Seixas y Pellizzari, contra la globalización en el ciclismo
Un país de dos millones que domina las grandes vueltas, un colombiano que gana el Tour, un eritreo que se hace con el maillot verde... Con el comienzo de las grandes vueltas, Paul Seixas y Giulio Pellizzari aspiran a devolver a los países con más tradición su porción de gloria.

El colombiano Egan Bernal logrando en 2019 lo que no consiguieron Nairo Quintana, Lucho Herrera o Fabio Parra, Binian Girmay convirtiéndose en héroe nacional en Eritrea tras ganar tres etapas y el maillot verde del Tour en 2024, el ecuatoriano Richard Carapaz vistiéndose de rosa en 2019, Tadej Pogacar y Primoz Roglic ganando 10 vueltas grandes en seis años para un país que nunca había ganado una o los británicos ganando las tres grandes con Bradley Wiggins, Chris Froome, Geraint Thomas y Simon Yates. Allí donde antes triunfaban franceses, italianos, españoles y belgas, ahora hay banderas de todo el planeta.
Mirando el palmarés de cualquier prueba, se puede observar que el dominio, durante los últimos 15-20 años, está mucho más repartido que en los 100 años anteriores. Esto se puede deber a varios factores.
Por un lado, antes los equipos tenían fuerte identidad nacional, mientras que hoy son estructuras multinacionales, donde no es extraño encontrar plantillas con corredores de 10–15 países distintos, un staff internacional y patrocinadores de todo el globo.
El ciclismo moderno depende más de datos, nutrición y gran presencia de la ciencia en el entrenamiento. Esto reduce ventajas históricas de los países con más tradición ciclista, que contaban con cientos de escuelas de ciclismo y, en general, una cultura arraiga al deporte de las dos ruedas.
Hoy en día, un talento de cualquier parte del mundo puede ser captado, provocando que las sequías nacionales largas como las que mencionas sean más probables estructuralmente, no casuales. Además, antes correr en casa podía suponer una clara ventaja. El conocimiento del terreno también resultaba un factor a su favor, mientras que a día de hoy todos los equipos estudian etapas con precisión reconocimiento previo con datos y GPS.
Una década sin una maglia italiana
Y los datos son claros. Con la impresionante irrupción de Paul Seixas en el pelotón profesional mucho se habla de la sequía francesa en el Tour. Y es que en julio se cumplirán 41 años de la última victoria de un ciclista del Hexágono, cuando en 1985 Bernard Hinault conquistó su quinto y último triunfo. Pero las sequías no son solo francesas. Y es que los años suman también para italianos y españoles en sus respectivas grandes vueltas.
El Giro es la primera de las tres grandes y comienza este próximo 8 de mayo en Sofía, Bulgaria. Y será la primera opción para que estos países con mayor tradición ciclista recuperen su lugar en el palmarés.
Italia, además, llega a la cita con un nombre propio: Giulio Pellizzari. El joven transalpino ha desatado la esperanza en la bota, donde buena falta hace. Sin equipos World Tour desde la crisis económica desatada en 2008 y la crisis deportiva tras varios casos de dopaje (Danilo di Luca o Riccardo Ricco, entre otros), los transalpinos llevan demasiado tiempo sin una verdadera estrella que brille en las grandes vueltas. Desde que Vincenzo Nibali se hiciese con la maglia rosa en 2016 gracias a una gran remontada (y a Kruijswijk estrellándose contra una pared de hielo en el Agnello, todo sea dicho), Italia lleva demasiado sin imponerse en el Giro.
Y los años también empiezan a sumar en Italia. Antes de esta racha negativa, los transalpinos nunca habían estado más de cinco años sin un "campione". Ahora esa cifra ya se ha doblado. Giulio Ciccone se ha estrellado cada vez que ha intentado la general, lo mismo se puede decir de un Davide Formolo que nunca llegó a lo que se esperaba de él en las grandes vueltas y Fabio Aru se diluyó sin lograr triunfar en casa. De hecho, hace ya un lustro del último podio, cuando Damiano Caruso fue segundo por detrás de Egan Bernal.
