La Moneda y el cable: los datos y la transmisión de poder en Chile
En el corazón de la rivalidad EEUU-China, un cable submarino chino revela las tripas de la transición chilena: Boric y Kast chocan por secretos geopolíticos, sanciones trumpianas y el control de datos globales. Cables invisibles que han convertido a Chile en un peón de superpotencias.

«Los datos serán el petróleo del siglo XXI», afirmó el matemático británico Clive Humby. Por eso, cuando el 95% de los datos a nivel mundial son transportados por más de 532 cables submarinos —y otros 77 planeados— que cosen las costas de cada uno de los países del globo, su relevancia no debería pasar desapercibida para ningún líder mundial. Reflejo nítido de ello es lo sucedido durante el traspaso de poder en Chile.
El proyecto del cable submarino de fibra óptica conocido como Chile-China Express, que conectaría Concón (región de Valparaíso) con Hong Kong y generó sanciones de Estados Unidos a tres funcionarios chilenos el 20 de febrero de 2026, ha hecho que las reuniones destinadas al traspaso de poder entre el actual presidente, Gabriel Boric, y el presidente electo el pasado diciembre, José Antonio Kast, hayan saltado por los aires.
Aunque referidas también a otros temas diferentes al cable, Kast denunció una flagrante falta de transparencia por parte del Gobierno de Boric a la hora de informarle sobre el proyecto del cable chino. Ahora, el tradicional relevo de poder se ha roto —es la primera vez en la historia reciente de Chile que ocurre algo semejante; ni en la transición de dictadura a democracia, entre 1989 y 1990, se llegó a cortar el diálogo político—, por lo que, a priori, es un inofensivo proyecto, de iniciativa privada y no pública, que pretende mejorar la conectividad del país sudamericano.
Pero, ¿qué hay verdaderamente detrás de estos cables? ¿Por qué tal reticencia por parte de Estados Unidos a la hora de permitir a la soberana nación de Chile la instalación de una infraestructura que ampliaría su conexión con el segundo país más poderoso del mundo? ¿Por qué Boric lo pretendía permitir, pero Kast se muestra tan contrario a ello?
Versiones enfrentadas
Antes que nada, han de aclararse los hechos detrás de lo ocurrido en los pasillos de La Moneda. La concesión del proyecto por parte del Gobierno chileno a la empresa china China Mobile International (CMI) se realizó el 27 de enero, pero solo 48 horas después dicha concesión sería anulada por «errores técnicos». Poco después, el 20 de febrero pasado, la Administración de Donald Trump informó públicamente de la retirada de visa contra tres funcionarios del Gobierno de Chile, incluido el ministro de Transportes y Telecomunicaciones de Boric, Juan Carlos Muñoz.
Es la primera vez en la historia reciente de Chile que ocurre algo semejante. Ni en la transición de dictadura a democracia, entre 1989 y 1990, se llegó a cortar el diálogo político
El quiebre institucional ocurrió en una reunión de 22 minutos en La Moneda, cuando Kast pidió a Boric retractarse por afirmar en una entrevista televisiva que le había comunicado «semanas antes» el proyecto y las amenazas de Estados Unidos. Boric, respaldado por su ministra secretaria general de Gobierno, Camila Elizalde, insistió en que llamó a Kast el 18 de febrero (charla de 16 minutos reconociendo «amenazas estadounidenses») e intentó contactarlo el 20 desde Rapa Nui sin respuesta por «falta de voluntad». Kast, por su parte, trató en todo momento de distinguir los términos «informar» y «enunciar», por los que él entendía que no se había logrado transmitir la información debidamente. Aun así, y más allá del embrollo institucional, lo sucedido trasciende las fronteras chilenas.
Carretera de datos
Como cualquier otro suceso internacional desde aproximadamente 2016, no podemos entender lo sucedido sin considerar la disputa por la hegemonía que Trump y Xi Jinping protagonizan en todos y cada uno de los ámbitos geopolíticos. Así, las infraestructuras son, sin lugar a dudas, uno de los puntos más calientes de la disputa por ocupar el autoerigido trono mundial. Es ahí donde los cables submarinos entran en juego.

