotas impensables hasta ese momento, la primera final copera y la participación en la previa de Champions.

Javier Aguirre también necesitó un empujón de la plantilla para enmendar el mal cariz que estaba tomando su primer ejercicio sentado en el banquillo de Osasuna. Un día el mexicano le dijo a Puñal: «Ves aquellos montes de allá, pues yo quiero que mis hijos crezcan aquí, no quiero llevar a mis hijos con un chófer. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿qué crees que debemos hacer?», le pidió consejo al centrocampista, que resalta en el podcast que «no es fácil que un entrenador sea capaz de eso».

El «ogro» Pablo García

En esa época exitosa, el canterano compartía sala de máquinas con un recién llegado que exhibía un carácter un tanto peculiar. Con tono cariñoso, recuerda a Pablo García como un tipo que podía ser un «ogro» en las relaciones humanas, pero con el que «te podías ir a la guerra tranquilamente».

Como anécdota de aquella singular relación del uruguayo con el resto de la plantilla, evoca Puñal que un día el sudamericano apareció en el vestuario con un radiocassette un tanto vetusto y ello provocó las chanzas del personal. Ni corto ni perezoso, Pablo García «lo estampó» contra la pared enfadado.

«No era la alegría de la huerta, ahora se ha relajado un poco más, pero cuando tenía un gesto o te daba una palmada, pues joder. Era un tipo muy competitivo, en la final copera contra el Betis no quiso en primera instancia recoger su medalla, decía que había perdido y no había nada que celebrar. Era un carácter que a nosotros en aquel momento nos faltaba como equipo», asume.

Eran tiempos, además, en los que los capitanes ejercían como tales, sin importar si ello conllevaba enfrentarte a otros compañeros. Puñal recuerda las llamadas al orden de Mateo al Pipa Gancedo –aquel futbolista argentino talentoso al que no le gustaba entrenar– o el toque a un recién aterrizado Lolo por negarse a hablar con los medios.