Ane Alava
Aktualitateko erredaktorea / Redactora de actualidad
Elkarrizketa
Eugenia Godoy
Directora del Instituto Nacional de Juventud de Uruguay y militante del MPP

«Algo que siempre traía Pepe es esto de garantizar un proyecto de vida para la juventud»

Eugenia Godoy es militante del MPP y actual directora del Instituto Nacional de la Juventud de Uruguay. Estudió Sociología para comprender mejor el mundo y trabaja con un horizonte claro: contribuir para que la juventud de todo el país tenga acceso a un proyecto de vida digno.

Eugenia Godoy visitó Euskal Herria a principios de marzo, esta es su segunda vez aquí pero afirma que no será la última
Eugenia Godoy visitó Euskal Herria a principios de marzo, esta es su segunda vez aquí pero afirma que no será la última (Iñigo Uriz | FOKU)

Eugenia Godoy tiene 24 años, es del barrio Colón de Montevideo y milita en el Movimiento de Participación Popular (MPP), la fuerza política vinculada al legado de Pepe Mujica. Proviene de una familia trabajadora profundamente arraigada al barrio: sus abuelos fueron feriantes y, como ella misma destaca, siempre tuvieron una fuerte inserción comunitaria, algo que marcó su forma de ver la política y el territorio.

Eligió estudiar Sociología -una carrera que avanza poco a poco debido a las responsabilidades militantes- para comprender el mundo y contribuir a transformarlo. No se imagina trabajando en la academia, tiene un horizonte claro: trabajar con jóvenes, especialmente en contextos de vulnerabilidad.

Su recorrido militante comenzó en el movimiento estudiantil durante los gobiernos del Frente Amplio (FA). Más adelante, en el contexto político previo a las elecciones de 2019, decidió dar el paso hacia la militancia partidaria, tanto en su territorio como en espacios juveniles del movimiento (Gurises MPP). Tras la victoria del FA en las elecciones de 2025 ocupa la responsabilidad de Directora del Instituto Nacional de Juventud del Uruguay (INJU). Hará ahora un año. 

¿Ser joven en un puesto tan importante cambia la forma en la que se toman las decisiones?

Yo creo que no necesariamente por ser joven cambia la perspectiva. Creo que tenemos que reconocer que muchas veces tenemos como prácticas instauradas. Pero sí, soy defensora de que haya jóvenes. Como organización también es así. Se hace una apuesta generacional para que haya personas que representen otras cosas. Quizás otra forma de interpretar a esta generación y poner sobre la mesa lo que piensa, lo que siente y como trabajar con ellos.

¿Qué aprendizajes de la militancia aplica hoy en la responsabilidad que ocupa?

Tenemos una frase «con razón y corazón» que identifica a toda nuestra organización en esto de razonar mucho y sentir mucho. Es una cuestión que todo el tiempo tenemos presente, no tenemos que enroscarnos en discusiones burocráticas institucionales y tenemos que tener todo el tiempo el termómetro de pensar en la gente. Creo que eso es algo como muy nuestro, esta concepción que todos los compañeros que están en cargos tienen que tener una pata en el territorio siempre, que es lo que hace que no se nos vaya el sur. 

El del FA es un proyecto que nace del pueblo. ¿Cómo se lleva a la institución?

Las contradicciones aparecen todo el tiempo y es un desafío permanente que no nos invadan o que no nos inmovilicen. Es un desafío administrar el estado, muchas veces no está diseñado para que las cosas salgan rápido, porque los recursos también son finitos… Hay que entender que las transformaciones muchas veces no se dan de un día para el otro y eso implica lidiar con muchas frustraciones. 

Después, todos los compañeros ponen toda la carne en la parrilla, todo el cuerpo, el cuero en la estaca; sin embargo, muchas veces suceden cosas que no están en los planes. Creo que también es muy permanente el vínculo con el pueblo, con la gente, para poder ir comunicando cuando las cosas no van saliendo de la mejor manera. 

¿Cuáles son los datos que más preocupan de la realidad de la juventud? 

Algo que siempre nos traía Pepe Mujica y que ha sido también horizonte desde que estamos en el INJU, es esto de garantizar que todos los jóvenes tengan un proyecto de vida. En Uruguay las dificultades más grandes que tienen los gurises y gurisas es, por un lado, la falta de empleo. El desempleo juvenil triplica la tasa general y sabemos que este termina estructurando toda la vida de las personas.

Otra gran dificultad está vinculada a la deserción del sistema educativo. El 50% de los adolescentes no culmina con el secundario. Y por último, aunque todo se relaciona entre sí porque no es algo que esté en una burbuja, está la salud mental. Las tasas altísimas de suicidio en Uruguay son muy alarmantes. 

¿Estos problemas son nuevos o responden a deudas históricas?

