Mariona Borrull
Periodista, especialista en crítica de cine / Kazetaria, zinema kritikan berezitua

‘Coward’ de Lukas Dhont: La cara B (de bélico) en Cannes

Muy ovacionada, reafirma el interés de la Competición por el campo de batalla. Acompaña la excelente clase magistral de Tilda Swinton y la segunda película de Quentin Dupieux este año.

El actor Valentin Campagne, el director Lukas Dhont y el actor Emmanuel Macchia, en Cannes.
El actor Valentin Campagne, el director Lukas Dhont y el actor Emmanuel Macchia, en Cannes. (Sameer Al-Doumy | AFP)

‘Coward’ de Lukas Dhont encuentra una sorprendente puerta abierta al deseo en las trincheras del Frente Oeste, durante la Gran Guerra. Su protagonista es un soldado belga de rasgos endurecidos y ansiedad permanente, Pierre (Emmanuel Macchia), a quien conocemos deslomándose en cuerpo y alma para el pelotón al que sirve, carreteando con suma dificultad cajas, obuses y los cadáveres de sus amigos por entre el fango.

Pierre tendrá un romance ingrávido con Francis (Valentin Campagne, un rostro suave), de una complicidad luminosa, aunque avanza sobre el campo minado por todas lo trágico y absurdo del campo de batalla. Puerta real a la esperanza, el dilema sobre una posible deserción en pareja, que en cualquier otra cinta sería el núcleo duro del conflicto, en la de Dhont sirve casi por excusa de cierre, como un apetitoso interrogante final. Quizás porque ya no busca impresionar a nadie, el cineasta prefiere dar tiempo y afecto a dos “soldaditos belgas” que lo necesitan con urgencia. ‘Coward’ es la menos explotativa (‘Girl’ lo era de forma evidente, ‘Close’ torturaba en clave sensible) y la más compleja de su prometedora carrera.

‘Coward’, además, sirve para destacar el interés de la Sección Oficial por los relatos al borde de la guerra: contando ‘A Man Of His Time’ de Emmanuel Marre, ‘Moulin’ de László Némes y ‘Fatherland’ de Paweł Pawlikowski, junto con ‘La bola negra’ de los Javis, suman hasta cinco films sobre los estragos al borde del campo de batalla; tantos como los hay en competición dirigidos por mujeres.

‘Le vertige’: Dupieux, Devaluado

Lamentamos la inocuidad y el allanamiento de quien años atrás fue la voz protestona, incomprensible y espitosa dentro del cine francés. El segundo yo de Mr. Oizo, Quentin Dupieux, estrenó fuera de concurso ‘Full Phil’, con Kristen Stewart y Woody Harrelson, y clausura la  Quincena de Cineastas con ‘Le vertige’, otro juego conceptual gallito y, en última instancia, del todo inocuo.

‘Le vertige’ es el fantasma blando de ‘Reality’, un calcetín al revés que acaba de cumplir los doce años y que fue en su momento un experimento surrealista incomprensible y deslenguado. Animada en un 3D digno de PlayStation antigua, la película sigue a un monigote con la cara de Alain Chabat mientras trata de probar a su amigo (con rasgos de Jonathan Cohen) que el mundo es, en realidad, una simulación.

Sin embargo, ‘Le vertige’ se interesa antes por cómo un hombre sin mucho brillo convence a otro de una idea absurda, y ya. Se trata de una imperdonable oportunidad perdida para proponer un (anti)ensayo sobre los sinsentidos de la posverdad, desde la fisura estética fea y desapegada del 3D.

Tilda Swinton se desapunta de la interpretación

La actriz no ha desaprovechado su descanso temporal del mundo delante las cámaras: acaba de comisariar ‘Ongoing’ una exposición en el Eye Filmmuseum de Ámsterdam y ayer anunció en primicia que anda preparando un documental sobre material inédito de su colaborador Derek Jarman. En la clase magistral que ofreció en Cannes, reflexionaba así sobre las alternativas a la interpretación que aún no ha tomado: “Comencé como escritora. Lamento profundamente haber sido aceptada en la universidad como escritora y haber tenido que parar, porque nunca volví a escribir”. En definitiva, “no me interesaba ser actriz”.

También defendió con vehemencia la vitalidad del cine –subrayando, «hecho por humanos»–, un arte que «siempre estuvo en movimiento. Es un medio experimental. No hay nada fijo en él. Cuando nos azotó el covid, todo el mundo decía que todo iba a morir. Cuando llegó el sonido, los estudios y los cines tuvieron que cerrar, fue una crisis absoluta y todo el mundo decía que el cine estaba muerto. Y luego llegó el color, y la televisión, y el video, los DVD y el streaming… ¡No pasa nada! El cine no se va a ninguna parte».