El hundimiento del Leicester 10 años después de aquel histórico título
El equipo que ganó la Premier contra todo pronóstico en 2016, hace justo diez años, acaba de bajar a la tercera división inglesa. Qué mejor que recordar con nostalgia aquella improbable hazaña...

El fútbol moderno es cada vez menos poético. No se puede ni celebrar una de las mayores hazañas, porque el tiempo pasa tras rápido que puede que esos mismos protagonistas se acaben hundiendo.
Ha sido un contrapaso casi dantesco el del Leicester: celebrar los 10 años de su increíble título en la Premier inglesa bajando a tercera división, tras pasar en 12 meses de la élite a la League One.
A ningún club le había ocurrido algo parecido; como mucho, algunos habían bajado a segunda, a Championship. Una obra maestra al revés esta de los ‘foxes’, los ‘zorros’, que este martes al empatar contra el Hull City (2-2) han certificado su descenso, debido también en gran parte a los seis puntos de penalización por graves fallos económicos.
Un desastre absoluto que nos hace mirar a aquel 2 de mayo de 2016, el día del triunfo del Leicester en la Premier contra cualquier pronóstico, con más nostalgia aún.
Un club desbocado
Todo fue raro durante aquella temporada 2015-16. El Leicester era el clásico equipo ascensor; un año en la Premier, otro en la Championship, y así todo el rato, de vez en cuando encontrando la gloria en la FA Cup, la Copa nacional donde las sorpresas son más probables a partido único y con un sorteo sin jerarquías, o en la Copa de la Liga, ganada hasta en tres ocasiones.
En 2015 aquellos ‘foxes’ lograron la salvación de milagro, con un impresionante arreón de resultados en los últimos dos meses, cuando se encontraban en puestos de descenso. El entrenador Nigel Pearson, sin embargo, durante un partido contra el Crystal Palace había agarrado al jugador rival James McArthur intentando pegarle: despedido y fichado otra vez en pocas horas, su falta de control era evidente y el club parecía ir de la misma manera, como un caballo desbocado sin rumbo claro.
Cuando salieron las cuotas de las apuestas para aquella campaña, el Leicester tenía menos opción de ganar la Premier que Bono de ser elegido Papa: 5.000 contra 1
A pesar de permanecer en la Premier, el Leicester durante el verano echó finalmente a Pearson después de un escándalo sexual-machista ocurrido en Tailandia. Algo grave en sí, y aún más si el propietario del club era tailandés, como ocurría con los ‘foxes’. Para el banquillo entonces el club tomó la decisión de llamar a Claudio Ranieri, que acababa una desastrosa experiencia de seleccionador con Grecia, despedido después de una humillante derrota contra las Islas Feroe.
Es verdad que ‘Sor Claudio’ en Inglaterra había tenido bastante éxito con el Chelsea, pero su imagen casi de ‘pringado’ no daba mucha confianza. En aquel momento salieron las cuotas de las apuestas en la Premier League y el Leicester tenía menos posibilidades, según los operadores, que Bono (el cantante de los U2) de ser elegido como nuevo Papa: 5.000 contra 1. Por supuesto, era el candidato número uno para el descenso.
Una mezcla absurda
Schmeichel; Simpson, Huth, Morgan, Fuchs; Mahrez, Kanté, Drinkwater, Albrighton; Vardy, Okazaki. Quitando a dos o tres de estos, que se convertirían en estrellas a nivel mundial, ¿alguien recuerda otros éxitos de alguno de los demás?
Pues aquel, y no otro, era el once de gala del Leicester de aquella temporada, reforzado deste el banquillo por gente como el gigantesco delantero Ulloa, de la Patagonia, el centrocampista-carrilero Schlupp, el extremo Gray o el minúsculo (165 centimetros) interior Nathan Dyer.
No es solo cuestión de parecerse a los ‘bastardos sin gloria’: lo de aquel Leicester era una especie de mezcla entre la ‘Comunidad del anillo’ y una banda improvisada tipo la de la peli ‘Full Monty’, una cuadrilla dispar que había quedado en Inglaterra. Japoneses, austriacos, magrebís, jamaicanos, alemanes y daneses, entrenados por un italiano: se parece a un chiste.