Y en la juventud ha encontrado Italia su esperanza. Pellizzari fue sexto el año pasado tras desatarse solo después de la retirada de Roglic. Repitió puesto en la Vuelta, donde además se llevó una etapa. Y en este 2026 ha dado un paso al frente. Fue tercero en Tirreno y se ha impuesto con autoridad en el reciente Tour de los Alpes. Suficiente para despertar a los tifosi. Parece complicado que pueda retar, a día de hoy, a Jonas Vingegaard, pero en 21 días pasan muchas cosas y el ciclista de Red Bull-Bora encabeza la lista de opositores preparados a aprovechar un error del danés.
Oficial: Seixas, al Tour
En julio llegará el Tour. Paul Seixas, la sensación ciclista del año, ha desatado la ilusión en el Hexágono. Y no es para menos. Es quien más se ha acercado al sol, siguiendo la rueda de Pogacar tanto en Strade-Bianche como en la reciente Lieja-Bastoña-Lieja. Y aunque en ambas ocasiones se haya acabado quemando, se ha colocado ya en la élite ciclista, como alternativa al astro esloveno.
Y parece que, por fin, el Estado francés ha encontrado esa pieza que necesitaba para volver. Jalabert nunca pudo con la carrera de casa, lo mismo se puede decir de Moreau; Leblanc y Virenque lograron buenos puestos, pero carecieron de capacidad para imponerse; Peraud fue segundo en 2014, pero sin inquietar a Nibali; Bardet pisó dos veces el podio de París; y en los años posteriores la presión cayó primero sobre Thibaut Pinot y después sobre David Gaudu.
El primero ha sido una leyenda del ciclismo francés. Para el recuerdo aquella Grande Boucle del 2019, cuando era el más fuerte en la montaña y parecía que, esta vez sí, era su año, hasta que una lesión le hizo bajarse de la bici a dos días del final. Quizá fue ese año en el que el ciclismo francés estuvo más cerca de llevarse el maillot amarillo a casa. Y es que, además del nivel de Pinot, Julian Alaphilippe se exhibió, vistiendo la prenda amarilla desde la tercera etapa hasta la 19ª, ganando la crono en Pau y siendo segundo en el Tourmalet, solo por detrás de Pinot, hasta reventar en el interminable Iseran.
Seixas ha confirmado este lunes que estará en el Tour de 2026 y lo ha hecho con un vídeo familiar que no ha hecho sino disparar más la ilusión sobre la perla francesa.
"J’ai quelque chose à vous annoncer…"
— DECATHLON CMA CGM TEAM (@decathloncmacgm) May 4, 2026
"I have something to tell you..."#DECATHLONCMACGMTEAM - @Decathlon @cmacgm @van_rysel pic.twitter.com/kcKzR4hBIo
Españoles, flamencos...
Los casos italianos y francés resultan llamativos y han podido encontrar la pieza para revertir la situación. Pero no son los únicos. Alberto Contador fue el último español en ganar la Vuelta y ya han pasado 12 años de aquello. Y no solo es algo que afecte a las grandes vueltas, también en los monumentos es un patrón que se está repitiendo.
En la próxima edición de París-Roubaix, en 2027, se cumplirán 30 años de la victoria de Frédéric Guesdon, último triunfo francés, también los flamencos sumarán 15 años sin triunfar en el Tour de Flandes (la última victoria belga, de Philippe Gilbert, cumplirá 10 años), y las últimas italianas en el Giro de Lombardia y Mián-San Remo harán 10 y 9 años, respectivamente. Ambas, a cargo de Nibali. En Lieja, el último valón fue el propio Gilbert, en 2011, mientras que Evenepoel, flamenco, se impuso en 2023.

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