Markel de Bilbao Catediano
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La resaca electoral y las dimisiones ponen a Starmer contra las cuerdas

La política británica atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el Brexit. Las dimisiones en cadena, la fractura en el laborismo y la presión sobre Keir Starmer abren un escenario de incertidumbre, mientras la UE y los mercados observan con inquietud la posible caída del primer ministro.

 Keir Starmer, en una reunión con representantes de distintos sectores de la sociedad en Downing Street.
Keir Starmer, en una reunión con representantes de distintos sectores de la sociedad en Downing Street. ( Hannah MCKAY | AFP)

El número 10 de Downing Street podría tener nuevo inquilino mucho antes de lo esperado. La crisis desencadenada en el Ejecutivo británico por los nefastos resultados cosechados por el Partido Laborista en las elecciones municipales celebradas la semana pasada en Inglaterra, puede terminar por cobrarse la cabeza del primer ministro, Keir Starmer. Al cierre de esta edición, eran ya al menos 82 los diputados laboristas los que habían expresado su negativa a la continuidad del actual premier, más de una quinta parte del total de 403 parlamentarios con los que cuenta el Partido Laborista en Westminster. De esta forma, no haría falta ninguno más –son 81 los requeridos– para que se active el mecanismo interno de primarias en la formación para elegir a un nuevo líder. 

No son pocas las figuras de peso que han retirado públicamente su apoyo a Starmer ni las que, yendo un paso más allá, han presentado sudimisión. La ministra para la Protección y la Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas en el Ministerio de Interior, Jess Phillips, abandonó el Gobierno criticando la falta de ambición y de resultados del Ejecutivo. En su carta de renuncia aseguró que «los hechos cuentan más que las palabras» y dejó entrever que Starmer no ha sabido impulsar el cambio prometido por los laboristas. 

Pocas horas antes también había dimitido Miatta Fahnbulleh, secretaria de Estado en el área de Vivienda y Comunidades. Fahnbulleh pidió directamente al primer ministro que establezca un calendario para una «transición ordenada» del liderazgo laborista, argumentando que el partido necesita recuperar la confianza del electorado tras las pérdidas masivas sufridas en Inglaterra, Gales y Escocia. En estas dos últimas naciones las fuerzas soberanistas lograron resultados históricos.

A ellas se sumó Alex Davies-Jones, ministra adjunta de Justicia y responsable de apoyo a víctimas de la violencia machista, que anunció igualmente su salida alegando que el Gobierno «necesitaba hacer mucho más» y que había perdido la confianza en la dirección política de Starmer. Además de estas tres dimisiones ministeriales, varios asesores y secretarios parlamentarios han dejado sus cargos durante los últimos días.

Analistas han interpretado  incluso algunas de estas dimisiones como una rebelión coordinada y planificada dentro del Partido Laborista, a la que, por ahora, Starmer parece resistirse. De hecho, el primer ministro cogió un poco de aire tras el respaldo obtenido de más de 100 diputados laboristas, que firmaron una declaración en la que, además de expresarle su apoyo, instan a sus compañeros a unirse y evitar una lucha por el liderazgo. «La semana pasada obtuvimos unos resultados electorales devastadoramente duros. Esto demuestra que nos espera una ardua tarea para recuperar la confianza del electorado», señala la declaración, citada por la agencia Press Association. «Esa tarea debe comenzar hoy mismo, con todos nosotros trabajando juntos para lograr el cambio que el país necesita. Debemos centrarnos en eso. No es momento para una contienda por el liderazgo», añade.

En esa misma línea, Starmer dejó claro que no quiere volver al «desgobierno» que las anteriores sucesiones de liderazgo británico han protagonizado. En los últimos diez años, desde que el referéndum del Brexit fue aprobado, Gran Bretaña ha tenido seis primeros ministros. Desde la salida de Boris Johnson y sus fiestas privadas donde el covid no parecía existir, hasta la lechuga que duró fresca más tiempo que Liz Truss en su despacho, la inestabilidad británica ha sido reflejo de la progresiva pérdida de influencia global que el que fuera el imperio comercial más expandido no parece asumir.

Han sido precisamente los mercados los que han hecho saber tanto a los británicos como al mundo lo que hay en juego tras la potencial sucesión de Starmer. A primera hora de la mañana de ayer, la deuda pública británica a 30 años escalaba hasta el 5,79%, su tipo de interés más alto desde 1998.

