
Hubiera sido cuanto menos interesante observar la cara del canciller alemán, Friedrich Merz, en el momento en el que le comunicaron que Donald Trump levantaba parcialmente las sanciones al petróleo ruso. El líder germano encarna junto a su compatriota Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, el seguidismo acrítico del viejo continente hacia EEUU e Israel. De Ucrania a Gaza, pasando por la genuflexión ante el chantaje arancelario, la alineación de Berlín con Washington ha desbordado cualquier análisis racional, ya que ha perjudicado notablemente los intereses de la industria alema- na -la más potente de la Unión Europea-. Las consecuencias económicas globales de la guerra desatada contra Irán, sin embargo, están moviendo la posición del canciller.
Hay que acordarse del punto de partida. De visita a Washington pocas horas después de iniciarse los bombardeos sobre Irán, Merz calló en la Casa Blanca mientras Trump despotricaba contra los estados español y británico por su falta de apoyo a la ofensiva. De hecho, llegó a señalar que no era el momento de debatir sobre si el ataque era o no legal a la luz del derecho internacional, ni de «dar lecciones a los aliados», en referencia a Estados Unidos e Israel.
Una semana más tarde, este lunes, 9 de marzo, seguía sin modificar sustancialmente su posición, al asegurar que «Irán es el centro del terrorismo internacional y este centro debe ser clausurado». De hecho, añadió que «los estadounidenses y los israelíes lo están haciendo a su manera». No obstante, empezó a modular el mensaje, recordando que a nadie beneficia una nueva «guerra sin fin».
Una guerra sin salida
Las consecuencias económicas, sin embargo, empiezan a pesar en un país muy castigado ya por el fin del suministro energético ruso a causa de su ataque sobre Ucrania. Ahora sí, Merz se atrevió a criticar la decisión de Trump de levantar las sanciones sobre el petróleo ruso -«un error», dijo-.
De visita oficial en Noruega el pasado viernes, el canciller democristiano -al que sus socios socialdemócratas vienen presionando- también empezó a modular notablemente su discurso sobre los ataques contra Irán. Aunque insistió en que comparte «importantes objetivos» de los bombardeos en el país persa, esta vez añadió: «Con cada día de guerra surgen más preguntas, más de las que se pueden responder. Hace falta un plan convincente sobre cómo se puede poner fin a la guerra».
De hecho, preguntado sobre la información del ‘Financial Times’ según la cual algunos países europeos estarían negociando directamente con Irán para poner fin al bloqueo del estrecho de Ormuz, aseguró estar haciendo «todo lo posible diplomáticamente» con el objetivo de «poner fin a esta guerra lo antes posible».
«No beneficia a nadie y perjudica a muchos económicamente. También nos perjudica a nosotros», aseguró.

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