Derecho Internacional en un mundo de poder bruto
El campus de Donostia de la Universidad de Deusto fue escenario de una sesión necesaria y crítica sobre el Derecho Internacional. Docentes y estudiantes analizaron la encrucijada determinante que vive y los desafíos a los que se enfrenta.

Resultaba sugerente la invitación: en un mundo donde los líderes más poderosos se burlan del Derecho Internacional, celebran la carnicería sin ley, normalizan una cultura en la que la brutalidad se vuelve común y la crueldad se presenta como virtud, se agradece una mirada crítica y transformadora sobre la materia. ¿Cuáles son las preocupaciones de nuestros estudiantes de Derecho y de Relaciones Internacionales? ¿Cuáles son la amplitud de onda y las señales de alerta que emiten los especialistas de la EHU y de la Universidad de Deusto? ¿Hacia dónde vamos? ¿Todas las normas han saltado por los aires?
Las respuestas no fueron tajantes. Nada está predeterminado, se habló con cierto optimismo de oportunidades porque «Donald Trump ha hecho el Derecho Internacional más necesario que nunca», otros aportaron una visión más crítica y hablaron de una regresión de derechos y también hubo quien, apelando a Angela Davis, habló de la «esperanza como disciplina» mientras apuntaba como principal reto el hecho de que «se responde a una situación actual con instrumentos del pasado, con principios clásicos».
Con todo, en este mundo donde lo que es «de iure» no es «de facto» y sabiendo que el Derecho sin poder no se cumple y el poder sin Derecho se impone, los ponentes dejaron chispazos de pensamiento y motivos de reflexión que van más allá de lo académico.
La sesión estuvo moderada por Steffen Ray Rasmussen, coordinador del grado en la Universidad de Deusto y Máster en Estudios Europeos y Doctor de Relaciones Internacionales y contó con un panel de especialistas de la propia Universidad de Deusto –Natale Serón (litigación estratégica en derechos humanos) y María López Belloso (justicia transicional y tecnología) y de la EHU –Iker Zirion (construcción de paz y género) y Ander Gutiérrez-Solana (gobernanza global y medio ambiente).
China, omnipresente
Rasmussen planteó una pregunta a los cuatro especialistas para arrancar la sesión: ¿cuál es el principal desafío que el nuevo orden mundial plantea al Derecho Internacional Público? Y Ander Gutiérrez-Solana tomó la palabra en primer lugar para subrayar que «vivimos en un mundo en el que el malismo está de moda, y el pesimismo. Nos dicen que todo se desmorona, que todo va a ir a peor, que no hay esperanza, que un mundo basado en reglas no funciona, hasta casi casi nos dicen que la III. Guerra Mundial es inevitable… Es falso. Retórico. Y hay una propuesta ideológica detrás de ese discurso».
Entonces, ¿está o no en crisis el Derecho Internacional? Para el profesor de la EHU «está donde siempre ha estado, en un lugar intermedio entre el bien y el mal, entre funcionar y no funcionar… Lo que sí está cambiando es el orden internacional y el reparto del poder. Está cambiando porque EEUU es cada vez más débil, ya no es capaz de imponer su dictado, da la sensación que estamos ante el derrumbamiento de un imperio y cuando caen los imperios hacen mucho daño. Y eso sí que influye». ¿Está fallando? «Sí, claro, todo los derechos fallan…». Y, ¿hoy más que antes? «No, otra cosa es que vivimos en Occidente».
Y salió un actor que se hizo omnipresente en toda la sesión: China. Para Gutiérrez-Solana «da fiabilidad y seguridad jurídica, aprovecha el comportamiento de Trump para decir y repetir una y otra vez: ‘orden, reglas y derecho internacional’, ‘que todo el mundo se fie de mi porque yo siempre voy ha respetarlo’… Pero con un aire de optimismo incidió en que «el Derecho Internacional sigue ahí, marcando qué es un genocidio, qué una guerra ilegal, cuándo se puede viajar, dónde se puede pescar, qué aranceles se pueden. Lo que está cambiando es quién manda, y quien mandaba, manda cada vez menos».