Amasando más del 95% de las comunicaciones globales, los cables submarinos han pasado desapercibidos en el debate público hasta hace escasos años. Su triple invisibilidad —bajo tierra, bajo mar y su condición de infraestructura— hace que la percepción general de su existencia esté infravalorada respecto a otras infraestructuras geopolíticamente indispensables. Aun así, sucesos como el de Chile arrastran a la superficie terrestre su trascendencia real. Una mayor rapidez de transmisión que la de los satélites ha hecho que prácticamente la totalidad de la información financiera, diplomática y de inteligencia entre los países trace las kilométricas rutas de los cables submarinos. Su vital importancia ha provocado que los gobiernos se vean obligados a interceder en el mercado libre, y la mano invisible es una vez más agarrada por naciones como Estados Unidos que ven peligrar sus intereses estratégicos.
El caso chileno es reflejo de ello. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, no dudó en explicitar las motivaciones detrás de los embargos de las visas: «Dirigieron, autorizaron, financiaron, prestaron un apoyo significativo y/o llevaron a cabo actividades que comprometieron infraestructuras críticas de telecomunicaciones y socavan la seguridad regional en nuestro hemisferio». Ahí está, un simple cable arremetiendo contra el hemisferio que la más reciente Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense ha decidido declarar como propio.
Siendo proyectos en mayoría de iniciativa privada, no ha sido hasta hace pocos años cuando empresas no provenientes de Estados Unidos (SubCom), Japón (NEC) o el Estado francés (Alcatel Submarine Networks) han irrumpido en el mercado de los cables. A través de la Huawei Marine Network (HMN Tech), en 2008, China forzó una reconfiguración del tablero global y la competitividad en la asignación de proyectos no solo se incrementó, sino que la potencia asiática acaparó la mayoría de ellos.
Desde entonces, la preocupación de Estados Unidos ha ido in crescendo. Por ello, la intromisión de los gobiernos de ambas superpotencias en la asignación de contratos ha sido clave; reflejo de ello, Chile. El peligro y preocupación en torno al cableado submarino nace de las vulnerabilidades que caracterizan a su funcionamiento. Los cables pueden ser «pinchados» en cualquier punto, siendo difícil de detectar y abriendo las puertas al espionaje.
Su triple invisibilidad hace que la percepción general de los cables submarinos esté infravalorada respecto a otras infraestructuras geopolíticamente indispensables
Por si fuera poco, los casos de sabotaje en el mar del Norte y en el Báltico, a los que no se les encuentra autoría clara, la desconexión total que sufrieron las Islas Matsu a manos de China o la intervención de cables submarinos llevada adelante por Estados Unidos o Gran Bretaña no son más que señales claras de la instrumentalización del cableado con fines geoestratégicos.
De «Valpo» a Miami
Un informe del centro de investigación chileno AthenaLab sobre el tema clarifica lo que ha pasado durante las últimas semanas en La Moneda: «El caso China Express evidencia que Chile abordó un proyecto de evidente relevancia estratégica y geopolítica como si se tratara de una mera iniciativa técnico-económica». Más allá de las acusaciones mutuas de ocultismo y deslealtad institucional, el detonante del traspaso de poder puede llegar incluso a hacer sombra al propio procedimiento democrático.
Este pasado fin de semana, Kast acudía a Miami a una reunión organizada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con otros cuantos líderes latinoamericanos ideológicamente afines al magnate neoyorquino. El fin era mostrar quién del «patio trasero» estaba de su parte, y quién –todo aquel que faltaba en la foto– será víctima de una de sus publicaciones en Truth Social. Puede, y solo puede, que el barullo en torno al cable tenga más que ver con el futuro alineamiento ideológico y material entre Santiago y Washington, y menos con el quebrantamiento de formalidades democráticas. China sigue observando.

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