Carlos Gil
Analista cultural

Asimetrías deslumbrantes

BLOODY MOON
Cor., esc. y dir.: Marina Mascarell. Int.: Jessica Lyall, Lukas Hartvig-Møller, Bradley Walkler, Leticia Silva, Yi-Shao, Amancio González, Wolf Govaerts, Lola Politiron, Carlos Luis Blanco, Reiko Ohta. Prod.: Danish Dance Theatre. Lug. y fecha: Teatro Victoria Eugenia, 14-03-26, dFeria.

Escena de ‘Bloody Moon’, bajo la dirección de Marina Mascarell.
Escena de ‘Bloody Moon’, bajo la dirección de Marina Mascarell. (Gorka BRAVO | DONOSTIA KULTURA)

Contra el orden establecido, el deseo; los cuerpos en libertad para demostrar su singularidad y ambigüedad de género creativa para ir configurando un mundo que podríamos considerar que sigue la técnica de una foto coreografía durante muchos momentos ya que son instantáneas que se fijan y se descomponen para unirse en una armonía no lineal y que a base de asimetrías se van ordenando las imágenes, los momentos coreográficos, trasponiendo el concepto libertino en un orden ritual donde esos cuerpos de seres humanos tangibles  nos representan, nos cuentan sus pasiones, se deslizan hacia la nada, es decir hacia el todo posibilitado a base de ritmos sincopados que van construyendo en el espacio figuras colectivas a base de individualidades muy remarcadas que se complementan y se retroalimentan.

Estamos ante un acto creativo que desmenuza las tradiciones contemporáneas más rutinarias y conspira contra lo ortopédico de una danza demasiad constreñida a unos lenguajes que se reproducen desde el manual sin apenas dar posibilidades las posibilidades infinitas de la imaginación, a la personalidad de cada intérprete frente a la uniformidad, como aquí sucede de manera brillante, donde vemos salir de uno en uno a cada cuerpo, a cada sujeto escénico que se va fundiendo de manera aparentemente espontánea a los otros y todos juntos evolucionan como si fueran un enjambre, una bandada, pero siempre manteniendo cada cual su propia esencia y personalidad que además de su gestualidad propia, el vestuario ayuda a esa diferenciación más allá de su función cromática y el diseño que les dota de un sentido individual y colectivo a la vez.

Junto a una música muy obsesiva en ocasiones, una iluminación invisible, es decir perfecta para que resalten los cuerpos y sus evoluciones, se vive una hora de alta intensidad dancística de un valor inconmensurable, con una magnífica interpretación escénica del mundo de George Bataille a cargo de Marina Mascarell y su estupendo grupo de bailarinas y bailarines.