Iker Bizkarguenaga
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad

Ormuz expone las fallas de un modelo energético insostenible

Cada vez son más las voces que afirman públicamente que la crisis de Ormuz y su impacto en el tránsito de hidrocarburos debe servir de acicate para acelerar la transformación del modelo energético hacia uno basado en fuentes renovables.

Imagen obtenida de la página web de Marine Traffic donde se aprecia el tráfico en el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán, con cientos de embarcaciones esperando poder pasar.
Imagen obtenida de la página web de Marine Traffic donde se aprecia el tráfico en el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán, con cientos de embarcaciones esperando poder pasar. (Marinetraffic.com)

Además de hacer saltar por los aires la legalidad internacional, ya devaluada, arrasar infraestructura civil –lo que es un crimen de guerra sin matices–, y causar miles de víctimas, el ataque de EEUU e Israel a Irán y la subsiguiente guerra han puesto de relieve la importancia estratégica del estrecho de Ormuz y, con ella, el roto que su bloqueo le puede hacer a la economía global.

Llevamos tanto hablando de este cuello de botella por el que pasa gran parte de los hidrocarburos que se consumen en el planeta, que el propio Donald Trump, refractario al conocimiento, probablemente ya será capaz de situarlo en el mapa. Aunque para nada bueno. Sin visos de acuerdo en el horizonte, instituciones y ciudadanía compartimos angustia cuando descontamos el impacto que este cierre puede tener en presupuestos y bolsillos.

Sin embargo, la crisis también está sirviendo para constatar la inviabilidad del modelo energético, articulado desde el siglo pasado en torno a los combustibles fósiles. Es insostenible medioambientalmente, por ser el principal causante del calentamiento global, pero también invita a desecharlo la dependencia que origina respecto a un puñado de países productores de gas y petróleo y del buen funcionamiento de unas vías fácilmente saboteables. Hoy es Ormuz, ayer fueron los gasoductos Nord Stream, y teniendo en cuenta la volatilidad actual, mañana podría ser cualquier otra infraestructura.

Turbulencias y guerras

Es lógico, por tanto, que cada vez sean más las voces cualificadas que advierten de que la seguridad energética mundial no puede depender de accidentes geográficos o de contextos geopolíticos determinados. Durante su intervención en la Green Growth Summit en Bruselas, el jefe de cambio climático de la ONU, Simon Stiell, destacó precisamente que los conflictos y el aumento de las tensiones geopolíticas evidencian la vulnerabilidad del sistema energético global, y que «la dependencia de los combustibles fósiles está erosionando la seguridad y la soberanía nacionales, reemplazándolas por la subordinación y el aumento de los costes».

En palabras de Stiell, esta dependencia está generando un costo enorme en «un mundo marcado por turbulencias comerciales, políticas de mano dura y guerras». Concretó, en este sentido, que en Europa, solo en 2024, la factura superó «los 420.000 millones de euros», aunque sus efectos se sienten en todo el mundo.

En este contexto, las renovables se plantean desde Naciones Unidas como alternativa fiable, ya que reducen costes y la dependencia de fuentes externas y vulnerables. «La energía solar no depende de estrechos geopolíticos, y el viento no requiere enormes escoltas navales financiadas por los contribuyentes», explicó Stiell.

Insistió en su intervención en que estas fuentes no son solo una solución ambiental, sino también económica, ya que la adopción de energías más limpias permitiría a los países aislarse de la «agitación política global» y escapar de las «políticas de fuerza» que actualmente dominan las relaciones internacionales.

Allanar el camino de la COP31

Las relaciones internacionales son precisamente las que determinan el éxito o el fracaso de eventos de alto calado diplomático. Como las cumbres anuales sobre el cambio climático (COP), llamadas a implementar la hoja de ruta contra la crisis climática. Las últimas citas han dejado un sabor más agrio que dulce, y los objetivos fijados en París en diciembre de 2015, en particular el  de situar el calentamiento debajo de 2 grados centígrados, preferiblemente a 1,5°C, en comparación con los niveles preindustriales, empiezan a parecer inalcanzables.

La COP31 se celebra este noviembre en la ciudad turca de Antalya, aunque el presidente negociador es el ministro australiano para el Cambio Climático y Energía –Turquía y Australia aspiraban a acoger la cumbre–, Chris Bowen, que esta misma semana ha ofrecido su primera entrevista tras empezar a desempeñar ese cargo.

