La documentalista Mirentxu Loyarte revive en Punto De Vista
El 20º Festival Internacional de Cine Documental de Nafarroa, Punto de Vista, se fija, ya en su cuarta jornada, en el panorama vasco: desde los coros comunitarios de Ricercata – Cine en Común a la biografía particular de la vanguardista Mirentxu Loyarte.

En septiembre de 2025 fallecía Mirentxu Loyarte, pionera del documental vasco. Apenas medio año después, Punto De Vista le dedica una conferencia ilustrada en colaboración con CIMA (Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales) y (H)emen, asociación de mujeres del sector audiovisual y las artes escénicas vascas. La clase magistral corre a cargo de la cineasta Iratxe Fresneda, quien debutó con el homenaje a Loyarte ‘Los ecos del Irrintzi’ (2016). En ella, se proyectará ‘Irrintzi’ (1978), un compilatorio poético que reflexiona sobre la identidad colectiva de la ciudadanía vasca.
Desconocida a causa del devenir nómada de su vida, la cineasta navarra Mirentxu Loyarte es aún hoy día una figura a reivindicar. Nacida en Iruñea en 1938, forma parte del movimiento que inicia la producción cinematográfica vasca y nacionalista a partir de los años sesenta. Exiliada en los ochenta, la cineasta realizó uno de los ejercicios cinematográficos más valientes y arriesgados de los años setenta en el Estado español, ‘Irrintzi’, un cortometraje de 12 minutos basado en una obra de Luis Iturri, que obtuvo el Premio especial de calidad de la Dirección General de Cinematografía de ese año y que supuso un verdadero terremoto en el panorama artístico del momento.
Asimismo, en 1981 realizó ‘Euskal Emakumeak-Ikuska 12’, en la que muestra el espacio sociopolítico que ocupaba la mujer en la sociedad de finales del siglo XX. De los 21 documentales en euskera producidos entre 1978 y 1982, fue el único dirigido por una mujer. Así es que (H)emen la haya programado como uno de los títulos recurrentes en las celebraciones de su décimo aniversario.
El programa de Cine en común de Ricercata invoca un díptico rural
Punto de Vista proyecta este jueves los dos mediometrajes resultantes de Zinema Auzolanean, ambos impulsados por la productora Hiruki Kimuak. Son el díptico que nació al entregar una cámara a las vecinas de Lerga y Aurizberri (dos pequeñas poblaciones rurales en la comarca de Tafalla y Auñamendi) y proponerles grabar un autorretrato a partir de dos ejercicios diferentes de imaginación.
‘Kukuaren Kanta’ reflexiona sobre el paso del tiempo, capturando instantáneas de cada una de las estaciones, cementerios y fiestas mayores. ‘Ziarraize’, en cambio, mira al legendario local y flirtea con el regreso de las brujas al pueblo. Las gentes de Lerga y de Aurizberri, respectivamente, contaron con una bolex a cuerda de 16mm y un micrófono de percha –que, simpático, va colándose en el plano–. Grabarían imagen y sonido por separado, lo cual facilita que, a solas desde la mesa de montaje, la cineasta Ione Atenea vaya jugando con la velocidad de las pistas, montando micro-carrerillas entre imagen y sonido.
Estos golpes de gas ligeramente disonantes son el gesto de escritura más reconocible en un patchwork que sólo aspira a la bella verdad y resultan breves juegos a los que atenerse si desconectamos del valor intrínseco de lo que hay, lo que se ve y la claridad con que se filma (también los contrapelos prosaicos que han llegado a la obra final, como algún zoom engorroso o alguna instantánea impúdica según el cine ‘de bien’, papadas y funerales incluidos). Pero no huiremos nunca de la vida que traspiran las imágenes, porque no es necesario conocer la gestación de ambas obras para reconocer qué tanto se ha disfrutado filmándolas.
Estos son dos de varias películas que la Nafarroa rural ha rodado en comunidad. En 2022 Marina Lameiro, también de Hiruki, propuso una iniciativa similar en Uztarroze bajo el paraguas de Landarte, el programa de la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana que invita cada año a varias localidades a implicarse en procesos colectivos de creación cultural. De hecho, en 2024 Punto de Vista proyectaba ‘Año y vez’, fruto del trabajo entre las vecinas de Urrotz y el cineasta Patxi Burillo (‘Y arquitectura un sueño de palmera’).

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