Movimientos internos

Frente al escenario de un eventual cambio en Downing Street, hay ya nombres que suenan con fuerza para sustituir a Starmer. Es el alcalde de Manchester, Andy Burnham, quien más fuerte suena para liderar una posible nueva etapa del Partido Laborista. Nunca ha ocultado sus intenciones de ocupar el lugar de Starmer, pero un paso previo es necesario para que su candidatura sea viable: debe disponer de un escaño en la Cámara de los Comunes, y no lo tiene. El propio Starmer utilizó sus poderes en el partido para frenar el intento de Burnham de convertirse en diputado el pasado febrero. Ahora, el premier parece dejar en manos del Comité Ejecutivo Nacional del partido la viabilidad de que Burnham pueda abandonar la Alcaldía y acceder al Parlamento.

Hay más aspirantes. Por la izquierda, aparecen los nombres cde Angela Rayner, antigua viceprimera ministra, y Ed Miliband, ministro de Energía. Por la derecha, suenan los titulares de Sanidad, Wes Streeting; Interior, Shabana Mahmood, y Exteriores, Yvette Cooper.

Aun así, la elección del nuevo líder, según los diputados contrarios a Starmer, no tendría lugar hasta el final del verano, cuando se celebran los congresos anuales.

Europa atenta

Fue el lunes, ya en plena vorágine de dimisiones y presiones, aunque sin verse todavía al borde del abismo, cuando Starmer dio un discurso tratando de subrayar la importancia de la estabilidad institucional y, por consiguiente, de su continuidad, pero, sobre todo, del pretendido acercamiento con la Unión Europea que su Ejecutivo estaba llevando adelante para situar a Gran Bretaña «en el corazón de Europa». Para responder a las proclamas e intenciones ultraderechistas del ganador de las elecciones municipales, el partido Reform UK de Nigel Farage, Starmer enfatizó su voluntad de tender puentes con Bruselas.

 

Nigel Farage, frente al Ayuntamiento de Havering un día después de las elecciones municipales. (Toby SHEPHEARD/AFP)

Ha sido durante los últimos meses, progresivamente y a medida que las encuestas reflejaban la frustración de los ciudadanos, cuando el primer ministro británico ha querido poner de manifiesto las negativas consecuencias del Brexit y el papel de Farage en su aprobación. «Necesito recordaros de nuevo lo que Farage decía sobre el Brexit», subrayó Starmer. «Aseguró que nos haría más ricos. Falso. Nos hizo más pobres. Dijo que reduciría la inmigración. Falso. Las cifras se han disparado. Dijo que nuestro país sería más seguro. Falso. Es más débil. Metió al Reino Unido en un lío del que luego escapó. Y ya no quiere hablar del que finalmente fue su gran logro político», denunció Starmer.

Aunque sin plantearse una reincorporación al mercado común de la UE ni reingresar en el espacio aduanero común, Starmer sabe que Europa y la UE juegan un papel fundamental en la política doméstica británica, y su acercamiento busca desligarse de corrientes aislacionistas y transaccionales que tanto éxito y prestigio internacional han reportado en algo más de un año al otro lado del Atlántico.

Durante la jornada de hoy, el rey británico Carlos III comparecerá en la Cámara de los Comunes para inaugurar la nueva legislatura y exponer los planes del Gobierno. Normalmente un mero discurso formalista, el de hoy puede dar alguna pista sobre el futuro a corto plazo que le espera a Gran Bretaña.

Señalado por compañeros de partido y ministros, pero respaldado por otros, el futuro de Starmer pende de un hilo que no parece aguantar más embestidas. Un séptimo primer ministro puede ver cómo la puerta de Downing Street se cierra tras de sí; todo depende de los laboristas y de la presión que ejerzan unos y otros.

 

Primarias
Al menos 82 diputados laboristas, más de una quinta parte, pidieron ayer públicamente la dimisión de Starmer. No haría falta ninguno más –se requieren 81– para que se pudiera activar el mecanismo interno de primarias del Partido Laborista.

Reacción
Tratando de responder a las proclamas e intenciones ultraderechistas del principal ganador de las elecciones municipales, Nigel Farage, y su partido, Reform UK, Starmer enfatizó su voluntad de tender puentes con Bruselas.

Inestabilidad
Será el resultado de la crisis en el seno del Partido Laborista la que decida si la balanza se decantará por la continuidad de Starmer o si, por el contrario, otra persona asumirá el liderazgo no solo del partido sino también del país.