
Las elecciones municipales en el Estado francés, que celebran este domingo su primera vuelta, se perfilan como uno de los acontecimientos políticos del año, especialmente cuando el mapa de los aproximadamente 35.000 municipios del país quede reconfigurado el próximo día 22, cuando tendrá lugar la segunda y definitiva vuelta electoral.
Más allá de Ipar Euskal Herria, donde «los grandes temas de Francia no tendrán demasiado impacto», segú explicó el periodista de Euskal Irratiak Jose Luis Aizpuru en NAIZ Irratia, en el Estado francés cuatro son las claves de esta cita con las urnas. Se han registrado 48,7 millones de electores y no solo pondrán a prueba el equilibrio de poder político antes de las elecciones presidenciales de 2027, sino que, además, se celebran en un contexto de agitación e incluso de erosión democrática.
El simbolismo de París
Es la elección más simbólica porque la alcaldesa saliente, la socialista Anne Hidalgo, no se presenta a la reelección tras dos mandatos, a pesar de que no hay tope en cargos locales. La derecha intenta recuperar la capital tras más de 20 años de alcaldes de izquierdas, pero la carrera está muy fragmentada, con varios candidatos de derecha y de centro.
Por tanto, la posible sorpresa será si la división de la derecha permite mantener el control a la izquierda sobre la capital francesa.
Los últimos sondeos antes de la primera vuelta de este domingo muestran que la elección en París está muy abierta, pero con dos claros favoritos: el socialista Emmanuel Grégoire, ligeramente en cabeza, y la candidata conservadora Rachida Dati. Las simulaciones en la segunda vuelta les sitúan codo a codo, por lo que las alianzas serán determinantes.
¿Cuánto poder tendrá la derecha?
Este uno de los aspectos más observados en las municipales del Estado francés, porque permite medir la evolución real del electorado entre dos elecciones nacionales. Aunque se trata de comicios locales, en los que muchas veces las personas cuentan más que las ideologías, su resultado suele interpretarse como un barómetro del clima político.
En este punto, el eventual avance de la derecha se medirá en varias familias políticas: la derecha tradicional (Les Républicains), el centroderecha macronista o de sus aliados en el Gobierno y la extrema derecha (Agrupación Nacional).
Ese eventual ascenso se medirá por el número de alcaldías ganadas o recuperadas, el porcentaje total de votos a nivel estatal y las conquistas en ciudades medianas o grandes, así como en su expansión territorial en zonas donde antes no tenían presencia.
Los analistas miran especialmente municipios donde la derecha podría arrebatar alcaldías a la izquierda o a ecologistas: Marsella (donde la fragmentación de la izquierda podría favorecer a la derecha o incluso a la ultraderecha) y los bastiones ecologistas de Lyon, Estrasburgo y Burdeos.
¿Ganará alcaldías importantes la ultraderecha?
Para el partido de Marine Le Pen y Jordan Bardella, la Agrupación Nacional, las municipales tienen un objetivo estratégico, ya que tiene pocas alcaldías (Perpigna fue la primera ciudad del Estado de más de 100.000 habitantes gobernada por el partido) y aspira a transformar su liderazgo en las encuestas en poder real para posicionarse como alternativa creíble a nivel nacional.
Como en París no cuentan con ninguna opción de victoria, la toma simbólica de Marsella, la segunda ciudad del país, sería considerada como un gran éxito. No obstante, la aritmética de las encuestas les es mucho más favorable en Niza, la quinta urbe más poblada del país.
El sur de del Estado francés es su abrevadero, pero la Agrupación Nacional también tiene posibilidades ahora en Lens, en el norte, y en Metz o Mulhouse, en el este. Su esperanza es ganar en otras ciudades importantes como Calais (norte) o Toulon (sur).
¿Mantendrá la izquierda sus grandes bastiones?
Otra de las cuestiones clave en estos comicios es si la izquierda mantendrá el control de sus principales bastiones urbanos. París, Marsella, Lyon, Burdeos y Estrasburgo son decisivas simbólica y estratégicamente, porque son los escaparates de las políticas urbanas, ecológicas y sociales de la izquierda.
Pero el talón de Aquiles para la izquierda es la fragmentación: socialistas, ecologistas y La Francia Insumisa compiten por separado, lo que puede jugar en su contra en la primera vuelta del domingo. Por ello, la capacidad de mantener alianzas en la segunda vuelta del 22 de marzo será determinante.
Y es que perder ciudades significativas se interpretaría como un debilitamiento de la base de apoyo electoral de la izquierda y un mal presagio para las presidenciales de 2027.

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