
La visita de los merengues a Iruñea está siempre marcada en rojo en el calendario de la hinchada rojilla. Para conocer la última victoria ante los madrileños hay que remontarse a enero de 2011, el partido terminó 1-0 con gol de Camuñas. Por aquel entonces, defendían la camiseta rojilla Miguel Flaño o Patxi Puñal. Este sábado El Sadar ha vuelto a presenciar una nueva victoria ante un Real Madrid que llegaba crecido como líder. Budimir no ha fallado desde los once metros, ha empatado Vinicius y Raúl García ha puesto la guinda del pastel, con una maniobra exquisita.
Llegaban ambos conjuntos con la moral por los cielos al choque. Osasuna encaraba el encuentro en el mejor tramo de la temporada, con cinco partidos consecutivos sin conocer la derrota, y con el punto de mira en engancharse a los puestos europeos. El Madrid, por su parte, llegaba como líder al Sadar. En ocho victorias seguidas de los blancos, el Barça se había dejado puntos por el camino.
No quería dejar escapar Arbeloa esa distancia de dos puntos con los catalanes y no se guardaba ninguna de sus armas. Carvajal volvía al once y ejercía como capitán, Alaba partía de inicio en el centro de la zaga, y Mbappé se postulaba como principal amenaza con Vinicius arriba.
Alessio Lisci apostaba por un punta: Budimir. Jugador esencial para Osasuna, el delantero del viejo continente que más goles anota a su edad. Jugador decisivo que con sus tantos decide el porvenir de la temporada rojilla. La baja sensible era la de Boyomo. Oportunidad de oro para Herrando en defensa.
Lucía sus mejores galas el coliseo rojillo, rozando el lleno en las gradas. Desde el Graderío Sur, ikurriñas, banderas de Palestina y globos rojos y azules para dar la bienvenida a sus jugadores. En los prolegómenos, el conjunto navarro sacó la foto inicial con niños con cáncer, imagen conmovedora con la que sacaron una sonrisa a los invitados hoy al Sadar.
El equipo dirigido por Arbeloa empezaba con el dominio del cuero, aunque fue de más a menos. Desde el inicio se intuía que parte importante del choque se iba a decidir en los duelos entre Víctor Muñoz y Carvajal, ya que Osasuna salía en carrera por esa banda constantemente. Es por ello que Valverde tenía que colaborar en tareas defensivas por ese carril.
El planteamiento de Lisci era muy correcto, con las líneas muy ordenadas, juntas y con todos los jugadores rojillos solidarizándose tapando todas las posibles puertas en pases filtrados de los centrocampistas del Real Madrid.
A la tercera, la vencida
A pesar de que los visitantes se acercaban más al área rival, Osasuna llegaba con más peligro. Con centros laterales buscaban el gol los navarros. En el minuto 25, Courtois sacaba una manopla providencial en un remate del delantero croata que rebotó en Carreras. Fue la primera advertencia, tras un gran centro de Rubén García. Minutos después, llegaba el segundo aviso de los rojillos. Esta vez tras un centro puesto con música por Galán desde la otra banda. El remate de Budimir terminaba en el poste derecho.

Osasuna ganaba terreno ante un espeso Madrid y pasada la media hora de encuentro, llegaba la acción clave del primer tiempo. Balón en profundidad para Budimir, no lograba despejar Asencio y en la salida de Courtois, caía al suelo el delantero. El colegiado, en primera instancia, catalogó la jugada como piscinazo con tarjeta amarilla para el croata. Pero, tras revisarlo en el VAR, la tarjeta amarilla cambiaba de dueño. El portero belga era amonestado por pisotón en la acción y pitaba penalti para los navarros.
Budimir no perdonaba desde los once metros y el Graderío Sur explotaba con el gol. Sexto gol en seis partidos y duodécima diana del ‘Cisne Croata’ esta campaña.
Tras el paso por vestuarios, Vinicius seguía desesperado y Mbappé inoperante arriba, lo cual, eran buenas noticias para los navarros. El primer aviso de los de Arbeloa llegaba con un latigazo de Arda Güler, paraba Herrera.
Aguantó Osasuna 70 minutos, pero el esfuerzo físico propiciaba lagunas atrás, y los cambios de Brahim y Arnold dieron oxígeno a los visitantes. El incansable Valverde aprovechaba un balón muerto para llegar a línea de fondo, se la servía en bandeja a Vinicius, y el brasileño se adelantaba a Herrando para poner las tablas en el marcador. El brasileño, como de costumbre, se dirigía a la grada para señalarse el escudo.
Raúl García, héroe rojillo
Lisci introducía nuevas caras en ataque como Raúl Moro o Raúl García. Salían del terreno de juego Aimar y Budimir, por lo tanto, todo el peligro rojillo llegaba por medio de Víctor Muñoz, quién no paró de intentarlo contra su ex-equipo.
En el minuto 90, llegaba el éxtasis en el Sadar. De Raúl a Raúl –Moro para García–, el delantero se plantaba en el área, rompía la cintura a Asencio que se lanzaba en segada, acomodaba el balón García de Haro, abría el ángulo y batía a Courtois.
El árbitro anulaba la jugada por fuera de juego, pero el VAR ponía en marcha el trazado de líneas, y era la rodilla de Asencio la que habilitaba al delantero de Osasuna. Gol legal, explotaba el Sadar, Lisci mandaba los puños al cielo y salía todo el banquillo a celebrarlo.
No había tiempo para más, ese último baile de Raúl García decidía el partido y el líder caía en Iruñea. Los jugadores rojillos formaban una piña en el centro del campo y todo el estadio se quedaba a celebrar la merecida victoria rojilla.

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