Merz, un año entre políticas erráticas y un rearme histórico
Merz cumple a principios de mayo un año en el poder. El canciller aterrizó en el Ejecutivo como el hombre que iba a sacar a Alemania del estancamiento. Doce meses después, el resultado es otro. Una economía parada, una coalición tensionada, la AfD al alza y el mayor rearme alemán desde 1955.

Friedrich Merz llegó a la cancillería en mayo de 2025 prometiendo revitalizar la economía alemana. Este ex ejecutivo de BlackRock, duro negociador, conservador sin complejos y más alemán que federalista europeo era perfil que muchos esperaban. Un año después, el estancamiento persiste, la tasa de paro es la más alta desde la pandemia, y el Ministerio de Economía alemán ha rebajado ya a la mitad sus previsiones de crecimiento para este año. Rainer Dulger, presidente de la patronal BDA, resumió así el diagnóstico: «Para la economía alemana ya son las doce y cinco».
El recorte de previsiones se debe en buena parte a la crisis energética desatada por la guerra de EEUU e Israel contra Irán, aliados con los que Berlín se ha alineado casi sin miramientos en cada conflicto. En Gaza, el Ejecutivo invocó la seguridad de Israel como razón de Estado para justificar un genocidio que gran parte de su propia sociedad rechaza.
Cuando los ataques contra el país persa parecían un éxito militar, Merz fue de los primeros en Europa en respaldarlos. Ahora que la guerra se ha convertido en un lastre económico para Alemania, culpa a Donald Trump de haberla iniciado sin estrategia, e incluso ha llegado a afirmar que Irán está «humillando a EEUU».
Quien siga, o no, al presidente estadounidense sabía que no iba quedarse callado. Este miércoles amenazó con retirar los 36.000 soldados estadounidenses estacionados en Alemania, y recomendó a Merz que se ocupara de arreglar su país roto antes de interferir en la guerra. «No es de extrañar que Alemania esté tan mal», escribió en Truth Social.
Solo el 15% de los ciudadanos está satisfecho con su gestión y ocupa el último puesto en el ranking de popularidad de los políticos alemanes
Al margen de afirmaciones categóricas, las idas y venidas de Merz revelan a un canciller sin brújula estratégica, más ocupado en gestionar el daño que en construir una política exterior coherente.
Puertas adentro, el paisaje tampoco acompaña. Solo el 15% de los ciudadanos está satisfecho con su gestión y ocupa el último puesto en el ranking de popularidad de los políticos alemanes destacados. La retórica bélica no calienta la economía ni detiene a la AfD, que se dispara al 28% mientras la industria se contrae.
Por si fuera poco, el gobierno de coalición con los socialdemócratas del SPD ha rozado el colapso en más de una ocasión, la última vez esta misma semana, cuando los recortes que plantea la CDU para encarar el rearme volvieron a tensar esta atípica alianza hasta el límite.
Y la historia rima. Angela Merkel eligió la austeridad tras 2008 cuando tenía margen para hacer lo contrario, y la extrema derecha lleva años cobrándole la factura. Merz parece dispuesto a repetir el experimento, aunque esta vez para sufragar el mayor rearme alemán desde la Guerra Fría.
Estrategia de rearme
El Gobierno presentó en abril una estrategia de rearme para sus Fuerzas Armadas por primera vez en 70 años. El plan, presentado por el ministro de Defensa Boris Pistorius, fija como objetivo convertir a la Bundeswehr «en el mayor ejército convencional de Europa», pasando de los 184.300 efectivos actuales a 460.000 en 2035 entre activos y reservistas.
‘Servicio militar modernizado’, drones, antimisiles y armamento de largo alcance, con soldados ucranianos entrenando a tropas alemanas. Un rearme acelerado que en Europa despierta fantasmas del pasado y en Alemania la inquietud de que la AfD pueda heredarlo todo.
Detrás de la retórica de la seguridad colectiva y la amenaza rusa asoman sin embargo intereses más concretos. El rearme alemán apunta también al control de las rutas energéticas del Golfo y el Sahel, regiones críticas para un país que perdió el gas ruso barato tras el inicio de la guerra en Ucrania, y el propio documento establece sin rodeos que esa proyección militar «alivia» la carga de EEUU y de la OTAN.
Un alivio que Berlín pagará en dólares, ya que la industria alemana no tiene por ahora capacidad para absorber contratos de esa magnitud y buena parte del dinero termina cruzando el Atlántico en forma de F-35, Patriot y Tomahawk estadounidenses.
Para todo ello, Alemania aumentará un 27,9% su gasto en defensa en 2027, según el presupuesto presentado esta semana por el ministro de Finanzas Lars Klingbeil. Pistorius tendrá así a su disposición 133.300 millones de euros, de aprobarse el proyecto en el Parlamento. Para 2030, el país gastará en defensa el triple de lo que gastaba al inicio de esta legislatura.
Las cuentas no cuadran
Pero las cuentas no cuadran. Por ello, el Parlamento aprobó en 2025 una reforma constitucional que flexibiliza el freno a la deuda y exime el gasto en defensa de sus límites, y esta semana el gobierno ha acordado una reforma sanitaria de 16.300 millones para cerrar un agujero proyectado de hasta 40.000 millones en las cajas públicas hasta 2030, aunque lo acordado cubre solo 2027.
En pensiones no hay nada decidido, aunque Merz declaró que la pensión pública pasará a ser «una cobertura básica». El Gobierno propone además subir los impuestos de varios productos, todas ellas medidas que pasarán por el Bundestag. Con todo, la dirección apunta hacia un Estado de bienestar más estrecho para financiar un Ejército más grande. El mayor de Europa.

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