En ‘The Guardian’, Bowen señala que la perturbación actual en el mercado energético debe considerarse una crisis global de los combustibles fósiles, que sería la segunda en cuatro años, tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, destaca su grave impacto en Asia y considera que todo esto podría allanar el camino para la cumbre sobre el clima.

«Este año existe un verdadero interés por hacer hincapié en la fiabilidad y la soberanía energética, y creo que eso abre más oportunidades para la COP31», valora Bowen. Indica al respecto que ministros y otros representantes institucionales asiáticos han coincidido en reuniones privadas en que la crisis en el suministro de combustibles pone de manifiesto la necesidad de satisfacer las necesidades a corto plazo y de avanzar hacia las energías renovables y la electrificación para reducir la dependencia del petróleo importado.

Las palabras del jefe negociador de la COP31 van en la misma dirección que las del director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, quien ha dicho que la guerra está llevando a los países a abandonar el petróleo para garantizar el suministro energético y que alterará por siempre el sector de los combustibles fósiles.

Estas declaraciones coinciden, además, con dos encuentros destinados a dar un impulso a los vacilantes esfuerzos por actuar colectivamente ante la crisis climática: el diálogo anual de Petersberg, organizado por el Gobierno alemán, y la primera conferencia internacional sobre la transición para abandonar los combustibles fósiles, celebrada del 24 al 29 de abril en la ciudad caribeña de Santa Marta.

Organizada conjuntamente por Colombia y Países Bajos, la cita de Santa Marta se anunció como respuesta a la frustración con los países petroleros por oponerse a una declaración clara sobre la necesidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles en la cumbre COP30.

Pese a ser uno de los principales exportadores de carbón y gas, y seguir aprobando proyectos de combustibles fósiles, mientras instala paneles solares y baterías domésticas a gran ritmo, Australia apoyó en la cumbre de 2025 una declaración impulsada por Colombia sobre la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, y ha estado ahora en Santa Marta.

Otros grandes productores de gas y petróleo presentes en esta conferencia han sido Canadá, Nigeria, México, Brasil y Turquía. No así China, EEUU, India y Rusia.

De igual modo, el ministro turco de Cambio Climático y presidente de la COP31, Murat Kurum, mencionó expresamente los combustibles fósiles en un discurso pronunciado el 21 de abril en el diálogo de Petersberg, y afirmó que la crisis de Ormuz demuestra que «depender exclusivamente de los combustibles fósiles significa caminar hacia la inestabilidad, la inseguridad y el colapso climático».

«Estamos viendo un cambio masivo»

Mientras tanto, empiezan a notarse las consecuencias de la volatilidad y el alto precio de los combustibles, lo que está generando un aumento notable en los discursos y acciones favorables a la energía verde. En Gran Bretaña, uno de los países europeos con menor implantación de estas tecnologías, las ventas de bombas de calor en las tres primeras semanas de marzo se elevaron un 51% en comparación con el mismo periodo del mes anterior, según la energética Octopus Energy.

Las ventas de instalaciones solares han subido un 54%, y las de cargadores para vehículos eléctricos (EV) han aumentado un 20%. «Estamos viendo un cambio masivo, la gente deja de limitarse a preguntar y pasa a actuar. Las familias británicas están cansadas de ser rehenes de los precios globales de los combustibles fósiles», señalaba Rebecca Dibb-Simkin, representante de Octopus Energy, a Euronews.

De igual modo, la firma francesa de coches de segunda mano Aramisauto ha visto cómo sus ventas de eléctricos casi se duplicaban entre mediados de febrero y el 9 de marzo. Y según la agencia Reuters, la empresa con sede en Ámsterdam Olx afirma que las consultas de clientes sobre vehículos eléctricos se han disparado en sus plataformas de Rumania, el Estado francés, Portugal y Polonia, con un crecimiento «que se acelera de forma constante semana tras semana en todos los mercados». En Noruega, en el mayor portal de coches de ocasión, los vehículos eléctricos ya han superado a los diésel como tipo de propulsión más vendido online.

Son aún datos coyunturales, pero la reflexión que subyace en ellos es profunda y está alentada por una incertidumbre que parece haber llegado para quedarse.