Mikel Zubimendi
Aktualitateko erredaktorea / redactor de actualidad

Emergente eje Modi-Netanyahu, con Irán como primer acto del plan del Gran Israel

Israel ha demostrado ser un agente destructivo en Oriente Medio. Según avanza en ‘Counterpunch’ el autor Jamal Kanj, el próximo objetivo para un «Estado fallido» dependerá de la «impío eje» indio-israelí que podría desencadenar un cambio geopolítico trascendental.

(Seshadri SUKUMAR | ZUMA vía Europa Press)

Los líderes árabes deberían extraer duras lecciones de la guerra contra Irán. EEUU garantiza la protección total de los cielos israelíes mediante un sistema integrado de defensa aérea y antimisiles (IAMD, por sus siglas en inglés), financiado por los árabes y gestionado por EEUU. En los contratos, los estados del Golfo quedaron desprotegidos. El IAMD estadounidense se financió con dinero árabe y los contribuyentes estadounidenses financiaron la Cúpula de Hierro israelí, y ambos sistemas se dedican exclusivamente a proteger a Israel.

Desde el norte de Irak hasta el sur de la Península Arábiga, el IAMD funciona en esta guerra, y en la anterior de 12 días, como escudo exterior de Israel, interceptando las amenazas entrantes mucho antes de que se acerquen al espacio aéreo israelí, mientras que los cielos del Golfo se convertían en zonas de amortiguación prescindibles y aliados secundarios. En otras palabras, los árabes del Golfo pagan el escudo de Israel y reciben indefensos los misilazos iraníes.

Garras y puñales

Quizá ha pasado desapercibido, pero ver días antes del ataque a Irán a Narendra Modi, actual primer ministro indio, dirigirse a la Knesset israelí, describiendo a Israel como el «padre» y a India como la «madre», fue terriblemente impactante. Una versión de India irreconocible.

Mahatma Gandhi e Jawaharlal Nehru fueron gigantes políticos que sacaron a India de la larga noche de la dominación colonial y la posicionaron como una fuerza con principios en el Movimiento de Países No Alineados. Construyeron el Estado indio moderno desde cero, invirtiendo en educación, salud pública, capacidad científica y producción nacional. India, que una vez habló el lenguaje de la emancipación, ahora se inclina ante un Estado colonial, forjando una alianza arraigada en el odio supremacista, en un sistema más amplio de militarización y desestabilización regional.

Esta alianza es una extensión de un complot liderado por Israel, descrito como un «hexágono» o red de seguridad diseñado para fracturar los mundos árabe y musulmán, explotar el militarismo estadounidense y sumir a la región en una confrontación permanente utilizando las armas, la sangre y el dinero de EEUU. En esencia, un sistema de garras y puñales: presión externa que se intensifica desde múltiples direcciones, combinada con una penetración interna que erosiona la cohesión en todo el Golfo Pérsico.

India será central en este plan. Su población, capacidad militar y estatus simbólico otorgan legitimidad a un sistema que, de otro modo, sería puramente imperial. Pasaría de ser un actor postcolonial a convertirse en un pilar auxiliar de la hegemonía colonial, la garra de Israel lista para engullir el flanco oriental de la Península Arábiga.

Arabia Saudí es el próximo objetivo de Israel como «Estado fallido», e Irán es la piedra angular para completar la garra, un eslabón de la secuencia. Una vez constituida la garra, Arabia Saudí estará lista para ser absorbida por el proyecto del Gran Israel. Emiratos Árabes Unidos serán la daga de la nueva alianza incrustada en el costado de la Península.

Pakistán y Turquía son los otros obstáculos. Con Irán neutralizado y Emiratos Árabes Unidos absorbidos por el eje India-Israel, Pakistán se enfrenta al aislamiento geográfico, la vulnerabilidad económica y la presión de una India envalentonada por el respaldo israelí. Una alianza hindú-judía que extiende sus garras por la región, desde Grecia hasta India, con una daga en la Península Arábiga. Con esto, Israel logra tres objetivos: contener a Pakistán a través de India, fracturar la región petrolera y preparar el terreno para enfrentarse a Turquía como último recurso.

Subcontrata sionista

Cuando las sanciones económicas fracasan, cuando la presión financiera no logra doblegar la realidad para satisfacer las exigencias de Washington de priorizar a Israel, el siguiente instrumento es siempre el mismo: la guerra. EEUU ha caído en esta trampa repetidamente. Guerras promocionadas por medios de comunicación controlados por Israel y financiadas con vidas y dinero estadounidenses. Los sionistas que priorizan a Israel, en coordinación con agentes israelíes, fabrican las «armas de engaño masivo», transformando al Ejército de EEUU en músculo a sueldo de Israel, dejando durante años a los soldados estadounidenses abandonados en pantanales creados por Israel, y la cifra sigue aumentando.

Irán siempre estuvo en la lista de Netanyahu para pasarle el sable estadounidense. Al igual que con Irak, el objetivo de Netanyahu no es impedir las armas de destrucción masiva, sino, junto con los sionistas que priorizan a Israel en EEUU, desplegar «armas de engaño masivo» para empujar a Washington a una nueva guerra devastadora contra Irán.

En este sentido, los líderes estadounidenses harían bien en repasar los sabios consejos del padre fundador. En su discurso de despedida, George Washington -como si abordara los males de la política de «Israel primero» y del lobby del AIPAC- advirtió contra las «conexiones antinaturales» con potencias extranjeras, advirtiendo que un apego excesivo podría nublar el juicio, corromper la independencia y subordinar los intereses de la república a los de otro estado.

La influencia extranjera ahora moldea la política de EEUU y lo que los estadounidenses escuchan y leen en los medios. Multimillonarios judíos y lobbies como el AIPAC disciplinan a influyentes políticos y legisladores mediante amenazas de financiación e impugnaciones en las primarias. Las carreras políticas prosperan o fracasan según la lealtad de los donantes. Criticar a Israel se califica de antisemita, y la disidencia se criminaliza como deslealtad.

EEUU debería prestar atención a George Washington, reaprender las lecciones de la historia y reclamar una política exterior anclada en el interés nacional, no subcontratada a sionistas estadounidenses que priorizan a Israel y están dispuestos a arrastrar a EEUU a guerras hechas para Israel.