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Elkarrizketa
Pau Alarcón Sánchez
Periodista freelance

«Es utópico pensar en la desmilitarización de Hizbulah»

Pau Alarcón Sánchez, periodista freelance en Beirut, describe a Líbano como un país complejo y mal entendido por Occidente, donde los ataques israelíes se han cobrado cientos de vidas y diezmado a profesionales de la información.

Pau Alarcón Sánchez durante una cobertura en el sur de Líbano.
Pau Alarcón Sánchez durante una cobertura en el sur de Líbano. (Pau Alarcón)

«Debemos entender y respetar la complejidad de Líbano», concluye Pau Alarcón Sánchez para NAIZ Irratia. Periodista freelance en Beirut, Alarcón cubre desde el pasado septiembre la realidad de «un país complejo y mal concebido por Occidente». Graduado en Filosofía por la Universitat de Barcelona y especializado en periodismo internacional por la Ramon Llull‑Blanquerna, Alarcón no concibe el oficio periodístico lejos del terreno, lejos de la gente. Así, viajó a Beirut con la seguridad de que el periodismo podría ser una vía para «aplicar mis valores y convicciones».

Desde entonces, mucho ha acontecido en la región. Nunca está de más recordar las más de 2.290 víctimas libanesas que los bombardeos del Ejército israelí han causado, y los 177 niños y niñas que figuran entre dichos números. Aun así, ha sido el ejercicio periodístico el que se ha visto en muchos sentidos afectado por la renovada excepcionalidad que vive el «pequeño pero complejísimo país», según Alarcón.

Tres fueron los periodistas que perdieron la vida solamente en marzo de este año en territorio libanés. Un ataque israelí alcanzó un vehículo en el que Ali Shoaib, de la cadena Al‑Manar TV; la periodista Fatima Ftouni, de la cadena Al‑Mayadeen TV; y su hermano, el fotoperiodista independiente Mohamad Ftouni, se dirigían a cubrir un ataque israelí cerca de la carretera de Jezzine, en el sur del Líbano. Aun así, son 11 los que han resultado muertos a causa de los ataques israelíes desde que la ofensiva sobre Gaza, luego extendida a toda la región, empezara en octubre de 2023.

Tratando de descifrar parte del carácter críptico del país y calificando la actual guerra como una de «desgaste», Alarcón señala que los intercambios entre Tel Aviv y la milicia chií son «un bucle que nunca parece terminar». El periodista apunta además a la centralidad que ocupa en el conflicto el desarme de Hezbollah, pero admite que «es casi utópico pensar en su desmilitarización», y añade: «Ni el Ejército ni el Gobierno libanés tienen una capacidad efectiva».

Percepciones y deconstrucción

Aunque prácticamente recién aterrizado en el terreno pero algo curtido por el momento histórico regional, Alarcón lamenta la «percepción distorsionada que la propaganda y los medios occidentales» transmiten con asiduidad. «Necesitamos deconstruir lo que es Líbano», y añade que «es simplista hablar únicamente de etnias y religiones; la red de engranajes sociales es mucho más compleja».

Muchas veces dibujado como un diverso territorio repleto de religiones y etnias independientes, dichas identidades son mucho menos estancas y compartimentadas de lo que se cree. «Aunque pequeño, el país es difícil de entender», y añade: «No solo a los expertos, sino que a los propios habitantes les cuesta entender Líbano».

En cuanto al actor más relevante del país, Hizbulah, Alarcón señala también el distorsionado entendimiento que tenemos en Occidente sobre lo que representa la milicia para los libaneses: «Se tiene que entender Hezbollah como resistencia política, y no solamente religiosa». Arrojando algo de luz a la diversidad dentro del grupo, el periodista comenta que «de camino al aeropuerto, un colega de profesión me enseñó la foto de dos mártires armenios, cristianos, que pertenecían a Hizbulah».

Haciendo hincapié en el papel de los medios a la hora de entender la realidad local, Alarcón denuncia que «los medios no muestran la complejidad de la realidad; al contrario, periodistas que tendrían que cubrir desde el sur del país, sea por las condiciones o no que les dan los medios, hablan de la realidad desde su casa en Beirut». «No se está siendo consecuente», concluye.

En un momento en el que el alto el fuego acordado entre Israel y el Líbano pende de un más que fino hilo, Alarcón se muestra inquieto ante el futuro que desde Tel Aviv pueden estar planificando para Líbano: «si desgraciadamente hubiera una guerra civil, que es el escenario al que la mayoría de los libaneses tienen miedo, Israel lograría su objetivo».