Quedaría en la memoria popular, en carne para memes, la frase de Gary Lineker, exdelantero de la selección inglesa y también de los ’foxes’, durante su programa en la BBC: «Si el Leicester gana la Premier, vengo a presentar en calzoncillos». Dicho y hecho.
Lo bonito del fútbol, sin embargo, es ver las cosas a posteriori, por ejemplo los fichajes acertados. Y dos entre todos, Mahrez y Kanté. El argelino había llegado en el verano de 2015, por unos 400.000 euros; estaba en el Le Havre, ubicado en la segunda división francesa, y era un revulsivo regateador zurdo que jugaba en banda derecha, especialista en faltas.
Mahrez y Kanté fueron las claves: del segundo se dijo que «el 80% del planeta está cubierto por agua; el resto, por Ngolo Kanté»
Por otro lado Kanté, un mediocentro defensivo pequeñito, con una cabeza un poco desproporcionada con respecto al cuerpo, pescado en el Caen, siempre en Francia, por 8 millones. Aparentemente tenía que estar en las rotaciones, sin más. El titular en teoría debía ser Gokhan Inler, estrella de la selección suiza: pues bien, con el francés apenas pisaría cancha.
Impresionante el rendimiento de Kanté, el mejor de aquella Premier en cuanto a balones recuperados y un experto en ocupar cancha, certificado por esta frase: «El 80% del planeta está cubierto por agua; el resto, por Ngolo Kanté». Incansable, inteligente tácticamente, totalmente desconocido para la mayoría de los aficionados, Ranieri lo celebraría así: «Llegará un día en que rematará de cabeza un centro que él mismo haya hecho».
Espectadores neutrales
Estos dos especialmente cambiaron la cara al Leicester, y no por casualidad serían vendidos al Manchester City y al Chelsea a cambio de más de 100 millones de euros, ganando ambos posteriormente la Champions League (Kanté, también la Copa del Mundo con Francia, en 2018).
Pero en aquella plantilla destacaban las figuras de culto, empezando por Jamie Vardy, delantero centro quinta esencia del fútbol de barrio, que en aquella temporada clavó ni más ni menos que 24 goles. Entre octubre y noviembre lo logró en 11 partidos seguidos, récord de la moderna Premier League. Sigue jugando, en Italia, en la Cremonese, y será recordado para siempre por ser el héroe de aquella incomparable campaña, donde parecía tener una conexión telepática con Mahrez. Y pensar que había empezado la temporada con una polémica racista, por haber insultado a un camarero asiático en un casino...
Ángeles de cara sucia, como la pareja de centrales Morgan-Huth, dos armarios que en el fútbol moderno tendrían poco espacio, pero perfectos para subir las barricadas atrás y, de vez en cuando, anotar de cabeza a balón parado (alucinante el doblete de Huth contra el Manchester City); trabajadores oscuros, como el delantero japonés Okazaki, que se dedicaba más a defender que a atacar; historias amargas tipo Danny Drinkwater, descartado por varios equipos quizás por su torpe apellido, el ‘bebeagua’, y que con el Leicester de hecho acabaría su trayectoria en la élite, fracasando también en el Chelsea.
Resulta bastante triste, una década exacta después, ver el destino de este club, que se ganó a la afición y la cercanía de los espectadores neutrales. Por una vez, los pesos pesados no ganaban por inercia o por tener un bolsillo más lleno. A veces el deporte puede regalar estos cuentos de hada, aunque cada vez son más complicados.
La nueva realidad del Leicester, en un fútbol inglés que no tiene piedad y temporada tras temporada es más cruel y darwinista, fuerte con los débiles y débil con los fuertes, es la tercera división. Al aficionado cualquiera, esta noticia le habrá tocado bastante, pero es cierto que nadie le va a quitar lo bailado al equipo capaz de lograr aquella inolvidable hazaña.

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