Posteriormente tomó la palabra Natale Serón y ante los alumnos hizo una intervención que compartía muchos elementos de la anterior. «La situación es una oportunidad, hay que mantenerse positivo, nos quieren pesimistas, que tiremos la toalla, porque eso cambia toda aproximación al tema. Tenemos voz y voto, una responsabilidad individual y la fuerza colectiva que ello implica. Sois agentes y sujetos de Dereho Internacional».
E instó a la audiencia a reflexionar al respecto: «Mirad a Trump, dice que tiene todo el poder del mundo… ¿Pero cuál es la realidad? Que tiene más miedo que nunca a las elecciones de noviembre. El poder tiene mucho más de fuerza de la gente de lo que a ellos les gustaría que tuviera».
Y también reflexionó sobre una China «hiper pragmática, que no está haciendo absolutamente nada, pero que sin hacer nada se lo está llevando todo. Participa en ese reorden, de forma más callada, siempre lo ha hecho. Y ahora, el que era demonio rojo es el socio más fiable, frente a un Trump que no sabemos qué va a hacer mañana cuando se levante».
Lógicas de poder
Iker Zirion aportó una visión crítica en la construcción del derecho. Analizó sus lógicas de poder inherentes, «porque no es neutral y sigue siendo en gran medida racista, clasista, xenófobo, sexista, depredador de la naturaleza… Esto es con lo que jugamos».
Esos sesgos, para Zirion, han limitado la agencia y la participación de la gran mayoría del mundo, «obviando las ideas, las preocupaciones de la gran mayoría… de las mujeres, de personas pobres, de las iletradas, de las no blancas, las no occidentales, las no cristianas, poblaciones indígenas…Estas ausencias son, además de una forma de poder, una forma de violencia y un instrumento de dominación del derecho internacional».
Y planteó cuatro propuestas críticas para reordenar el Derecho Internacional y hacer que funcione como contrapeso frente a esos ejercicios de poder ilegales e inmorales. «Que sea más inclusivo, y tenga en cuanta los intereses y preocupaciones de aquellas personas y estados ninguneados; que sea más garante de todos los derechos de todas las personas, sin jerarquizarlos, para que la vida de la persona menos poderosa en Gaza valga lo mismo que la vida de la persona más poderosa en EEUU; que sea más pacífico, porque el objetivo no puede ser humanizar las guerras o limitarlas a determinadas excepciones, sino abolirlas; y por último, que sea más respetuoso con el medio ambiente, rechazando su extractivismo habitual, interiorizando que la naturaleza no nos pertenece».
Nuevos actores
Por último, María López Belloso planteó así el desafío principal: «Se intenta responder a una situación actual con herramientas del pasado». Y recordó que hay principios clásicos, que es un derecho hecho por estados para los estados, «pero no nos damos cuenta que en la sociedad internacional actual convivimos con otro montón de actores que se sitúan al mismo nivel de poder que los estados, por ejemplo las grandes compañías tecnologías, que tienen un poder de influencia brutal, incluso en la legislación».
Y se preguntó: «Si seguimos utilizando herramientas que se centran en la responsabilidad del los estados, ¿cómo vamos a ser capaces de exigir responsabilidades a otros actores que cada vez tienen responsabilidades más directas? Hoy la guerra se hace con y desde la tecnología. Lo hemos visto con el bombardeo a la escuela de niñas en Irán, donde todo indica que se produjo porque una de las grandes mucompañías tecnológicas que da soporte a las guerras de Trump, que es Palantir, hizo una mala ubicación. ¿A quién vamos a exigir responsabilidades? ¿A quiénes cuando los drones asesinan de manera selectiva, por ejemplo en Líbano, y no hay nadie apretando el botón, disparando el misil?».

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