Responden a deudas históricas. El desempleo claramente, tiene que ver con la continuidad educativa también. Es una cuestión que se pasa de generación en generación. Muchas veces son gurisas y gurises que viven en contextos sumamente vulnerables, donde la pobreza se reproduce continuamente.

La salud mental no está aislada y no es algo que sea nuevo, pero creo que esta generación lo pone en palabras. Estamos en un mundo en el que nos acostumbramos al malestar permanente. Todos los días te levantás y hay una noticia de una guerra, de un genocidio, de una crisis económica, una pandemia, entonces como que el sentimiento de malestar hoy está muy latente. 

¿Qué tipo de políticas necesita la juventud?

En primer lugar, una cuestión muy básica, la distribución de la riqueza para, de alguna manera, ir eliminando las grandes brechas que existen. Tenemos un problema en cuanto a la desigualdad que lo que estructura todo. Luego políticas se necesitan de todo tipo: de vivienda, de trabajo, de salud… También dirigidas a las familias porque los jóvenes no salen de repollos. Generar una política de juventud no es solamente esto, poner la edad. 

En cuanto a empleo, hay un compromiso concreto de crear 2.000 puestos de trabajo para jóvenes y así acortar la tasa de desempleo. En todo lo que tiene que ver con salud mental, es ampliar la cobertura y crear nuevos dispositivos que atiendan en el territorio, no desde un enfoque sanitario y patologizante, sino comunitario. Y bueno, con lo que tiene que ver con continuidad educativa, más allá de una cuestión básica que es que la educación sea gratuita, es importante atender a lo que la rodea. 

Sucede, por ejemplo, que los gurises si no tienen que ponerse para ir al liceo termina desertando o si no tienen que comer. Muchas veces pensar en la continuidad educativa es garantizar que haya comedores en todas las escuelas, la extensión del tiempo pedagógico o una prestación por mes que garantice que los gurises puedan ir.

«Tenemos que estar alerta de que no nos suceda esto de que los jóvenes en nuestro país sientan que la política no sirve. Más allá de ser distintos, tampoco somos una isla»

¿Cómo valora la participación de la juventud hoy? 

Estamos en un escenario de desmovilización. Después de la pandemia intentamos convenceros de que los jóvenes se organizan de otra manera o están presentes a través de movimientos sociales, pero creo que no es así. Algunos sí, pero la realidad es que -algo muy característico de Uruguay- el principal lugar para que los jóvenes se movilicen y participen, es y sigue siendo a través de los partidos políticos. Tenemos una cultura de institucionalidad muy fuerte.

Tenemos la suerte en este sentido de que, si yo tuviera que decir cuál es la organización que más capitaliza jóvenes, no dudaría en decir lo es el MPP por su forma de hacer política y porque está presente en los territorios. Pero tenemos que estar alerta de que no nos suceda esto de que los jóvenes en nuestro país sientan que la política no sirve. Más allá de ser distintos, tampoco somos una isla y sí que se ve en la región un descreimiento hacia ella.

¿Qué mensaje diríasa quienes sienten que la política no les representa?

Creo que muchas veces es más fácil, y es consuelo del bobo, pensar que siempre las culpas las tienen otros. Me parece que no corresponde, y que tenemos que empezar por casa. Qué es lo que estamos -o no- haciendo para que se vean representados. En muchos casos pasa que si hay una persona que vive en la pobreza extrema, que no encuentra respuestas en ningún lado, tampoco en el estado, es válido que diga esto. Cuando disputamos lo electoral, estamos justamente para representar y somos nosotros los que tenemos que reflexionar sobre ello. 

Opino además que hay que hacer un trabajo pedagógico, pero siempre desde la escucha. Muchas veces lo que sucede en organizaciones políticas, es que los representantes se acercan pero desde la superioridad, que me parece que eso es como lo peor.

Ha pasado 1 año desde que Yamandú Orsi fuera investido presidente de Uruguay ¿Cómo describiría este año?

365 días intensos, pero con el compromiso intacto. Si tuviera que describirlo, hay un lema que usamos en la campaña y que sostuvo Orsi durante todo este tiempo, que fue «la revolución de las cosas simples». 

La revolución de las cosas simples que no significa minimizar o decir que estas sean menos importantes, sino cómo mediante cosas que a veces parecen simples o políticas concretas se transforma la vida de la gente. Quizás una política de salud concreta hace que muchas niñas puedan acceder a una operación que antes no podían.

Por otra parte, en el Uruguay el primer año se gestiona con el presupuesto del gobierno anterior, por lo que es un año bisagra y fue también de construir muchos consensos para poder aprobar el presupuesto actual, que fue aprobado con el mayor apoyo de la historia del país. Otra cuestión es que el programa del Frente Amplio se construye colectivamente, lo discuten todas las bases militantes y orienta al gobierno. Son 48 compromisos. 80% de estas medidas ya están en camino. Como  síntesis del primer año, es muchísimo.