La autodefensa feminista como respuesta a la impunidad
Durante las Jornadas sobre Autodefensa Feminista organizadas por la Universidad de Deusto, varias expertas y militantes feministas reflexionaron sobre el tema. En nombre de Feministes per l’Autodefensa, Andrea Pérez Fernández explicó cómo se desarrolla esta práctica en un contexto de impunidad.

En el contexto actual en el que la autodefensa feminista se intenta equiparar, desde algunos sectores, con las violencias machistas, activistas y expertas en la materia explicaron la semana pasada en Bilbo por qué es legítima y hablaron sobre su importancia y efectividad. En el marco de las III. Jornadas Universitarias de Autodefensa Feminista organizada por la Unidad de Igualdad de la Universidad de Deusto, Andrea Pérez Fernández ofreció la charla ‘Autodefensa feminista contra la cultura de la impunidad’, en nombre del grupo Feministes per l’Autodefensa.
Comenzó su intervención presentándose como miembro del grupo y subrayando que son una agrupación de feministas de diversas trayectorias y a las que separan diferentes visiones sobre varios temas, pero unidas en su posición en lo que respecta a la autodefensa feminista. Hace poco menos de dos años, se pusieron en contacto las unas con las otras con el fin de intervenir en este ámbito a través de la escritura y publicación de artículos, y es en esta tarea en la que se afanan en la actualidad.
Así, explicó, en nombre de Feministes per l’Autodefensa, los dos conceptos que ocupaban la cabecera de la charla: La autodefensa feminista y la cultura de la impunidad. Para describir la autodefensa feminista, citó a Maitena Monroy y expuso que se trata de un «cuestionamiento del lugar asignado, una toma de conciencia» para poder desarrollar, desde ese prisma, una «posición de autoridad» ante la violencia machista.
Invitó, así, a analizar las maneras en las que el patriarcado habita en cada cual y puso como ejemplo la idealización de la subordinación enmascarada en caballerosidad o la manera en la que construimos el deseo. Sin embargo, quiso matizar que la autodefensa feminista no es suficiente para parar la violencia machista, entre otras razones, porque habitualmente provoca una serie de reacciones que son, también, violentas en sí mismas.
Resumió la definición en una sola afirmación basada en las aportadas anteriormente, «conjunto de acciones desplegadas por quienes sufrimos cotidianamente las violencias machistas», que obedece a intereses prácticos, más centrados en la víctima, y estratégicos. Es en estos últimos en los que el grupo centra su actividad, con el objeto de que la sociedad en su conjunto repruebe la violencia machista en vez de entrar a juzgar las reacciones que el movimiento feminista o las víctimas dan cuando ocurre alguna agresión machista.
Respecto a la cultura de la impunidad, Pérez Fernández quiso subrayar que no tiene que ver con la cultura de la cancelación, que es, aseguró, «una teoría reaccionaria». Apoyó su tesis en el hecho sobradamente demostrado que es la infradenuncia. «Todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice», ya que, son más las ocasiones en las que denunciar públicamente una agresión o ejercer la autodefensa feminista supone un alto coste personal y profesional, entre otros, para la víctima, que las veces en las que pasa factura al agresor al que se señala.
Por ello, presentó la autodefensa feminista como un «mientras tanto», que busca evitar que sea la víctima la que se vea abocada al ostracismo para no coincidir en determinados espacios con quien la agrede, que es lo que suele pasar con mayor frecuencia. El grupo está convencido de que señalar las relaciones de poder y reaccionar puede ser transformador a nivel social.
Subrayó que el feminismo es, por naturaleza y definición, antipunitivista, y cuestiona el sistema judicial, que es «revictimizante y patriarcal». Sin embargo, también quiso dejar claro que desde el grupo del que forma parte no idealizan la autogestión colectiva, ya que no siempre es capaz de solucionar con solvencia las necesidades de la víctima a medio y largo plazo, debido a la falta de recursos con los que sí cuentan otro tipo de organismos y entidades.
Terminó la charla citando a dos reconocidas activistas feministas de Euskal Herria. Mencionó a Nerea Barjola, que explica en relación a la llamada cultura de la cancelación que el punitivismo funciona, sí, pero «contra nosotras, a través de demandas que no podemos pagar y de estrategias de aleccionamiento directo». De Jule Goikoetxea rescató la siguiente afirmación, que habla sobre la misma cuestión: «Aquí castigar, lo que se dice castigar en sentido estructural, castiga quien puede, no quien quiere».
Feministes per l'autodefensa
El grupo en nombre del que habló Pérez Fernández en calidad de representante ‘obligada’ por la incompatibilidad de horarios de sus compañeras se formó en Catalunya hace aproximadamente año y medio.
Comparten el espacio Ana Burgos, Natàlia Càmara, Milena Duch, Sofia Mateu, Manuela Pérez, Cristina Sans, Blanca Valdivia y la propia Pérez Fernández. Son, todas ellas, feministas que se diferencian por horizonte político y experiencia militante, así como por el bagaje teórico y práctico de cada una, lo que las obliga a consensuar todas sus intervenciones y no contemplan la figura de la portavoz, como tal, ya que pretenden huir de la «dinámica de hiperliderazgos e hipervisibilización» que se ha vuelto común, especialmente, en redes sociales.
Las une, eso sí, la preocupación por el auge de discursos que cuestionan las estrategias del movimiento feminista.

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